Hoy que fui a dar clase, mis alumnos no leyeron el encargo que tenían. Cuando pregunté por qué no lo habían hecho, las respuestas fueron variadas, algunos lo olvidaron, otros no habían tenido tiempo, alguno leyó un resumen y pocos, muy pocos, habían leído por lo menos unas páginas.
El texto no es de lo más fácil y entretenido para leer, pero es inteligente y fundamental para poder comprender la manera en que me gusta llevar la clase.
En ese texto se habla de emancipación intelectual, lo cual resulta muy contradictorio cuando tengo que terminar explicando su contenido frente a un grupo de personas que no tuvo a bien interesarse y leer para por sí mismas poder generar una opinión.
Un poco molesto pregunté qué tan ridículo sería para ellos que sus padres a estas alturas de la vida, ya universitaria, tuvieran que alimentarlos en la boca como si fueran personas incapacitadas paralizar dicha acción, les pareció gracioso, entonces por qué yo tendría que masticar el texto para ellos y plantear lo funcional de esa lectura para nuestra clase y la vida.
Platicamos largo rato, apelé a la ética y cuestioné la forma en que llevan su vida estudiantil para preguntar ¿qué tan difícil sería en su vida laboral quitarse los vicios de escolapio?, le pregunté al que hizo uso del resumen, ¿qué tan fácil es imaginar su futuro laboral haciendo uso de trampas para obtener una ventaja o trabajar menos?
Cada vez que preguntaba iba siendo menos gracioso todo y es que, apoco no, cuando somos estudiantes vamos por ahí pensando lo correctos que seremos cuando tengamos un trabajo, cambiaremos las cosas porque no seremos corruptos, nos levantaremos el cuello y nos llenaremos la boca con palabras inteligentes, seremos seres aptos y competentes.
Thommas Hirschhorn es un artista que se interesa por cuestiones políticas, es un tipo muy inteligente y estudioso, su obra puede considerarse fea y es hecha con materiales baratos, pues él dice que no importa la técnica, sino el esfuerzo, también le gusta preguntar ¿qué es lo que haces tú desde tu posición?
Hirschhorn gusta de mantener las diferencias entre personas para que no se anulen entre sí mismas, por ejemplo, cuando construía su pieza El museo precario de Albinet –un museo construido de manera temporal en un barrio de migrantes cerca de París– alguien lo increpó acerca de que él era un burgués, que no era como ellos; él dijo que era verdad, que él era un artista, que era diferente a ellos, que eso debe de quedar claro para que todo signifique y no se anulen los signos, que los estaba empleando para hacer una obra de arte y que si estaba ahí era porque la presencia daba valor a la obra y que como artista enfrentaba directamente los problemas de su construcción, no para mezclarse y para ser uno de ellos, sino para confrontarlos y resolver las diferencias para que ese sistema pudiera funcionar.
Así que ahora, lector, yo le pregunto qué tanto de lo que hace en su vida corresponde a lo que tendría que hacer y cada cuánto es usted de los que dice “si yo fuera” en lugar de “yo soy y hago”.

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Rubén gil se cree artista entre muchas otras cosas que le dicen, prefiere que le cuenten mentiras interesantes a verdades aburridas, tienen el alma DADA.