Espacio como signo de libertad

1498
Tanya Garcia

En la danza, el espacio surge como una interrogante ontológica y como interrogante con la que se juega de forma permanente a través del movimiento. Cuestionar qué es, nos lleva a su tratamiento filosófico; para Husserl, el espacio se entrelaza con el tiempo a través del movimiento del cuerpo humano –el espacio existe a partir de cuerpo y su movimiento– y se concreta en que el cuerpo está siempre –ahí, argumento que sostiene habitar el cuerpo y su dimensión temporal– espacial (Alarcón, 2015). Esta comprensión, se acerca a la diferenciación del espacio infinito y finito; el primero geométrico, homogéneo y descarnado, y el finito, heterogéneo y encarnado (encarnado en el sentido de que su percepción se deriva de la experiencia del “yo” sobre el mundo).

El segundo lugar para cuestionar el espacio es Rudolf Laban (iniciador de los estudios sobre las características intrínsecas del movimiento); Laban diferenció el espacio infinito y el inmediato, siendo ese último de su interés para investigar el movimiento en la danza. A partir del espacio inmediato funda el concepto de kinesfera, esfera espacial que rodea al sujeto y que puede ser alcanzado a través de sus extremidades. Laban elaboró un complejo corpus teórico/práctico para comprender y experimentar el espacio; sin embargo, partiremos de este concepto de kinesfera que será relacionado con el cubo, el octaedro y el icosaedro (sólidos platónicos), y estos, como metáforas de la formación dinámica de las formas expresivas del movimiento.

Específicamente, el icosaedro será el mejor para experimentar el espacio, pues es cercano a la esfera diseñada en el espacio con nuestras extremidades cuando se mueven en tres dimensiones espaciales: vertical, sagital y horizontal. Para Laban, a través de los puntos del icosaedro se pueden encontrar las posibilidades de movimiento, de un punto a otro punto a partir de las inclinaciones y extensiones; en este sentido, estos ejercicios espaciales permiten armonizar el sentido del espacio.

Para comprender esto, en donde te encuentres permanece inmóvil, adquiere consciencia de las infinitas posibilidades de movimiento de tu cuerpo en el sitio, ahora, extiende tus brazos de forma perpendicular al torso e imagina que tocas algo en cada extremo, ¿sientes la liberación de tus articulaciones? Es un breve indicio de la armonía del espacio de Laban. En la danza, esta experiencia del espacio se puede llevar a un territorio ontológico y vincularse con el espacio/libertad de Heidegger: el movimiento en la danza es una forma corporizada “puesta en obra en sitios y con ello una apertura de parajes que posibilitan el habitar humano, que posibilitan la permanencia de las cosas que lo circundan, que le conciernen” (1992, página 152).

Alarcón, M (2015). “La espacialidad del tiempo: temporalidad y corporalidad en danza”. Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, 37, paginas 113-147.

Heidegger, M (1992). “El arte y el espacio” (traducción Schultz, M). Revista de filosofía, 39, paginas 149-153.

Comentarios