Debido a nuestros traumas del pasado, de las décadas de 1980 y 1990, en México es dogma mantener el equilibrio macroeconómico a toda costa. Y por tal razón, el gobierno federal prefiere aplicar recortes presupuestales, subir impuestos, o aumentar productos como la gasolina, antes que echar mano de cualquier crédito o incurrir en déficit público. Esta política, si bien ha mantenido en orden las tasas de interés en los créditos bancarios, hipotecarios o automotrices, por citar algunos, también ha provocado que la economía se encuentre postrada, dentro de una inercia de bajo crecimiento que impide que los grupos más vulnerables de la población mejoren su nivel de vida. Quienes ganan menos, son los que pagan los platos al final. Ayer el gobernador de Hidalgo Francisco Olvera Ruiz declaró que el aumento al precio de la gasolina no es tan malo porque impide que haya más recortes al gasto público. Dijo que el aumento al precio de las gasolinas Magna (que ahora cuesta 13.96 pesos por litro; Premium, 14.81 pesos; y diesel, 13.98 pesos, no es tan grave y sería más costoso aplicar aún más recortes al presupuesto público. No obstante, empresarios ya anticiparon que estos aumentos tendrán consecuencias entre, por ejemplo, pequeños proveedores que surten a decenas de misceláneas. La Unión Industrial del Estado de México ya advirtió que productos como lácteos, pan, botanas y cárnicos tendrán un aumento de hasta 4 por ciento, lo cual se trasladará, inevitablemente, al bolsillo del consumidor final. Después de años de estabilidad macroeconómica, valdría la pena ponderar qué preferimos: ¿un entorno seguro aunque estrangulemos la inversión y el gasto? ¿O una economía que facilite los negocios? De filón. El candidato independiente de Tlanalapa se mantuvo en el poder y en breve será el primer alcalde sin partido en gobernar un municipio de la entidad. Veamos qué proyecto trae entre manos y si su éxito se convierte en un precedente para que lleguen al poder más aspirantes independientes.

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