La relación que se ha venido forjando entre Estados Unidos (la principal economía del mundo) y China (el mercado emergente de mayor tamaño e importancia) ha sido determinante en el rumbo de la economía mundial.

A mediados de 2018, el recelo con que Estados Unidos (EU) mira los avances científicos, tecnológicos, militares, monetarios, económicos y comerciales de la economía asiática, se plasmó en el inicio de la denominada “mayor guerra comercial en la histórica económica”, liderada por aquel país americano y China, pero con afectación mundial.

El comienzo de dicha guerra comercial se dio cuando la economía norteamericana aplicó aranceles a un importante número de productos de origen chino, los cuales involucraron 34 mil millones de dólares anuales. La respuesta de China no se hizo esperar y el Ministerio de Comercio de ese país respondió designando gravámenes a productos de los sectores automovilístico y agrícola principalmente.

Por años, ambas economías han adoptado ideologías divergentes, no obstante, sus propios procesos de crecimiento y desarrollo, aunados al actual sistema geopolítico mundial, las enmarca bajo un contexto que exige más que la competencia, la cooperación entre ambas naciones. La liberalización y la globalización han colocado a todas las economías en un punto de enérgica dependencia respecto al exterior. La economía mundial es un gran tejido de interconexiones comerciales, económicas, políticas, culturales, sociales, etcétera; las naciones dependen unas de las otras, ya sea en mayor o menor grado, en uno u otro sentido, por tanto, el conflicto comercial entre las principales potencias necesariamente ha repercutido en el desempeño del resto del mundo.

Desde el comienzo de la disputa comercial, ambos países expresaron su deseo de poner fin al conflicto, sin embargo, las amenazas y acciones en contra del adversario no pararon. Empero, el diálogo está fluyendo y ello se refleja en el optimismo de las bolsas de valores a nivel internacional, pues el pasado miércoles 9 de enero cerró una ronda de conversaciones comerciales que persiguen el objetivo de que las dos economías de mayor importancia lleguen por fin a un acuerdo comercial, el cual resultaría en un beneficio global.

En diciembre de 2018, los dirigentes de ambos países acordaron una tregua dentro de la llamada guerra comercial; el tiempo avanza y un acuerdo es menester. El presidente de la economía norteamericana declaró, tras las conversaciones comerciales de esta semana, que de no obtenerse un acuerdo comercial entre China y EU antes del 2 de marzo, la economía estadunidense aplicará aranceles hasta del 25 por ciento sobre productos de origen chino, cuyo valor se estima en 200 mil millones de dólares.

De no lograrse el tan ansiado acuerdo comercial, el riesgo de recesión económica se generaliza, tanto para países desarrollados como no desarrollados y en desarrollo. Los indicadores macroeconómicos de las dos mayores economías ya muestran signos de alerta, es decir, las acciones de la guerra comercial ya surtieron efectos, y si las economías más fuertes se han visto debilitadas, economías como la nuestra no se escapan de ello, ya que dependemos de forma importante de las transacciones de compraventa con los mercados externos.

El nuevo orden geopolítico se caracteriza por un marcado patrón en la composición de las balanzas de pagos: las economías desarrolladas exportan capital, tecnología y bienes de elevado valor agregado; a su vez, las economías, como la mexicana, maquilan, exportan productos con elevado contenido de mano de obra y también exportan grandes cantidades de recursos naturales.

Si la relación entre EU y China se ve caracterizada por el diálogo, el respeto, la cooperación y la negociación, indudablemente los demás países podrán gozar de mayor certidumbre para el desempeño de las actividades propias de sus economías (mercado bursátil, comercio exterior, flujos de capitales, política económica).

En fechas recientes se han reiniciado las negociaciones en materia comercial entre ambos países, y ojalá se logre un entendimiento bilateral que funde la cooperación comercial bilateral y que además permita avanzar a temas de enorme relevancia, tales como: el cuidado medioambiental, la paz mundial, así como la colaboración tecnológica, educativa y cultural. Los caminos son dos: una creciente disputa comercial que culmine en un conflicto bélico de magnitud internacional; o bien, un compromiso de respeto y colaboración mutuo. Cualquier camino que se elija trascenderá al resto del globo terráqueo.

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