Estados Unidos (EU) pierde capacidad de competir mediante eficiencia económica y la busca por la fuerza, militar y diplomática. El proteccionismo (sometiendo legalmente a la competencia o imponiendo elevados aranceles, como amenaza Washington) es en nuestros tiempos la guía económica de la administración Trump y exhibe debilidad; en cambio, China se erige en adalid del libre comercio, precisamente debido a una mayor confianza y seguridad en su capacidad competitiva. Paradójicamente, ahora la muralla china, comercial, está en occidente.
El gas licuado norteamericano, ni con su carta fuerte, el esquisto, puede competir con el gas de Rusia (primer exportador mundial y proveedor del 41 por ciento de las importaciones europeas); por ello Washington busca cerrar el paso a la construcción del gasoducto Nord Stream II, que a lo largo de mil 220 kilómetros, cruzando el mar Báltico, llegará hasta Alemania. Las mismas empresas europeas consideran altamente beneficiosa la sociedad con Rusia, y nociva la presión de EU. Lo curioso es que, ironías de la vida, recientemente este último país ha necesitado importar gas… de Rusia, ante la reciente ola de frío que le afectó. Las exportaciones de trigo rusas también se abren paso, a pesar de las sanciones aplicadas a través de la Unión Europea (UE), precisamente en el sector agrícola. En 2016, Rusia se convirtió en el primer exportador mundial de trigo (25 millones de toneladas, 14 por ciento más que en el año previo), desbancando a EU, pues en ese año obtuvo una cosecha récord de 119 millones de toneladas de cereales. Según estimaciones de especialistas, muy probablemente el año pasado habría ocupado de nuevo el primer lugar, con exportaciones por 40 millones de toneladas. En el mercado de armas, Rusia gana mayores espacios, incluso en países tradicionalmente aliados de EU: como en la venta de los sistemas antimisiles a Turquía, integrante de la OTAN, en las Filipinas y otras naciones. Calidad y bajos precios son arietes formidables.
Por su parte, China viene destacando en una amplia gama de productos de exportación y gana liderazgo mundial (por ejemplo en equipo de energía limpia y en trenes de alta velocidad); y busca abrirse paso a través de la Ruta de la Seda hacia los mercados de Medio Oriente y Europa, que EU pretende bloquear generando guerras y conflictos como los de Siria e Irán. La resistencia americana ante el empuje del gigante asiático no es inmotivada. Su déficit comercial con China aumenta en forma exorbitante: en 1991 era, en números redondos, de 13 mil 900 millones de dólares; en el 2000 creció a 91 mil millones; en 2010 subió a 291 mil millones, y para 2016 llegó a la estratosférica cifra de 365 mil millones. Los mexicanos hemos sido testigos directos de la aplicación de esa política, que busca defender con presión política lo que no puede ganar con eficiencia económica: recuérdese Dragon Mart y el tren de alta velocidad México-Querétaro.
Hoy EU se retrae del libre comercio y reniega de una doctrina que hasta hace muy poco defendía con gran denuedo. ¿Pero a qué obedece tal viraje? Si bien fenómenos como este son complejos y responden a varias causas, es claro que el proteccionismo norteamericano y su política comercial de bloqueo y sanciones se explica por un retroceso en su competitividad. De eso da cuenta el estudio de la Universidad de Michigan, Millenium Project (2008), en los siguientes términos: “Durante los últimos 40 años, el apoyo federal a la investigación y desarrollo en los Estados Unidos ha caído de alrededor de 2 por ciento a ligeramente menos de uno por ciento del PIB. Además, desde que casi 60 por ciento de la investigación y desarrollo federal es sobre problemas de la defensa, hoy el apoyo del gobierno federal a investigación no relacionada con la defensa ha caído a menos de 0.3 por ciento del PIB, muy por debajo de la inversión de muchas otras naciones […] Los Estados Unidos han empezado a perder su predominio global en áreas críticas de la ciencia y la innovación. La proporción de patentes industriales registradas por Estados Unidos ha caído en forma sostenida durante décadas y ahora representa el 52 por ciento. La caída en papers en Physical Review cayó a 29 por ciento, comparado con 61 por ciento en 1983. Europa y Asia están realizando grandes inversiones en física e investigación de ingeniería, mientras los Estados Unidos han estado obsesionados con investigación biomédica en detrimento de otras áreas de la ciencia”. Páginas adelante, el mismo estudio agrega: “Como resultado, se observan signos de que el liderazgo de los Estados Unidos en investigación en ingeniería, educación y práctica, y, consecuentemente, su capacidad de innovación tecnológica está declinando en relación con otras naciones”. Para completar el cuadro, datos del Banco Mundial (2015) muestran que la diferencia entre EU y China en el porcentaje del PIB asignado a investigación y desarrollo es de 2.7 por ciento contra 2 por ciento, respectivamente (y recordemos que en EU la mayor parte va al sector defensa), y que en ese rubro la superpotencia queda por abajo de otros países: Israel 4.2, Corea del Sur 4.2, Japón 3.2, Austria 3. China, viniendo desde el fondo, ha alcanzado y supera ya muy ligeramente, a la UE.
La lógica de esas tendencias es clara. Téngase en mente que el desarrollo tecnológico eleva la productividad, reduciendo así el tiempo de trabajo necesario para producir cada mercancía, y con ello su valor; esto, sin interferencias de monopolio u otras distorsiones, implica mayor capacidad de vender a precios más bajos, es decir, eleva la competitividad, la capacidad para conquistar mercados. Perder impulso en investigación conduce a una estructura de costos más adversa en relación con otros países: si uno se detiene, retrocede relativamente, pues los demás avanzan. Sabido es, además, que China es ya la primera fuente de inversión extranjera directa en toda África y lleva un gran impulso también en América Latina. Pues bien, esa es precisamente la batalla que EU está perdiendo, de ahí que apele a la estrategia de orientar su disminuida investigación a lo militar porque, dado que su mercado doméstico está saturado, por esa vía se abren otros en el mundo que no podrían conquistarse en buena lid.
Este cuadro revela que la superpotencia confió demasiado en su fuerza militar y en el poder del petrodólar como cimiento de su influencia comercial y económica en general, y si bien alcanzó un fuerte progreso científico-tecnológico durante un tiempo considerable, hoy este parece ir en declive, quedando cada día más como pilar el empleo de la fuerza, militar o diplomática. Así como la URSS perdió impulso, hoy lo pierde EU, lo que lleva a Washington a aplicar sanciones a diestra y siniestra, restricciones comerciales y elevados aranceles. Ciertamente, vale advertir que países como China tienen alguna ventaja en la diferencia salarial, pero en contrario, estadísticas recientes registran una sostenida tendencia hacia el aumento de salarios en ese país; o sea que el factor de competitividad se está desplazando hacia otros ámbitos, como el tecnológico. Finalmente, no olvidemos que el poderío político depende en gran medida del económico, y al desgastarse este último, EU busca resolver el desfase obligando al mundo cada vez más por la fuerza a comprar sus mercancías.

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