Padecemos un ambiente social convulsionado y contrastante, por un lado la violencia generada por una criminalidad que hace alarde de la impunidad, por otro, el incontrolable incremento de feminicidios, burlándose de la equidad de género; y la trayectoria de sangre marcada desde el 2 de octubre y 10 de junio, hasta la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, pasando por el caso Tlatlaya.
Al menos se permitió un espectáculo para las y los jóvenes de ayer y hoy, Roger Waters, cuya actuación fue de denuncia contra el candidato Trump, llamado peligroso, dado que representa el resurgimiento de las corrientes derechistas y antisociales, y abrirá las puertas de la irracionalidad en todo el orbe.
Por su parte, Agustín Carstens, el mismo que en febrero de 2008, siendo secretario de Hacienda, declaró en referencia a la desaceleración de la economía norteamericana que solo representaría un “catarrito”, pero vimos caer a menos 6 por ciento el PIB en 2009; en días pasados manifestó que si Trump llega a la presidencia de los EU, significaría para México un huracán, imagínese usted, si en 2008 no alcanzó a dimensionar el tamaño de la crisis de 2008-2009, pues ahora más nos vale que Trump no llegue a la máxima representación de las y los norteamericanos.
Mientras tanto el Banco de México, cuyo titular es Agustín Carstens, ya subió la tasa de interés referencial a 4.75 por ciento en un intento por contrarrestar las presiones inflacionarias ante una mayor volatilidad financiera, esto es que los capitales fluyan hacia otras economías buscando altos rendimientos.
Con un presupuesto recortado, donde las actividades fundamentales para dinamizar la economía nacional, como la educación, la salud, la inversión, la investigación y el desarrollo tecnológico, con una tasa de interés cuya tendencia creciente se intensificará, porque la reserva federal de los Estados Unidos (equivalente a su banco central) postergó un incremento de su tasa de interés, hasta después de las elecciones del 8 de noviembre, el tamaño del incremento dependerá de quién resulte ganador.
Ante las deficiencias de la globalización, como del incremento de la criminalidad en todas sus dimensiones en el planeta, las posturas a favor de volver a los aranceles, que significa el cierre económico de las fronteras, son parte de las disputas electorales, en los EU como en Europa, las políticas económicas están sujetas a revisión, el surgimiento de las corrientes políticas más conservadoras, dejan entrever una profundización de la recesión, es decir, pasar de bajas tasas de crecimiento, al riego de tasas negativas.
En el caso de México, debido al riesgo de que incremente su deuda, la calificadora Standar & Poors revisó la perspectiva de calificación de crédito negativa, dada la tendencia creciente de la deuda, puesto que la deuda gubernamental pasó de 28 por ciento del PIB en 2005, a 42 por ciento del PIB en agosto de este año; dadas las condiciones que prevalecen y la reducción de las posibilidades de que repunte la inversión, el Banco de México ajustó nuevamente la tasa de crecimiento del PIB para este 2016, del rango 2 por ciento a 2.5 por ciento a 1.75 por ciento cuando mucho a 2.5 por ciento, lo cual es poco probable porque la tasa de interés llegará por lo menos al 5 por ciento, ante los cambios de la tasa de interés que aplique la Fed, después del 8 de noviembre, despejada ya la incógnita de quién llegará a la presidencia de los EU.
Sea cual fueren los resultados de las elecciones en EU, México enfrenta una
situación de crisis que tiene que revertir, si bien la tasa de desocupación, según Inegi, es de 4.3 por ciento a nivel nacional, la tasa de empleo informal, que reporta la OIT, llega a 59 por ciento, la entidad con la tasa más baja de desocupación es Oaxaca, pero es el estado que más alta informalidad registra, ya que llega a 81 por ciento.
Hidalgo registra una desocupación de 3.6 por ciento, pero el empleo informal llega a 72 por ciento. Si el salario en México no garantiza una mejoría en el bienestar, la informalidad, sin prestaciones ni estabilidad, menos lo hará, por lo que al restringirse la inversión y la reducción presupuestal en educación como en I+D, denota una baja productividad y un mayor y peligroso malestar social. ¿No lo cree usted?

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