Recientemente publicaron las cifras del crecimiento del producto interno bruto (PIB), donde se puede observar que la economía está estancada con respecto al año anterior, dado que en el primer trimestre creció 1.2 por ciento, para caer a menos 0.8 tantos en el segundo y menos 0.4 en el tercer trimestre, por lo tanto no se registra crecimiento. Cabe señalar que los años de crisis económica fueron 1995 cuando el PIB cayó a menos 6.25 por ciento, y en 2009 disminuyó a 5.27.

Quince fueron las entidades federativas que registraron una caída en los dos primeros trimestres respecto al año anterior, en promedio el desplome fue del 2.42 por ciento, siendo Tabasco la que registra la mayor disminución, al caer a menos 10.3 puntos, Baja California Sur ocupa el segundo lugar al registrar una baja del 7.2 por ciento.

El panorama de menor crecimiento en el tercer trimestre de este 2019, se complementa con una disminución en la industria de menos 1.8 por ciento, y el de servicios con 0.0 crecimiento; sin embargo, el sector que registra un crecimiento del 5.3 por ciento son las actividades primarias.

Llama la atención que las actividades primarias, fundamentalmente las agrícolas, sean las únicas que registran un PIB positivo, cuando el 60 por ciento del territorio nacional está en zonas áridas y semiáridas, por lo que el 74 por ciento de la superficie agrícola se cultiva en terrenos de temporal, en consecuencia solo el 26 de la superficie cultivada cuenta con riego, el 55 de esta superficie de riego ha sido modernizada y por ende más productiva.

Esta situación es el mejor ejemplo de que el crecimiento del PIB no garantiza el desarrollo ni el bienestar social, según el análisis que realizó Funder en el periodo del 2006-2018 las grandes empresas agrícolas recibieron el 60 por ciento de los subsidios, mientras que el 40 restante se distribuyó entre los pequeños productores del campo, o sea el 80 por ciento de los campesinos.

Las entidades de Sonora, Baja California, Sinaloa, Jalisco y Chihuahua son las de mayor producción agrícola, estados donde se observa explotación y desigualdad, dado que un grupo de empresarios, aprovechando las condiciones de corrupción, incrementaron su influencia para obtener concesiones de agua indebidamente concentrándola para incrementar su productividad, mientras que mantienen a los jornaleros con extenuantes horarios de trabajo y con salarios, que no les alcanza para adquirir los productos de la canasta básica, además de las condiciones de inseguridad puesto que no se les otorga el equipo adecuado para el manejo de plaguicidas y el contacto con químicos.

En Sonora, los pequeños productores han tenido que vender sus tierras al quedarse sin concesiones de agua para sus cultivos; en Chihuahua, los rarámuris han tenido que abandonar también sus tierras y cultivos de autoconsumo ante la violencia criminal, desplazándose para trabajar como jornaleros.

A la par del incremento en el PIB agrícola, aumentaron las emisiones de bióxido de carbono impactando en el cambio climático, además del aumento de las descargas de aguas residuales, lo que significó un deterioro del capital natural equivalente al 6.5 por ciento del PIB, superior al 3.5.

La disponibilidad de alimentos cedió terreno a las importaciones, consecuencia por la baja inversión en investigación, desarrollo e innovación (I+D+I) lo que nos llevó a pasar de exportadores a importadores del 79 por ciento del arroz, 93 de oleaginosas, 58 de trigo, y 82 de maíz. Agréguele usted que el 61 por ciento de los campesinos viven en condiciones de pobreza.

En época de Felipe Calderón se declaró a la minería como de interés público y beneficio social, utilizándose para concesionar casi la mitad del territorio nacional, a las empresas transnacionales, canadienses principalmente, quienes han extraído oro, plata y otros minerales valiosos.

Para impulsar el crecimiento, reducir la desigualdad y la pobreza, se requiere una inversión equivalente al 25 por ciento del PIB, para crecer en 3.4, pero fundamentalmente en I+D+I, aplicar una política industrial que reduzca los componentes importados, integrando cadenas de valor con productores nacionales, pero sobre todo una intensa y acelerada transferencia tecnológica y de conocimientos hacia los pequeños productores del campo orientando los esfuerzos tecnológicos hacia metas de soberanía y seguridad alimentaria. De no hacerlo la economía y el país estarán en alto riesgo. ¿No lo cree usted?

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