El analista de seguridad Alejandro Hope escribió ayer en El Universal un artículo en el que destaca que la estrategia del actual gobierno federal contra el robo de combustible ha sido exitosa, pues de 81 mil barriles que fueron desviados en promedio en noviembre del año pasado, en febrero esa cifra se redujo a 8 mil, eso es una caída de 90 por ciento en tan solo tres meses. No obstante, Hope refiere que la caída en el robo de combustible no ha venido acompañada de una reducción en la violencia en aquellas regiones del país azotadas por la presencia de huachicoleros. Una investigación publicada por este diario los pasados 11 y 25 de febrero titulada “Hidalgo, tierra del huachicol” encontró una correlación entre el robo de hidrocarburo y el aumento de la violencia. Se detectó que de los 21 municipios que concentran el robo de combustible, en 18 de ellos creció la delincuencia en los últimos tres años. En algunos de ellos, por ejemplo, el crecimiento fue espectacular: Chapantongo y Cuautepec la incidencia delictiva aumentó casi 200 por ciento. Hablamos que en las regiones huachicoleras se fueron a las nubes el homicidio, el robo de vehículos e incluso las desapariciones de niñas, adolescentes y mujeres. El hallazgo de Hope es que, ni siquiera con la disminución del robo de combustible se ha reducido la incidencia de otros delitos colaterales. Frente a eso estamos ante una posible explicación: quienes se dedicaban a robar combustible, acostumbrados a una renta criminal, ahora buscan otras fuentes de financiamiento no precisamente lícitas. Si tal hipótesis es cierta, son muy malas noticias para nuestra entidad. De filón. Y ya que estamos en esos temas, sería muy interesante saber, con detalle, de qué hablaron el presidente de la junta de gobierno del Congreso de Hidalgo Ricardo Raúl Baptista González y el subsecretario
de Gobernación Zoé Robledo Aburto, quienes se encontraron en el viejo palacio de Covián para ver qué hacer frente al “severo desbordamiento de la delincuencia” en Hidalgo.

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