Ruth García Cordero

Parecía que sí… que México después de derrotar a Alemania y a Corea del Sur había (por fin) evolucionado. Nadie duda de la calidad de sus futbolistas, bueno… quizás un poco y no de todos; el talento lo tienen. Hablo de
la evolución de pensamiento, de haber superado las barreras mentales que le impedían derrotar a los rivales que parecían imposibles, de haber dejado atrás el “jugamos como nunca, pero perdimos como siempre”, la del “ya merito”. Finalmente, el quinto partido con el que tanto soñamos en nuestro país se fue esfumando poco a poco en los pies de Neymar y de Firmino.
Los aficionados volaron muy alto para caer estrepitosamente en la realidad del balompié nacional: de poco a nada sirve que los jugadores se encuentren en clubes de Europa si no juegan; de poco o nada sirve tener a uno de los “niños maravilla” de Rusia 2018 en la figura del Chucky Lozano si no se avanza y de absolutamente nada sirve quejarse ahora.
Como parte del proceso de “duelo” tras la eliminación llega la justificación: “es que era Brasil”, mejor línea por línea. Sus figuras son noticia mundial cada vez que respiran o se pintan el pelo, cada vez que firman un contrato o consiguen una novia modelo de revista, también cuando los roza el aire y se tiran al suelo (¿verdad, Neymar?) Pero entonces vemos a un equipo como Rusia rompiendo las quinielas echando a España, ¡ah! Pero es el anfitrión. Luego llega Japón con todo su honor y pone a temblar a uno de los equipos más regulares del torneo: Bélgica; vemos lo cerrado de los partidos entre Croacia y Dinamarca llegando también a los penales y a Colombia casi alcanzando la gloria sobre la hora para quedar eliminados en penales. Todos vendiendo cara la derrota. La pregunta es… ¿por qué México no es nunca protagonista de esos capítulos mundialistas de antología?, ¿de uno de esos que te hacen soñar y vibrar hasta el último segundo? A final de cuentas no es todo un cuento de hadas, pero el sabor agridulce de vender cara la derrota siempre será mejor que la amargura de perder sin haber opuesto resistencia. La valentía de haber encarado a Brasil de tú a tú no fue suficiente.
Osorio se arriesgó, pero esta vez no alcanzó para mermar la estrategia de Tite, quien había estudiado bien a los mexicanos. Aun cuando la posesión del balón fue para el conjunto azteca, el héroe esta vez fue Guillermo Ochoa quien se lució en la triste eliminación mexicana.
¿Será que se aprende de los errores?

@RUTH_GARCIA_

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