Primero fue la gasolina, una semana después el gobierno federal anunció incrementos a la energía eléctrica y al gas LP, y para armonizar la crisis, las empresas de transporte federal dieron a conocer aumentos a sus tarifas hacia los diferentes destinos nacionales. La Comisión Federal de Electricidad informó que en enero los precios para el sector industrial aumentaron entre 3.7 y 4.5 por ciento, para el comercial subieron hasta 3.5 por ciento y la tarifa de uso doméstico de alto consumo registró un alza de 2.6 por ciento. Por si fuera poco, el precio del gas LP en Hidalgo registró incrementos a partir del primero de enero, de tal forma que el cilindro de 20 kilos se vende hasta 45 pesos más caro con respecto al año pasado, mientras que el de 30 kilos creció 67 pesos. Esta es, pues, la punta del iceberg de un catastrófico 2017 en materia financiera, uno de los inicios de año más difíciles que se recuerden en la historia reciente de nuestro país. No es para menos la preocupación que permea en amplios sectores de la población, ya que México es uno de los tres países, junto con Guatemala y Venezuela, en donde más ha crecido la pobreza. El reciente informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) señala que en el país este flagelo avanzó de 51.6 por ciento de la población en 2012 a 53.2 por ciento en 2014, mientras que la indigencia creció 0.6 puntos porcentuales. De acuerdo con el documento Panorama social de América Latina 2015, en la región una hay caída o disminución de la pobreza, con excepción de México. Y es que para la Cepal este problema en territorio azteca es algo más estructural que coyuntural. ¿Esto qué quiere decir?, que programas de transferencias como Prospera no logran compensar la caída de ingresos de los pobres e indigentes. Por ello urge explorar nuevas fuentes y mecanismos fiscales de financiamiento que hagan sostenible la política social. Sin duda las medidas económicas implementadas por el peñismo van en sentido contrario a las necesidades del grueso de la población. Y es que como afirma nuestro columnista Roberto Morales Estrella, la cascada de precios traerá menos poder adquisitivo y contracción de la inversión nacional. En resumen, la resistencia civil parece que llega tarde. La organización ciudadana no termina de cuajar, pero loable son los esfuerzos de quienes encabezan los movimientos contra el gasolinazo, fuente de la actual calamidad financiera, solo habrá que replantear la estrategia de protesta sin afectar el libre tránsito de terceros. De filón. Seguimos en espera de que las autoridades regresen de vacaciones para conocer su postura acerca de la coyuntura que preocupa, y en serio, a los hidalguenses.

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