Aglaia G Salame Castro

La diabetes es una de las enfermedades crónico-degenerativas más notables del siglo XXI, tanto por su frecuencia como por sus costes económicos, siendo un reto para la salud en todo el mundo, de hecho en nuestro país su incremento es alarmante ya que figura entre las primeras causas de muerte para los mexicanos. Sin embargo existe otra epidemia mundial: el estrés, el cual según la Organización de las Naciones Unidas (ONU) es y será “la enfermedad del siglo XX” y, por si eso no fuera poco, la Organización Mundial de la Salud (OMS) identificó que para 2020 será el responsable de desencadenar enfermedades que tendrán los primeros lugares de causas de pérdida de años saludables de vida y muerte, como son enfermedades del corazón, depresión, accidentes, entre otras.

La diabetes se casa con el estrés desde el momento en que es diagnosticada; hasta ahora en ningún estudio publicado en la literatura médica se ha identificado que algún paciente se alegre con la noticia de que tiene una enfermedad crónico-degenerativa, como es ese padecimiento, así que la persona que vive con ella se vuelve potencialmente vulnerable a los estresores de las exigencias cotidianas como es levantarse temprano, tal vez subirse al Tuzobús o esperar que los resultados de las próximas elecciones no afecten su trabajo…

El problema de ese matrimonio es que genera un marcado malestar emocional en la persona que vive con diabetes y en los que la rodean, ya que ésta se vuelve irritable, muy parecido a los personajes que salen anunciando una marca de chocolate en la televisión, solo que aquí el remedio no es comérselo; también pueden presentar dolores de cabeza y espalda, dificultad para concentrarse y hasta crisis de ansiedad, lo que puede resultar en el deterioro de su productividad laboral y de sus relaciones interpersonales.

Lo que convierte al estrés en un mal marido es que genera la elevación de glucosa en el organismo, situación que no es en lo absoluto conveniente para las personas con diabetes. Resulta que cuando una persona (con o sin diabetes) se estresa, por ejemplo cuando parecía que los Rayados podían ganar el campeonato, el cuerpo segrega diferentes sustancias llamadas hormonas, que hacen que el cuerpo se prepare para huir o atacar. Esa reacción era extraordinaria en la época en la que el ser humano convivía con seres salvajes, sin embargo en la actualidad sigue funcionando para nuestra sobrevivencia, como cuando una rata de dos patas se atraviesa en nuestro camino o un conductor distraído con el celular se pasa el alto; total, el cuerpo humano segrega esas sustancias que hacen que el cuerpo aumente un combustible rápido: la glucosa. En una persona sana ese aumento de glucosa es momentáneo y en poco tiempo vuelve a la normalidad, en cambio en las personas que viven con diabetes eso es peligroso, porque ellos ya tienen un nivel de glucosa elevado en sangre y con el estrés éste se eleva más, pudiendo acelerar la presencia de complicaciones.

Tanto la diabetes como el estrés son tratables y no, no es posible su divorcio, más sí la mejora de su relación, ya que el estrés siempre estará presente en la vida de la humanidad, lo que importa es que sea un estrés positivo y no uno negativo. ¿Qué, qué?, ¿estrés positivo?, ¿existe? Sí, sí existe y se llama eustrés y vamos a vivir con él toda nuestra vida. Se presenta cuando vemos que gana nuestro equipo favorito de futbol, cuando hay descuentos en las tiendas que nos gustan o cuando le ganas el lugar de estacionamiento a otro auto, si no existiera ese tipo de estrés sería más fácil caer en un estado depresivo y de planicie emocional.

Del estrés que requerimos cuidarnos todos, tanto los pacientes con diabetes como los que no, es del estrés negativo llamado distrés, éste es el que se presenta ante cualquier evento frustrante, una mala relación en la familia, estar en un trabajo no deseado, ambientes con mucho ruido o problemas económicos, por mencionar solo algunos desencadenantes; el peligro aumenta cuando estos estresores se mantienen constantes en el individuo, porque eso genera que se enferme y su calidad de vida se deteriore, ahora si ya tiene una enfermedad de base, el pronóstico no es bueno.

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