Marisela Dzul Escamilla

México es un país que como el resto del mundo vive movimientos migratorios a lo largo y ancho de su territorio, a principios del siglo XX se observó en México una migración considerable de ciudadanos a Estados Unidos de América, la mayoría motivados por mejorar sus condiciones de vida.

Ese fenómeno social multifacético generó que mexicanos se movilizaran de sus lugares de origen, solos o con sus familias, dejando tras de sí sus recuerdos y seres queridos. Muchos migrantes mexicanos llegaron a Estados Unidos con documentos y/o permisos que les permitieron saberse migrantes legales, sin embargo, también hubo personas que lo hicieron sin documentos, generando el fenómeno social conocido como indocumentados, quienes poco a poco fueron transformando su cultura, incorporando en sus prácticas costumbres, leyes y pensamientos del lugar al que llegaron.

Los niños y jóvenes fueron más susceptibles de agregar esos cambios a sus formas de vida, reconociendo a ese entorno como propio, sin dejar de saberse ilegal, ya que la misma convivencia diaria les recordaba que no eran originarios ni ciudadanos legales, e inclusive tienen presente que viven en un mundo ajeno y con un idioma diferente al de su país.

Con el tiempo, la política Norteamericana fue endureciendo su postura hacia los indocumentados, cerrando las posibilidades de que otros mexicanos ingresaran a ese país, se modificaron o crearon leyes como la propuesta legislativa nacional conocida como HR 4437, que tenía como objetivo criminalizar la inmigración indocumentada, clasificando como delincuentes tanto a los migrantes como a aquellas personas que los ayudaban a migrar.

Esas situaciones, entre otras, provocan el retorno de los migrantes de Estados Unidos a México en busca de su casa, familia y cobijo de su país.

El regreso de los migrantes de Estados Unidos a México, un tema relativamente nuevo, una realidad que vive la sociedad; familias completas vuelven tratando de reincorporarse a un contexto que dejaron hace tiempo y que ahora les resulta un tanto distante y desconocido, el retorno es complejo y difícil. Muchos jóvenes retornan con sus padres y se incorporan a la universidad, la reinserción de los estudiantes retornados de Estados Unidos a las universidades mexicanas evidencia diferencias en las conductas, desempeños, costumbres, incluso en la lengua que traen consigo, muchos de ellos experimentan angustia, insatisfacción, así como desconocimiento y desapego a la cultura.

Esas experiencias son factores que pueden incidir en el bajo aprovechamiento escolar, la deserción o la reprobación. Los procesos de acomodo dependen de muchos factores, tanto familiares como sociales y escolares, en el caso de las universidades, algunas crean programas que incorporan estrategias de adaptación, en tanto que otras no cuentan con programas de inclusión.

Percibir a los estudiantes retornados es una asignatura pendiente para algunas universidades mexicanas, quienes experimentan recientemente esa situación y en algunos casos la política de inclusión no tiene acciones relevantes o de impacto para apoyar a los estudiantes en su proceso de acoplamiento en las instituciones. Poco a poco mejorará la situación para los estudiantes retornados siendo visibles para las escuelas que los reciben.

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