Paradójicamente quienes están más preocupados por las precarias condiciones laborales en nuestro país no son los políticos mexicanos: son el presidente de Estados Unidos Donald Trump y el primer ministro de Canadá Justin Trudeau, quienes han recibido fuertes presiones de sus conciudadanos para que renegocien el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) debido a las abismales diferencias salariales que terminan perjudicando a sus propios mercados de trabajo. Frente al pleno del Senado de la República, Trudeau enfocó sus baterías para privilegiar el tema de los salarios. Sostuvo que la modernización del TLC debe fincarse en “normas laborales progresistas” que se traduzcan en mejores salarios y condiciones de trabajo. El mandatario canadiense dijo que el principal reto para los gobernantes es que la ciudadanía realmente se beneficie del crecimiento económico. Dijo que los líderes deben enfocar sus esfuerzos en robustecer la clase media y en aquellos que trabajan duramente para poder formar parte de ella. Es extraño escuchar en un primer ministro extranjero las palabras que quisiéramos escuchar de nuestros políticos, de nuestros representantes populares. Tanto Trudeau como Trump se ven presionados porque México incurre en “dumping” laboral, que no es otra cosa que competir en el TLC mediante la ventaja de tener salarios bajos. Esto quizá atraiga inversiones, pero a la larga causa malestar social y subdesarrollo. De esto ya se dieron cuenta nuestros vecinos del norte, cuyo mercado laboral se ha visto perjudicado. Así es de paradójica nuestra realidad nacional. De filón. Una denuncia pública hecha a través de este diario provocó que inspectores de la Secretaría de Movilidad y Transporte (Semot) vigilaran a los taxistas que se estacionan sobre bulevar Colosio y que, desde ya varios días, acosan a las transeúntes. Es la forma en que funciona nuestro sistema político.

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