Cuando se habla de la educación uno de los temas es la calidad, por ser una cuestión ideológica cambiante según los valores e intereses que suscriban las fuerzas sociales y educativas que la definan y propongan (Escudero, 2003:29). Las diversas concepciones acerca de lo que es la calidad son: 1) calidad como excelencia; 2) calidad como satisfacción de las necesidades y expectativas de los usuarios de un producto o servicio; 3) calidad como el grado en que se adecuan a ciertos estándares o criterios preestablecidos; 4) calidad como consistencia y perfeccionamiento de ciertos procesos para el logro de objetivos; 5) calidad como un marco o carta fundacional de ciertos derechos y deberes entre proveedores y usuarios de algo; 6) calidad como transformación de los sujetos e instituciones implicados y comprometidos en la provisión de bienes o servicios (Escudero, 2003: 24).
Cuando nos referimos a la calidad en la educación se identifica que ésta se integra al menos por las siguientes dimensiones: 1) relevancia, 2) pertinencia, 3) eficiencia, 4) eficacia, 5) suficiencia y 6) equidad, esta última considerada de gran importancia ya que un sistema educativo de calidad no puede ser inequitativo (INEE, 2015: 7).
En este marco, la educación como un servicio social y a la vez público ha de cumplir con ciertas responsabilidades y para ello en primer lugar la calidad ha de asumirse como un imperativo de justicia social en el que es indispensable: a) reconocer que la educación es un derecho humano garantizado en la Convención Internacional de los Derechos Humanos en su artículo 26 (UNESCO, 2015: 6) y en el artículo tercero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, reformado el 26 de febrero de 2013, en el que se establece que toda persona tiene derecho a recibir educación y que esa educación ha de ser de calidad buscando el máximo logro de los estudiantes, y b) la educación ha de evitar y erradicar cualquier tipo de discriminación, lo que supone que los Estados y gobiernos adopten medidas para garantizar a los miembros de los pueblos indígenas la posibilidad de adquirir una educación en todos los niveles, por lo menos en pie de igualdad con el resto de la comunidad nacional como lo estipula el Convenio 169 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) sobre pueblos indígenas y tribales independientes (UNESCO, 2015: 13), ratificado por nuestro país el 5 de septiembre de 1990.
En segundo lugar, se reconoce que la calidad está estrechamente vinculada a la evaluación que se realiza en el sistema educativo porque la evaluación es considerada uno de los medios privilegiados para incidir en la mejora de la calidad de la educación, por lo que no es de extrañarse que ocupe un lugar sumamente importante dentro de la política educativa vigente en nuestro país.
Para que la evaluación conduzca a la mejora de la calidad del sistema educativo y en particular a la mejora de la enseñanza y el aprendizaje de los niños y niñas que reciben la educación básica en México, ha de tener características como ser equitativa, democrática, tomar en consideración los contextos en que se desarrollan los procesos educativos, ser justa sobre la base de los derechos de las personas, reconocer, valorar y atender la diversidad, brindar información relevante y oportuna, detonar cambios positivos, entre otros (INEE, 2015).
En la realidad muchas de las características son olvidadas cuando nos referimos a la evaluación del aprendizaje de los estudiantes, en concreto a la evaluación de niños y niñas que pertenecen a contextos indígenas, especialmente cuando ésta se da a través de pruebas estandarizadas o también llamadas pruebas a gran escala que más que ser justas, respetar la diversidad y atender a los contextos y a las características de los estudiantes parecieran hacer todo lo contrario, acentuando las desigualdades sociales. Lo cual sugiere pensar y repensar la evaluación del aprendizaje en contextos indígenas a través de este tipo de pruebas para asegurar que realmente ésta conduzca a que los niños y niñas reciban una educación de calidad y lleguen el máximo logro de sus aprendizajes como lo establece el artículo tercero constitucional, independientemente de que vivan en contextos indígenas.
Como parte de esto se ponen en antecedente otros factores que junto a la evaluación del aprendizaje habría que atender para que realmente se hable de que se está en camino hacia la tan anhelada calidad en la educación.

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