La otra pandemia que aqueja al mundo, y a las mujeres en particular, es la violencia: violencia feminicida, violencia obstétrica, violencia intrafamiliar, violencia sexual, violencia institucional y laboral, pero la más nítida de que este mundo es patriarcal y ataja a las mujeres es la que se da en el ámbito de la participación política.

¿Cuáles son las políticas públicas para atender, para erradicar y sancionar tanta violencia contra las mujeres en este siglo XXI? La respuesta la dan las cifras: el fiscal general de México Alejandro Gertz informó a principios de este año 2020 que los feminicidios han aumentado 137 por ciento en los últimos cinco años. De 411 feminicidios registrados en 2015, para 2019 se incrementaron a mil seis feminicidios.

La organización no gubernamental México Evalúa informó en 2019 que los delitos sexuales de mujeres mayores de 18 años no son denunciados en un 99.7 por ciento (https://cnnespanol.cnn.com/2020/03/09/por-que-paran-las-mujeres-en-mexico-4-cifras-que-muestran-la-situacion-de-las-mujeres-en-el-pais/).

El informe de Violencia Política en México, de la consultoría Etelletk (2018), destacó que la reforma sobre paridad política de 2014 impactó en cuanto a violencia en razón de género: en las elecciones de 2018 se incrementó 276 por ciento, pues de representar 17 por ciento en 2017, en algunas contiendas electorales, un año después se registró en un 44 por ciento (https://www.excelsior.com.mx/nacional/sube-46-violencia-politica-crecen-agresiones-contra-mujeres/1309862).

Este panorama nos hace concluir que no hay políticas públicas eficaces, porque no hay sanciones y en esa misma medida crece la impunidad y se favorece la violencia política contra las mujeres en razón de género.

Lo triste de este escenario es que no es privativo de México sino del mundo. De aquí que es virtuoso y favorable que la Defensoría del Público y el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), en Argentina, hayan organizado un foro para compartir y divulgar experiencias sobre la violencia política en razón de género (https://defensadelpublico.gob.ar/experiencias-del-foro-para-erradicar-la-violencia-politica-por-razones-de-genero/).

En ese espacio vertieron experiencias y pensamientos sobre el tema, la propia titular de la defensoría del público argentino Miriam Lewin; Natalia Gherardi, de ELA; la antropóloga Rita Segato; la senadora nacional por la Pampa Norma Durango; la diputada nacional Gabriela Cerruti y la periodista Romina Manguel.

Dentro de lo común y diferenciado de la violencia por pertenecer a un género, destacaron las siguientes sentencias, que revelan el grado y nivel de aceptación cultural y política para que las mujeres participen: no estás preparada, no estás bien atendida, hasta adjetivos denostativos como borracha, tarada, rídicula, inútil, gata, sorda, fea, ignorante, gorda, flaca, esquelética, entre otros.

¿La razón de estas denostacionaes? “Nos quieren disciplinar o excluir para que volvamos a los roles tradicionales que establece para nosotras la sociedad patriarcal. Este fenómeno tiene la capacidad de minar la escena política argentina”, expresó la titular de la defensoría del público Lewin, quien además agregó “la participación no puede tener un costo tan alto. La violencia política por razones de género pretende disciplinarlas, recluirlas en los roles tradiciones y es tóxica para la construcción democrática”.

Para la diputada Gabriela Cerruti, presidenta de la comisión bicameral de promoción y seguimiento de la comunicación audiovisual, las tecnologías de las telecomunicaciones y la digitalización, expresó sobre este problema: “Creo que la violencia política contra las mujeres, desde los medios de comunicación, no se ejerce por igual contra todas las mujeres si no que se ejerce contra aquellas mujeres que desde diferentes lugares ponen en jaque al patriarcado”.

Rita Segato expresó que este fenómeno se da desde nuestra vulnerabilidad moral: “Hasta que el patriarcado no se desmorone, nuestra vulnerabilidad moral es visible cada día de la vida, en todas las situaciones, en todas las escenas. Pero sobre todo en la escena ampliada, que es la escena mediática. La sospecha moral sobre las intenciones de las mujeres es algo atávico y está en la larga historia de la especie, desde tiempos muy antiguos”.

Afirmación que checó puntualmente con el sentir de la periodista Romina Manguel quien expresó “Yo no tengo más ganas de poner el cuerpo. No tiene costo el ataque, el agravio. No creo que esto cambie en breve… esto es agotador, no le recomiendo la lucha ni siquiera a mis hijas, aunque me duela decirlo. El desgaste es enorme. Es difícil, quienes ejercen esta violencia no tienen costo. Son aplaudidos, parecen prestigiados, incluso. Siento que hoy me ganaron, ofrezco disculpas por la falta de optimismo”.

Este encuentro reveló mucho de lo que sabemos y vivimos pero plantearlo y revisibilizarlo es parte de las acciones de las mujeres para destejer este estado de cosas y minar ese patriarcado ancestral. Un buen ejercicio para replicar en tiempos del Covid-19 pero también de próximas elecciones y en la actual legislatura de la paridad.

[email protected]

Comentarios

Artículo anterior¿Cómo va la agenda política animalista, candidates?
Artículo siguienteEscapadita
Josefina Hernández Téllez
Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.