En los meses posteriores a las elecciones de julio se han realizado encuestas a instituciones, analistas económicos y expertos, con el fin de conocer sus proyecciones sobre los principales indicadores macroeconómicos del país para el siguiente año. Por ejemplo, Consensus Economics, de Inglaterra, y LatinFocus, de España, reportaron en consenso un pronóstico de crecimiento del producto interno bruto (PIB) para México de 2.2 por ciento; Emerging Markets Economic Data, de Hong Kong, Citibanamex y el Banco de México (Banxico) prevén un crecimiento de 2.1 por ciento, mientras que la tan conocida Encuesta Mensual de Expectativas Económicas del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) prevé un crecimiento de apenas 2 por ciento. En promedio, los pronósticos anteriores denotan una expectativa de crecimiento de 2.1 por ciento en México para el siguiente año, cifra muy similar a la que se espera cerremos el tan convulso 2018.

En julio pasado también el Fondo Monetario Internacional (FMI) redujo su expectativa de crecimiento para México en 2019, en un menos 0.3 por ciento; en ese momento, anunciaron que la razón de expectativas tan pesimistas eran “las tensiones comerciales y la prolongada incertidumbre que rodea la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y el programa de políticas del nuevo gobierno”.

En agosto, Banxico volvió a publicar su proyección oficial del crecimiento del PIB para México este año en menos 0.2 puntos porcentuales y en menos 0.4 puntos para 2019, manifestando que la previsión es resultado de que nuestro país “siga enfrentando un entorno complejo, en el que es posible que se observe un incremento en las tensiones comerciales a nivel mundial, mayores tasas de interés externas y un dólar fuerte, y escenarios de contagio provenientes de otras economías emergentes, lo cual puede conducir a que continúe observándose atonía en diversos componentes de la demanda privada y las exportaciones”, y en los factores internos destacó que “existe incertidumbre asociada al cambio de administración en el país y los retos de implementación de la agenda de política pública”.

Es importante matizar que las encuestas anteriores se realizaron previo a la cancelación del proyecto de Texcoco, parcialmente construido con valor de 13 mil millones de dólares, y del anuncio del senador Ricardo Monreal sobre la presentación de una iniciativa para cancelar el cobro de comisiones por parte de los bancos comerciales a los usuarios; ambos eventos, sumados a la alta volatilidad de los mercados financieros por la guerra comercial Estados Unidos-China, condujeron a una caída del principal índice de acciones de referencia de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) a su nivel más bajo en ocho años; a su vez, el peso mexicano tuvo esta semana el peor comportamiento entre los mercados emergentes en este mes.

Dentro de los factores externos que generan incertidumbre en México está el triunfo de Bolsonaro en Brasil y sus anuncios de privatizar empresas estatales, reformar su sistema de pensiones y reducir el déficit fiscal, agradando a los mercados que a raíz de ello registraron una importante entrada de capitales a Brasil, causando para México una salida de 214 millones de dólares en la última semana, presionando aún más el tipo de cambio y profundizando el déficit en cuenta corriente para nuestro país; los choques externos se agudizarán el próximo marzo, cuando se concrete el Brexit.

En los factores internos, ayer Banxico elevó la tasa de interés a 8 por ciento, en detrimento de la actividad económica; la administración siguiente ha prometido gastar menos y diferente, realizar nuevas inversiones, legislar para combatir la corrupción, capacitar a los jóvenes que no han sido incorporados a la educación superior, aumentar las pensiones a los adultos mayores y mejorar los salarios más precarios. Si no se merma más la confianza y no se reducen los ingresos, con las promesas anteriores deberíamos observar una mejora en el crecimiento económico; no obstante, ante el mejor de los escenarios, el próximo sexenio existirán retardos administrativos y de logística para iniciar el gasto, dificultando efectos positivos en los primeros trimestres del siguiente año, esta desaceleración se observa al inicio de sexenio, a causa de la inexperiencia de los funcionarios para hacer fluir los recursos hacia los distintos programas de gasto.

Mientras que la confianza del consumidor, es decir, de los no expertos, muestra un optimismo para la actividad económica del país, los analistas y expertos son más pesimistas.

Será de vital importancia que el nuevo gobierno concilie con el sector privado para impulsar un más rápido crecimiento, vía mayores inversiones, y para que esto ocurra, la clase empresarial nacional y extranjera necesita seguridad, respaldo y confianza para invertir nuevamente, proceso que es muy lento cuando lo anterior se rompe.

 

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