ÉDGAR CONTRERAS / AGENCIA REFORMA
Ciudad de México

Veinte años ya de La Máquina sin título, un equipo que tiene maldiciones más fuertes que la del sexto lugar, que nunca se ha coronado en torneos cortos y el cual ayer perdió la vida con un 0-0 global, otro agregado a la lista de tragedias.
El partido en el que el América selló su boleto como rival de Tigres en la semifinal culminó con dramatismo, con los azulcremas debutando al canterano Aldo Cruz ante las bajas.
De nada le sirvió a los Cementeros la posesión de balón en toda la serie, el enfrentar a un rival mermado por las lesiones y las expulsiones, o las cinco oportunidades en las que Felipe Mora ganó el balón tras un tiro de esquina y en las que siempre se topó con Agustín Marchesín, dos de ellas ayer en el estadio Azteca.
Sin drama no es Cruz Azul. En la compensación, el chileno Mora recibió la pelota en el área y en lugar de tocar atrás para Christian Giménez voló el balón de media vuelta, por eso sus lágrimas al final del partido, mientras sus compañeros, más acostumbrados a esos desenlaces, intentaban consolarlo.
Unos minutos finales en los que en una jugada a balón parado todos se incorporaron al ataque, incluido el portero Jesús Corona queriéndole jugar al Moy Muñoz.
Los Cementeros se toparon con un América que sacrificó el espectáculo por el resultado, que en casa jugó con línea de cinco e incluso así generó algunas opciones de gol, las más claras en un mano a mano que Oribe Peralta no pudo definir y en una barrida en la que le faltó calzar más grande para empujar el balón.
Mientras los Cementeros son especialistas en desgracias, Miguel Herrera lo es en clasificar al América a la semifinal, ayer, ante la mirada atónita de Paco Jémez que probablemente ya esté haciendo las maletas.
A los celestes no les quedó de otra que matar o morir en la última media hora, sacrificando a sus defensas y medios, arriesgándose a los contragolpes de Renato Ibarra o a aquel sprint que le costó a Samudio recaer de la pantorrilla derecha.
Al jugarle al kamikaze, los de Jémez cedieron más espacios y perdieron el control de balón.
El América avanzó por su mejor ubicación en el torneo, lo hizo con el reglamento en una mano y el rosario en la otra.
El conato de bronca al final del partido fue una anécdota más de Cruz Azul, que tuvo la mesa puesta contra un rival mermado, que soñó con ahuyentar a su principal fantasma y con un milagro, pero su historia ya no sabe de eso.

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