Octaviano García Robelo

Actualmente en México, dentro de la educación superior como estudiante insertarse en la universidad pública requiere cubrir una diversidad de requisitos como son pagar la cuota de inscripción, tener un promedio regular, asistir en tiempo y forma a alguna dependencia de la misma universidad para poder resolver una serie de exámenes psicométricos y de conocimientos específicos, hasta lograr conseguir un número de matrícula para poder iniciar los estudios universitarios tan deseados y cotizados, todo esto como el primer obstáculo para poder ingresar a la universidad con el fin de obtener un título.

Sin embargo, para los investigadores especialistas en el análisis de las trayectorias escolares les preocupa anticiparse para prevenir problemas que surgen una vez que los estudiantes universitarios inician sus estudios, de tal forma que se plantean una serie de preguntas centrales, ¿cuál es la trayectoria escolar, en términos de la historia de cada uno de los estudiantes desde que ingresan hasta su egreso? ¿Qué factores afectarán su trayectoria escolar? ¿Cómo prevenir los problemas que influyen en la trayectoria escolar de los estudiantes? Y en el caso de que algunos estudiantes ya se vean afectados con problemas, ¿cómo les puede ayudar la universidad?

Diversos investigadores como Tinto (1998) de Estados Unidos; McKenzie y Sweitzar de Australia (2000); Rembado y Fresan (2007); García y Barrón (2011) de México, han podido constatar que existe una diversidad de factores que por sí solos o en concomitancia, que ocurran múltiples factores al mismo tiempo, pueden afectar seriamente los trayectorias escolares de los estudiantes universitarios, que se pueden manifestar en formas de diversos problemas como son el bajo rendimiento, reprobación, ausentismo, interrupción, rezago y abandono, entre otros.

En México, se ha procurado implementar y fomentar diversos programas preventivos y de solución inmediata en cuanto surgen. Uno de esos programas vigentes son las tutorías que se brindan a los estudiantes, al asignarles un profesor que los guía, atienda, y oriente durante y para la culminación exitosa de sus estudios. No obstante, existe la necesidad de saber y conocer el impacto de esos programas, así como la forma en que se aplican y llevan a cabo, por lo que es indispensable que se lleve a cabo su evaluación, con la finalidad de revisar ¿cuál es el impacto de la tutoría en la trayectoria escolar de los estudiantes? ¿Qué y cómo se puede reforzar ese programa de tutorías? ¿Cómo atiende la diversificación de la tutoría en la universidad?

En otros intentos por asegurar el desarrollo y culminación de los estudios, algunas universidades han implementado oficinas con programas de atención psicopedagógica, donde se procura detectar a estudiantes a tiempo y se les atiende consecuentemente, ya sean especialistas, psicólogos, pedagogos y otros.

No obstante, todas esas y otras alternativas hasta el momento parecen no ser suficientes para mejorar las trayectorias escolares de los estudiantes universitarios, ya que los índices de eficiencia terminal son bajos, mismos que se ubican en un rango aproximado entre 50 o 60 por ciento, lo que hace un llamado a buscar más y nuevas alternativas preventivas y de solución.

Lo que se plantea en este artículo es la reflexión sobre qué se puede hacer desde los diferentes actores o participantes en cuanto al problema que enfrentan actualmente las universidades en cuanto la baja eficiencia terminal.

Ese es un problema complejo que no puede ser solucionado de una sola forma, tal como se ha visto al intentar solucionarlo mediante la implementación de programas de tutorías o de atención psicopedagógica, que solo lo resuelven parcialmente.

Ese es un problema por resolverse de forma conjunta, entre autoridades universitarias, investigadores, profesorado, alumnado, los mismos padres de familia; una solución que debe buscarse mediante metodologías y sustentos teóricos combinados y fortalecidos desde la ciencia con trabajo interdisciplinar.

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