Hace un par de semanas circuló en redes sociales la denuncia de una sobrecargo, Isabel Otero, de Interjet, por acoso sexual e intento de violación por parte de su capitán de vuelo, Daniel Vázquez. La nota (https://www.laquearde.org/2017/07/28/capitan-violador-interjet/) refiere un cuento kafkiano, tan real como inverosímil en este siglo XXI, porque según hoy es el tiempo de la “sensibilidad” social y la plataforma legal de los derechos de las mujeres. La historia, sin embargo, suena a cuento de horror, o no, porque de común hemos llegado a suponer que esto se debe a, ¿la “intolerancia”?, ¿la “invención”? o ¿la “locura”? de “ciertas”, o muchas mujeres.
Isabel Otero, sobrecargo de Interjet, en un video narra entre lágrimas por la impotencia y vulnerabilidad, cómo se dio y vivió este hecho. Una suma de detalles que han servido y sirvieron para descalificar su denuncia pero que le dieron fuerza para publicar y gritar la injusta respuesta de las autoridades correspondientes de esta línea aérea.
Todo inició después de un vuelo y una pernocta. Primero recibió insinuaciones que rechazó porque ella confesó estar en el final de una relación y se sentía triste y deprimida, pero además porque no pretendía iniciar ningún tipo de relación con el comandante de vuelo, Daniel Vázquez. La noche que pernoctaron después de su vuelo, los demás tripulantes se organizaron para ir a cenar, sin ánimo se sintió comprometida a acompañarles y sus dos colegas sobrecargos, Estefani y Karina, jugaron un papel de celestinas agresivas e irrespetuosas, al grado de que una de ellas, la titular, apoyó en su momento al capitán para solicitar la llave de la habitación de Isabel. La diferencia entre haber quedado en acoso y no en violación, es que ella puso la cadena de la puerta y el piloto Daniel Vázquez no pudo entrar pese a su esfuerzo intimidatorio para que le abriera.
Pese al miedo e indignación, Isabel Otero reclamó en la administración del hotel, ahí le informaron que fue su propia compañera y jefa de sobrecargos quien solicitó la llave de su habitación. Al compartir su decepción y dudas sobre denunciar o no el caso a su compañera sobrecargo, poco después la cuestionaron tanto ella como su jefa, lejos, muy lejos de solidarizarse.
Con todo y esta mala experiencia y luego de sopesarlo y pensarlo, Isabel se animó a denunciar formalmente meses después ante instancias correspondientes de Interjet y sindicato de sobrecargos, pero la respuesta por parte de estas autoridades fue la revictimización y terminó siendo humillada, desatendida y violentados sus derechos.
Este grave caso revela la nula conciencia y aplicación legal de los lineamientos y plataforma tejida en torno al reconocimiento de los derechos de las mujeres a una vida libre de violencia. El discurso está todavía lejos de la realidad. En hechos como este y otros se pone en juego la mentalidad ancestral que ubica a las mujeres públicas como tales en el sentido literal de la palabra: se cree que quienes se mueven hoy en ámbitos de trabajo o fuera del hogar están a disposición de cualquier mal parido que se cruce en su camino. Asume esta sociedad, todavía patriarcal, que si las mujeres no quieren este trato deberían estar en otro lugar, el espacio privado y quizá hasta con burka, como en algunos países donde la religión restringe la exhibición pública de las mujeres y se les obliga a usar esa especie de túnicas que solo deja ver los ojos.
Esta historia no es ficción, no es exageración, aunque ustedes no lo crean en los comentarios de Facebook una usuaria confirma: “Yo trabajé en Interjet 3 años y volé con ese tipo, efectivamente es un acosador y de personalidad violenta, a mí y a la sobrecargo mayor con la que iba en esa ocasión nos llamó al cuarto para ver si queríamos ir a dormir con él, después me reclamó xq se lo conté a la que entonces era su novia, pero si lo denuncias y necesitas q yo declare en su contra te apoyo xq no se vale que #interjet y sus directivos sigan siendo tan incompetentes (sic).”
Isabel Otero está sola en este caso como tantas y tantas mujeres que sufren violencia cotidiana, que son sometidas a fuerza de un pensamiento que, pese a lo que se diga, no trasciende. El cauce y resolución de esta denuncia revela cuánto nos falta hacer valer, entender y aplicar los derechos humanos de ser consideradas iguales, sujetas de voz, de justicia y de atención. Un tema para la reflexión pero también para la acción.

Rating: 4.0. From 1 vote.
Please wait...

Comentarios

SHARE
Artículo anteriorEPN provoca el desprecio y el repudio popular
Artículo siguienteCumple 34 años de vida institucional Preparatoria cuatro
Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.