Ser árbitro es una de las profesiones más ingratas del mundo. El encargado de dar justicia sobre el césped es ajusticiado por la opinión pública y la prensa especializada por sus errores y decisiones polémicas. En un juego tan primitivo e imperfecto como el balompié, el silbante no tiene permitido fallar.

Es curioso que, en el arbitraje del deporte más hermoso del planeta se haya normalizado primero la presencia de máquinas que de mujeres. La incursión de las juezas se ha dado de manera progresiva y procurando emitir un mensaje de inclusión. Los mensajes sexistas y misóginos se han mantenido a la orden del día, por lo que la UEFA ha decidido dar un golpe sobre la mesa.

La Supercopa de Europa, celebrada entre Liverpool y Chelsea, será recordada como la primera ocasión en que una tripleta arbitral se compuso únicamente por mujeres, lo cual no es poca cosa. Se trata de un juego de campeonato en la confederación más grande del mundo. Millones de espectadores alrededor del globo terráqueo vieron a Stephanie Frappart (central), Michelle O’Neill (asistente) y Manuela Nicolosi (asistente) vestir el uniforme fluorescente que las destacó como la autoridad en el terreno de juego.

La silbante francesa tuvo la atención de los capitanes Henderson y Azpiricueta al inicio de la justa. Anuló un gol a los Blues y después les concedió una pena máxima, ambas decisiones acertadas avaladas por el VAR. Al final, recibió junto a sus compañeras la medalla de reconocimiento y el elogio de una gran parte de la comunidad futbolística, incluyendo al siempre ecuánime Jürgen Klopp.

Frappart se ganó a pulso el lugar como jueza en el primer gran partido del año futbolístico. No solo fue la encargada de pitar la final del Mundial Femenil 2019 (el de mayor rating de la historia), sino que en abril de este año se convirtió en la primera mujer en arbitrar un partido de la Ligue uno de Francia. Sus acciones profesionales hablan por sí mismas.

México no es muy ajeno a esa práctica. Progresivamente se ha dado lugar a las asistentes de línea en partidos oficiales de Liga y Copa Mx. No obstante, Virginia Tovar prevalece como el único ejemplo de una silbante que haya participado en partidos de primera división varonil. Debutó en 2004 en un encuentro entre Celaya y América, pero se retiró cuatro años después debido a la falta de apoyo y una profunda discriminación.

Hay mucho camino que recorrer en la búsqueda de la paridad de género en el deporte. Mientras algunos países ya centran sus esfuerzos en el equilibrio salarial y laboral, otros más continuamos pugnando por erradicar la percepción machista de las canchas. El futbol no es más un deporte de hombres. Quizá nunca lo fue en realidad.

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