Impedir o estorbar de cualquier forma el uso de la vía y el espacio público, la libertad de tránsito o de acción de las personas, siempre que no exista permiso ni causa justificada para ello, para esos efectos se entenderá que existe causa justificada siempre que la obstrucción del uso de la vía pública, de la libertad de tránsito o de acción de las personas sea inevitable y necesaria y no constituya en sí misma un fin.

Los indigentes llegaron sin disimulo, primero por las mañanas con un huacal para apartar los lugares de estacionamiento en la calle, aceptaban cooperación voluntaria de los conductores hasta que decidieron fijar una cuota de 30 pesos a quien usara los lugares frente a mi casa. Eran dos hombres: uno de mediana edad, con bigote, gorra negra, chaleco y aspecto intimidante, a quien se le tenía que dar dinero por miedo a que rayara el coche o pinchara la llanta; el otro era un anciano de lentes, envejecido por la calle, encorvado, que arrastra los pies cuando camina, de piel cetrina y manos temblorosas. Cuando despareció el hombre de la gorra, el anciano comenzó a dormir en el alféizar del local comercial que está al lado de casa.

Usar el espacio público sin contar con la autorización que se requiera para ello.

El viejo ahora tiene otros amigos indigentes que guardan sus cobijas entre las ramas de los árboles y en la noche ocupan otros de los alféizares.

Arrojar, tirar o abandonar en el espacio público animales muertos, desechos, objetos o sustancias.

El viejo camina unas cuadras al hospital general en donde todos los días recibe comida gratuita del comedor comunitario, además le regalan ropa que usa hasta que la mugre es tal que prefiere tirar la ropa vieja en la banqueta para sustituirla. Su prenda vieja puede durar meses y nadie la levanta, pese a que todos los días el camión de la basura se estaciona a tan solo dos pasos de él.

Ingerir bebidas alcohólicas en lugares públicos no autorizados o consumir, ingerir, inhalar o aspirar estupefacientes, psicotrópicos, enervantes o sustancias tóxicas en lugares públicos, independientemente de los delitos en que se incurra por la posesión de los estupefacientes, psicotrópicos, enervantes o sustancias toxicas.

El viejo recibe la visita de otros indigentes, usan el alféizar y la jardinera que está enfrente como una sala de estar en donde pueden convivir y disfrutar todos los días de sus fiestas que inician a las siete de la mañana; algunos llevan cervezas, otros prenden cigarros de mariguana, una mujer lleva latas de atún y la fiesta comienza.

Orinar o defecar en los lugares públicos.

Durante las fiestas se orinan en los coches, contra la barda, en las casetas telefónicas, a media banqueta. A lo lejos se sabe que realizan esa acción porque el pantalón comienza a mancharse. Tras las fiestas, algunos prefieren quedarse en los demás alféizares de las otras ventanas, donde inevitablemente aparece una gran mierda.

Reñir con una o más personas.

Si se ponen muy borrachos, a veces se pelean, gritan, se empujan, se escupen, se insultan. A la mañana siguiente queda el rastro de gotas de sangre que van indicando la ruta que tomó el perdedor.

Tirar basura en lugares no autorizados.

Tras las fiestas dejan los vasos de unicel, las colillas de cigarro, las latas de cerveza y de atún en la calle. A veces avientan la basura hacia mi casa para que alguien la levante, a veces hacia la calle para que con el paso de los coches se mueva a otro lugar.—Quiero reportar a unos indigentes por (elegir aquí cualquiera de las faltas administrativas).

—¿Dónde?

—En la esquina de calle X y calle Z.

—¡Ya sé quiénes son!

—Si ya saben quiénes son, ¿por qué no hacen nada? Nos quejamos todos los días.

—Es que mire, estamos con las manos atadas. No podemos hacer mucho, el juez cívico se enoja si se los llevamos, ya sabe, como no pagan multa…

—¿Entonces no hay forma de que se vayan?

—Pues no, la verdad no, porque el juez cívico no los quiere.

—A ver, un día salimos de un restaurante con un vaso de bebida, no dimos ni dos pasos cuando ya estaba una patrulla pidiéndonos dinero.

—A la próxima anote las placas porque no le pueden pedir dinero.

—Señor, a lo que me refiero es que hay suficientes faltas continuas como para que hagan algo.

—Pues lo hacemos, pasamos y les decimos que ya le bajen…

—Eso no es hacer algo.

—Piénsele, un día tal vez se cansen y se vayan.

—Por favor señor, a estas personas les dan comida gratis, les dan dinero quienes temen por su coche, les regalan ropa, les recogen su basura… Nunca se van a ir. Mejor nos cuidamos todos los demás de cometer sus faltas administrativas, porque a nosotros, el juez cívico sí nos quiere ver.

—Para qué le digo que no…

Comentarios