“Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases”. Esta frase atribuida a Carlos Marx y Federico Engels, extraída del capítulo uno del Manifiesto del Partido Comunista (1847-1848), sigue siendo vigente para explicar las complejidades de nuestro tiempo.
Este documento es clave para comprender la propuesta marxista del método dialéctico arropado por las ciencias sociales. Asimismo, nos ayuda a analizar el desarrollo civilizatorio caracterizado por una serie de contradicciones sintetizadas en la lucha de clases que aborda el materialismo histórico.
La lucha permanente de las clases antagónicas, sin lugar a dudas, es una de las aportaciones más importantes de este manifiesto donde se asume que el enfrentamiento entre la burguesía y el proletariado ha sido la causa para tener una sociedad dividida en clases sociales. Al mismo tiempo, se identifica a esta contradicción como motor del desarrollo de las fuerzas productivas (tecnología) y la expansión del mercado mundial en detrimento de la clase obrera.
A pesar de que este documento fue publicado muchos años antes de la obra cumbre de Marx, El Capital, donde se realiza una crítica total al modo de producción capitalista, el manifiesto tiene la peculiaridad de sentar las bases de los principales preceptos que desarrolla a profundidad con posteridad, destacando la teoría del materialismo histórico, la lucha de cases, la revolución como fundamento de la contradicción y la esperanza para transitar a otra forma de organización social (socialismo-comunismo).

La vigencia del marxismo

Muchos movimientos sociales se han inspirado ideológicamente en el pensamiento marxista y no hay duda en afirmar que diversas protestas contemporáneas en el mundo están asociadas a esa forma de concebir el mundo. Aun cuando las condiciones históricas hayan cambiado de la época en que Marx revisó las contradicciones de clase, los principios generales del capitalismo siguen siendo vigentes.
El Manifiesto del Partido Comunista es de lectura obligada para todos los interesados en conocer las relaciones de poder que se establecen en el proceso de trabajo contemporáneo. Sin embargo, con el fin de evitar dogmatismos ideológicos, se debe ser cauto en hacer generalizaciones abusivas, como si el marxismo fuera una teoría o método infalible para comprender nuestro tiempo y proponer la solución a todas las contradicciones. La obra en comento atiende a una temporalidad y características propias de la época, por lo que no puede ser la razón absoluta para explicar los mecanismos de dominio del poder actual.
El capitalismo moderno ha sofisticado sus sistemas de dominio, que no solo se enfocan a la explotación del trabajo y la obtención de la plusvalía, sino que están anclados a engranajes multinivel que abarcan la cultura, la política, las emociones, la salud, la educación, etcétera, por lo que no es posible utilizar rígidamente un solo esquema de pensamiento para crear estrategias de emancipación.
A las nuevas generaciones nos toca reinterpretar al marxismo, leerlo sin los fanatismos de la ortodoxia intelectual sembradora de verdad, pero tampoco bajo el desencanto de los promotores de la globalización o los voceros del capital. Muchos dirán que Marx ha muerto, seguramente porque defienden un interés de clase, o porque tristemente también existen proletarios que todavía se miran en los ojos del amo. El marxismo será vigente mientras exista capitalismo, por eso hoy día ¡Marx vive!

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