El miedo es la nueva epidemia. De todo tenemos incertidumbre: del futuro, de salir a la calle, de perder nuestro precario trabajo. Lo único de lo que estamos seguros es que nada es seguro. ¿De qué nos sirve ser habitantes del siglo XXI, con todos los avances tecnológicos que ello implica; que nos acortan distancias y nos permiten tener información al instante, si no sabemos si regresaremos a casa tras nuestra jornada laboral? Y peor si eres mujer. Tienes que cargar con el viejo estigma del “sexo débil” tan propagado en nuestras sociedades. ¿Está cancelada, por ejemplo, la posibilidad de vivir sola porque ello implica estar en la indefensión? “Soy mujer, y me rehúso a vivir con miedo. No es justo, y no lo voy a hacer”. Tal es el grito de guerra de Alma Santillán en este Maldito Vicio, quien escribe
junto con Enid Carrillo y Elena B en esta
edición, fruto de la colaboración con
Esto no es un libro.

Enid Carrillo/ @enidbug

Una vez un hombre me amó. Dijo que sintió mi presencia una noche de marzo, que había imaginado mi voz antes de conocerme; que miró unos ojos en un sueño que después fueron los míos; que sintió a lo lejos la luz de un faro bengala que le pedía llegar hasta ella, que le escupía su luz al cielo para ser vista; que él la vio y emprendió un camino hacia ella.
Me dijo que cuando la vio sintió miedo por el confort que el calor de esa luz le regaló, que se sintió revelado y entendido, pero terriblemente expuesto y vulnerable, y que en ese momento comprendió la locura de la luz, el maniqueísmo de lo que no puede comprenderte sin lastimarte.
Ese hombre que me amó me dijo que así sería siempre conmigo, que antes de ser conocida, sería imaginada y que las cosas me fallarían si yo las buscaba porque era como ese faro bengala que debía esperar a que la luz llegara a quien pudiera mirarla sin asustarse.
Con los años, estas palabras cayeron sobre mí como un sortilegio que reta todo el tiempo a mi curiosidad por buscar y que reta a los demás a mirar allí donde hay cosas que después no podrán aguantar. Soy un faro bengala en una ciudad sin mar.

Clase de fotografía a través del tiempo

Elena B

Alguna vez imitamos el inexpresivo retrato, pero ahora no somos más el anverso de un reflejo, sino la expectativa de un perfeccionable instante congelado.
Aún me cabe la duda si los primeros alguna vez rieron, y si los actuales perseguimos lo que solo le pertenece a los demás: la veracidad de una sonrisa, la congruencia de la misma con las acciones del cuerpo, la puerta de entrada a una invitación no aceptada.

Miedo

Santillán/ @alma_santillan

Miedo, cinco letras que paralizan el alma y el cuerpo; una sensación que, si eres mujer, te habrá rozado la piel al salir de noche, sola, y que si eres hombre, te parezca un extremo al que pocas veces se llega en la realidad.
Miedo a un secuestro, a una violación, que me puede pasar a mí, a ti, a quien sea, por el simple y llano hecho de nacer mujer. Porque el sexo deja de ser una cuestión de placer para ser mera demostración de poder.
Miedo a estar sola, a salir sola, a pensar sola, a vivir sola, a morir sola. Porque sola puede pasarte lo inimaginable; acompañada te pones en manos de alguien que sí tiene con qué defenderte.
Es triste que en el imaginario colectivo mexicano la agresión contra una mujer, o cientos, o miles, siga siendo consecuencia de la “imprudencia”, la “inconsciencia”, la “falta de precaución”, la “ingenua aspiración” y hasta el “atrevimiento” por querer vivir en un país que no la coloque como víctima fácil por no haber nacido hombre.
Soy mujer, y me rehúso a vivir con miedo. No es justo, y no lo voy a hacer.

INVITACIÓN

 

 

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TUITIZA LOCA

#Agorafobia, miedo al #miedo, sentir que no puedes escapar de un lugar o situación y explotarás. Difícil de explicar
y entender. Lucha diaria.
@unimora83

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