Fatima Bint Abdur-Rahman, la Luminosa

773
Maria Elena Torres

“El Sol no pierde su belleza cuando lo cubren las nubes, del mismo modo tu belleza no se desvanece por cubrirse con el Hiyab”
Angelina Jolie

El vivir en un sistema patriarcal, es muy especial incluir a determinadas mujeres en la historiografía islámica de la edad media, por lo que claramente la particularidad de estas mujeres es algo que debemos reconocerles y aplaudirles. Son mujeres que ingresan al mundo de los hombres, aquel mundo que se considera restringido para ellas. En la era islámica, los ideales masculinos se dividen en seis categorías: profetas, guerreros, monarcas, santos y comerciantes. Aunque siempre se ha pensado que está escrita la virtud femenina que se acerca más al trabajo que hacen las mujeres, la de esposa y madre, también encontramos que las mujeres caen en una de las tres últimas categorías: sabios, santos y hombres de negocios.

Sin embargo, también hay mujeres sabias, creyentes, predicadoras, poetas, escritoras, místicas o doctoras.

Ergo, las mujeres autoras que han escrito obras importantes son aún más anormales y no se permite encontrar accidentalmente a ninguna jueza o misionera en la mezquita. Es decir, las mujeres nunca se relacionan con cargos públicos. “Pocas de las mujeres que aparecen en los repertorios están incluidas por sus méritos propios. En muchos casos responden a un pequeño dato aparecido en otra biografía –padre, marido o hijo– que el biógrafo, en su afán por incluir más personajes en su obra, ha hecho aparecer independientemente, aunque sin aportar otra información que la ya consignada.” (Aguilar 1997: 131-132; Avila 1989: 47).

La contribución de las mujeres a la protección del Hadith, o lo que se dice y hace atribuible al profeta, es muy importante. Los estudios de los textos de los hadices indican que la mayoría de los primeros compiladores se recibieron de mujeres que actuaron como remitentes directos. Ibn Hajar (Ibn Hajar) estudió a 53 mujeres diferentes, As-Sajawi obtuvo iyazas (permisos de enseñanza) de 68 mujeres, y As-Suyuti tuvo para su educación a más de 33 profesoras, lo que representa una cuarta parte de todos sus profesores.

En esta ocasión comentare de una mujer muy importante, que destacó en el siglo X, Fatima Bint Abdur-Rahman (Fatima Bint Abdur-Rahman) era conocido por su dedicación. Fátima fue nieta del compilador Abu Dawood (Sunan); Amat al-Wahid (Amat al-Wahid), nieta del distinguido jurista Muhammeri; Umm al-Fath Amat as-Salam, hija del juez Abu Bakr Ahmad; Jumuah bin Ahmad, cuyos cursos fueron recibidos por una audiencia respetada. Todos ellos jugaron un papel importante en su tiempo.

Su nacimiento fue en Meca, Arabia Saudita; se sitúa en una fecha incierta, que podemos deducir con los datos de que se dispone. Ella falleció después de 1194, con más de 80 años en Medina, Arabia Saudita, se puede pensar que nació antes de 1116. (Aguilar 1995: 21-22). Suponiendo que Fátima nació en 1114, su padre tendrá 52 años y su madre tendría un poco más de 15, sin embargo, en aquella época eso se veía como algo normal.

No hay noticias de la madre de Fátima, lo cual es muy triste. Incluso se piensa que pudo haber muerto durante el parto. Los hombres que cuentan historias de otros hombres no pueden ver sus historias, olvidaban la importancia de cada una de ellas en la historia. En cuanto a Fátima, incluso su nombre es incierto. Ibn al-Abbar la llamó Jadiya en Takmila, pero la llamó Fátima en Mu’yam. Tal confusión no es sorprendente, porque ciertas inestabilidades en los nombres femeninos no son infrecuentes, incluso para las princesas. En esta fluctuación, Fatima y Kadiga son los nombres más comunes.

Nuestra protagonista no tiene mucho tiempo para disfrutar de su padre, pues murió en la Batalla de Kudanda (1120), quien en ese momento luchó contra los cristianos en el distrito de Upper Mark. Abu ‘Ali dejó a su hija, o sea a Fatima para luchar, encomendándosela a su suegro, en ese momento Fátima estaba muy pequeña, apenas contaba con solo cinco años.

Fátima fue dada en matrimonio, a uno de los seguidores de su padre. Su nombre era ‘Abd Allah Ibn Burtuluh, quien tenía el legado de los libros del padre de Fátima, puesto que era su discípulo favorito, pero también lo dejó a su padre de Ibn Burtuluh y al sobrino de su suegro Ibn Sa’ada. En ese caso, su padre de Ibn Burtuluh también era discípulo de Abu Ali, pero nombró a Ibn Burtuluh. No se tiene conocimiento por qué lo hizo. No es sorprendente que Abu Ali arreglara el matrimonio antes de su muerte y el viaje de su hijo. En ese caso, el contrato matrimonial debería estar terminado antes de 1116, fecha en que Ibn Burtuluh salió de Murcia.

A su regreso, tuvieron dos hijos, sin embargo solo se ha podido reconocer uno, de nombre Abu Bakr (Abd al-Rahman) nació en 1152. El hecho es que cuando nació Abd al-Rahman, su padre tenía 62 años y su madre unos 36 años. Incluso se dice que a esa edad, Fátima ya era grande para concebir, en comparación a su madre, con tan solo 15 años.

Fátima heredó las cualidades de su padre y fue descrita como una mujer piadosa y ascética, sabía recitar el Corán y conocedora del hadiz. Tenía los atributos de las mujeres que actúan como modelos a seguir para otras mujeres porque son virtuosas, piadosas y honestas. Como se mencionó al inicio, era una mujer reconocida igualmente por sus talentos y conocimientos.

Fátima fue conocida como As Shahdah, la escritora, y recibió el honrado título de Musnida Asfahan (la gran autoridad en hadith de Isfahan). Fundó un centro de espiritualidad que su esposo donó generosamente. Sus clases de Sahih al-Bujari eran atendidas por multitudinarias audiencias y muchos incluso clamaban falsamente haber sido sus discípulos.

La información que existe de ella, no proporciona muchos datos de su vida, sino que transmite un prototipo. Se tiene conocimiento de que tuvo una larga vida, su esposo fue 26 años mayor que ella, tuvieron dos hijos, se conoce poca información sobre un hijo. No se sabe si tuvo alguna hija o más hijos, porque, como también ya se mencionó, los hombres solo escribían sobre otros hombres, olvidándose de la importancia y aportes de las mujeres.

Si no fuera por su padre, esposo, hijo y, lo más importante, su nieto Abu Muhammad Abd Allah, los recuerdos se habrían olvidado y ella los pasaría directamente a Ibn Abbar. Quizás por eso no se cuenta con uno de los datos más escasos en la biografía de una gran mujer, la fecha de su muerte.

Es lamentable, que incluso para hablar un poco de su vida, se tenga que poner otros nombres, más continuamente que los de ella. Sin embargo, me alegra poder hablar de su vida y su trayectoria, puesto que es una admirable mujer que se ha consolidado, a través del tiempo, y que poco a poco está siendo reconocida.

“Llevo el Hiyab porque es un acto de adoración. Llevo el Hiyab porque es una protección contra la Fitna. Llevo el Hiyab porque las perlas siempre van protegidas”

Comentarios