La muerte cabalga por el territorio nacional acompañada de la impunidad y corrupción, frente a una falta de respuesta institucional sólida, tal situación marca la ruta hacia la aberrante sociedad distópica, ¿cómo y cuándo detenerla?

La pregunta nos la hacemos diario, con un nudo en la garganta ante el temor de ser víctima, queremos escuchar, no mejoras paliativas como la baja de los homicidios dolosos en 2.8 por ciento entre diciembre y enero, que en diciembre fueron 93 feminicidios y en enero 73; cuando los feminicidios marcan una tendencia escalofriantemente exponencial, de 415 en 2015, a casi 3 mil para enero del 2020, un incremento del 134 por ciento, aumentaron no solo en número sino en crueldad, las dantescas escenas de los crímenes evidencian el grado de descomposición mental de los agresores de las jovencitas y niñas.

Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), de los 3 mil casos de homicidios a mujeres, solo el 25 por ciento son investigados como feminicidios, representando la peor enfermedad social, que es el odio.

El periodista Enrique Galván Ochoa realizó un sondeo a mil 327 personas, de las cuales el 51 por ciento votaron por cadena perpetua, el 41 por ciento por la pena de muerte, el 4 por ciento por la reinserción y el otro 4 por ciento por otra, ¿usted piensa que pueden reinsertarse los que violaron y torturaron a la niña Fátima? Dudo que esas mentes, tan podridas, puedan tener un vestigio de sentimiento humano, por lo que es imposible su reinserción a la sociedad.

La especie humana entra a la etapa de la civilización cuando surge la familia, cuyo proceso de evolución pasa de la familia consanguínea a la familia monogámica, a través de diversos estadios históricos.

De lo que se deduce que la familia es célula básica de la sociedad humana, si desaparece la familia, desaparece la sociedad, siendo la mujer la clave de mantener cohesionada a la familia, sobre todo por la trascendencia del significado para los niños y niñas.

En consecuencia todo tipo de agresión a la mujer, principalmente a las niñas y a las jovencitas, debe ser considerada como crímenes de lesa humanidad. La historia de la mujer está escrita en su piel y en su mente, por todo tipo de daño que ha padecido, su historia es la historia de su dolor íntimo, que necesita gritarlo, reivindicando que lo personal de las mujeres es política también, como lo dice Brenda Navarro autora de Casas vacías, ¿por qué festejar el aumento de 60 a 65 años de cárcel como pena máxima? Es simplemente falta de justicia.

El 40 por ciento de la población económicamente activa son mujeres, su participación en el empleo formal incrementó del 33.6 por ciento en el 2000 al 36.6 por ciento en el 2016; el 51 por ciento de los trabajadores por cuenta propia en el sector informal son mujeres, el 31 por ciento de los puestos directivos lo ocupan ellas; las mujeres tienen mayores tasas de graduación en educación universitaria, pues alcanzan el 21 por ciento contra el 18 por ciento del hombre; a pesar de que les pagan menos, las mujeres destinan más del 70 por ciento de sus ingresos a la comunidad y a su familia, contra el 40 por ciento de los hombres. Las mujeres son indispensables en nuestra sociedad por donde quiera que se le vea.

Tener como elementos para contener los feminicidios, las violaciones y la pederastia a la moral es totalmente insuficiente, ¿acaso los sacerdotes pederastas, vociferantes de la moral, se detuvieron para cometer su crímenes? Ni la moral, ni las actuales estrategias de las fuerzas del orden son suficientes.

En la la película Omnisciente una ciudad tiene un sistema de vigilancia basado en drones, uno para cada ciudadano, para detectar cualquier tipo de infracción, con ello desterraron todo tipo de crimen, utópico claro; sobre todo dadas las condiciones de rezago tecnológico de nuestro México, que apenas llegamos a las incompetentes cámaras de video.

En nuestra realidad solo tenemos la legislación y las protestas fundamentadas, pero dentro de los legisladores y autoridades, hay todavía muchos misóginos; he ahí las necesarias protestas, gritos desesperados por justicia; a los feminicidas, violadores y pederastas, ni perdón, ni olvido. ¿no lo cree usted?

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