Este año se conmemora el centenario del fusilamiento del general revolucionario Felipe Ángeles, quien nació en Zacualtipán en 1868, cuando la región todavía pertenecía al Estado de México. El personaje ha sido estudiado por historiadores mexicanos y extranjeros en atención a la importante proyección que tuvo durante los sucesos de la primera década de la Revolución mexicana. Entre los documentos y estudios de Ángeles rescatamos algunos aspectos que enriquecen el conocimiento de este héroe mexicano.

Ángeles inició sus estudios básicos en su natal Zacualtipán; luego se trasladó a la capital de la joven entidad hidalguense y se incorporó al Instituto Literario y Escuela de Artes y Oficios (ILEAO) para continuar su formación educativa. Fue inscrito como alumno interno, según quedó asentado en el libro de matrículas 1869-1885, testimonio que forma parte del patrimonio histórico que resguarda el archivo general de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH). Luego continuó sus estudios en el Heroico Colegio Militar, en la Ciudad de México, donde fue reconocido por su cabalidad y su destacada capacidad como estudiante y luego como profesor. Ejerció una carrera brillante en el Ejército mexicano hasta que, ante la actitud del gobierno, decidió participar en las huestes revolucionarias, específicamente al lado del general revolucionario Pancho Villa.

Acusado de oponerse al gobierno, el ilustre revolucionario Felipe Ángeles Ramírez fue traicionado, aprehendido y luego sentenciado por el Consejo Extraordinario de Guerra a la pena capital el 26 de noviembre de 1919, en la ciudad de Chihuahua, por el delito de rebelión.

Sus restos fueron sepultados en Chihuahua y ahí permanecieron hasta noviembre de 1941; entonces, gracias a las gestiones de revolucionarios de su época, se realizó la exhumación de sus restos. Autoridades civiles y militares, y el pueblo de Chihuahua, le rindieron honores de desagravio y, al término del acto, se dispuso de un convoy militar que llegaría el 25 de noviembre al Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, donde se le tributaron guardias de honor. El día 26 de noviembre los restos del general llegaron por fin a la ciudad de Pachuca y ahí, en el teatro Bartolomé de Medina, por cierto ahora desaparecido, las autoridades estatales, encabezadas por el gobernador de la entidad, le tributaron un justo homenaje y la Legislatura local declaró a Felipe Ángeles como Hijo Predilecto del Estado de Hidalgo y lo condecoró post mortem con el rango al Mérito Revolucionario.

Por la tarde, sus cenizas fueron inhumadas en el panteón municipal de Pachuca, donde reposan en el mausoleo construido en su honor, el cual fue diseñado por el artista y profesor del Instituto Científico y Literario (ICL) Medardo Anaya Armas. Finalmente, el héroe volvía a su patria chica.

El mausoleo de Ángeles

Respecto de la tumba de Ángeles, el arquitecto y profesor de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) Continente Elizalde nos ofrece una interesante descripción: esta morada del general Felipe Ángeles, localizada al acceso del panteón municipal de Pachuca, posee una disposición simétrica en el sentido vertical que divide frontalmente el recinto escultórico. La base se compone al frente por tres suaves, pero firmes movimientos; en los laterales se adelantan dos ábacos de casi dos cuartos del total de la extensión, mientras que el centro es ocupado por la sustracción boleada de un tercio de la plancha horizontal más importante. Las tres curvaturas terminan en un marco de fuerza que jerarquiza el primero de tres cuerpos verticales, donde se leen el cargo y el nombre del héroe mexicano. A continuación y en el mismo sentido se aprecia al frente, en color, el escudo del H Colegio Militar. En los laterales, dos símbolos signados con sus fechas de nacimiento y muerte. Finalmente, en el tercer cuerpo se encuentra el busto del general Ángeles custodiado formalmente por el águila nacional.

La integración visual del monumento refleja la seriedad con la que llevó sus ideales de lealtad y protección a su patria. Quizás el reflejo de una infancia marcada por la pérdida del territorio con López de Santa Anna y las destacadas participaciones armadas de su padre durante los conflictos con los estadunidenses en 1847 y los franceses en 1862. Personalidad solemne y coincidente con la pulcritud de la cantera, posiblemente de Tezoantla. Sin más, una joya del último recinto de la ciudadanía pachuqueña.

El pensamiento de Felipe Ángeles

Las convicciones y los anhelos de Felipe de Jesús Ángeles Ramírez estuvieron fuertemente influidos por la educación que recibió de su padre, quien también fuera parte del Ejército federal. Con la agilidad mental del estratega nato, comprendió que la guerra era una disciplina que debería de estudiarse con el mismo celo que otra profesión, pero que un militar verdadero también estaba hecho de dignidad, compasión y lealtad; valores a los que debemos someternos todos.

El general Ángeles acompañó a Madero y a Villa en momentos definitorios de la Revolución mexicana; demostró su lado humano y empleó lo que se le conoce como la “desobediencia necesaria”, hecho que le permitió lograr el indulto de la pena de muerte de varios de sus enemigos capturados. En un pasaje de su relación con el general Francisco Villa, este le reclamó que había sido el único hombre que lo había contradicho y que todavía seguía vivo; hecho que demuestra la gran influencia que tenía el general Ángeles en la toma de decisiones del líder revolucionario, a quien, además de sugerirle la planificación de la guerra, también le propuso el uso del pensamiento estratégico.

A modo de ejemplo: “Oigo lo que me dice, mi general; pero considere que esos peligros menores desaparecerán en cuanto pase el gran peligro que Carranza representa. Aquellos jefes son como sombreros colgados de un perchero, que es Venustiano Carranza, y aconseja el buen uso de nuestros elementos no ir descolgando uno a uno los sombreros, mi general, sino quitar el perchero, para que de esa forma todos los dichos sombreros se caigan (citado por Salmerón, 2016)”.

Este estratega reiteró que conocer la guerra no significa estar a favor de encabezar todas las batallas posibles; según él, la mejor guerra es la que no se lleva a cabo y es mejor buscar que los adversarios se pongan de acuerdo antes de llegar al enfrentamiento.

Rescatar la vida de un personaje de la talla de Felipe Ángeles es colocar en su real dimensión histórica su legado y sus aportes a un momento histórico tan importante para la vida nacional, como el de la Revolución mexicana.

Al estudiar la vida de Felipe Ángeles y su relación con la milicia se revisan pasajes relacionados con ello. Pero también se analiza la vida social, económica y política del antiguo régimen y de la posrevolución, además de valorar su actuar en el contexto que le tocó vivir.

La visión de un acontecimiento social desde la mirada de uno de sus protagonistas sirve para colocarse en el observatorio de la historia general de una época, con el fin de recrearla y ayudar a comprender mejor sus motivaciones, sus razones y, en el caso de Ángeles, su obsesiva lealtad a la causa revolucionaria.

Concluimos este recuerdo del héroe revolucionario mexicano con un corrido compuesto en su honor y que está registrado en el libro Corridos de la revolución de don Celestino Herrera Frimont:

“La muerte del general Ángeles”

Señores, con atención
les diré lo que ha pasado
que agarraron prisionero
a un general afamado.

Ese dicho general
era un hombre muy valiente,
y como buen general
sabía dirigir a su gente.

De artillero comenzó
la carrera militar
y al poco tiempo llegó
a ser un gran general.

Anduvo por donde quiera,
nadie le pudo ganar
por Chihuahua y Ciudad Juárez
y San José del Parral.

Se fue para el extranjero
llegó hasta Nueva York,
y fue a visitar a Francia
demostrando su valor.

Luego se vino a su patria
para ver cómo arreglaba
de abandonar la carrera
e irse a la vida privada.

El gobierno comprendió
el mal que había de causar
por eso lo persiguió
para mandarlo fusilar.

Entonces Ángeles dijo:
mis planes han sorprendido,
pienso mejor retirarme
a los Estados Unidos.

Pero todo le fue inútil
lo que deseaba arreglar,
porque los perseguidores
ya no le dieron lugar.

En el Cerro de la Mora
le tocó su mala suerte;
lo agarraron prisionero
y lo sentenciaron a muerte.

Al estado de Chihuahua
lo condujo la Acordada,
todo se echó al olvido;
la sentencia estaba dada.

En el Teatro de los Héroes
el consejo se reunió
y allí, en presencia de todos,
la sentencia se firmó.

Hubo muchos defensores
que lo deseaban salvar,
suplicándole al gobierno
no lo fuera a fusilar.

El gobierno americano
y la esposa de Madero
pedían perdón y clemencia
para el hombre prisionero.

El gobierno contestó
los males que había causado,
la sentencia estaba dada
y debía ser fusilado.

Cuando el consejo de guerra
al prisionero pidió
Ángeles con obediencia
las órdenes respetó.

Le leyeron la sentencia
y Ángeles la respetó,
de allí, a presencia de todos,
con sus labios la besó.

Y de allí fue conducido
a la prisión militar
mientras que se llegaba
la hora de irlo a fusilar.

Luego que ya lo sacaron
para hacer la ejecución
al mirar brillar las armas
se le alegró el corazón.

Porque era un hombre valiente
y de valor verdadero,
deseaba mejor la muerte
que estar allí prisionero.

Cantando la golondrina
cuando estaba prisionero
se acordaba cuando Villa
le dio el cargo de artillero.

Porque era un hombre valiente
y de sin saber sin segundo
pues bien se podía decir
que no había otro en el mundo.

Yo no soy de los cobardes
que demuestran la tristeza
a los hombres como yo
no se les da en la cabeza.

El reloj marcaba la hora
de hacerle la ejecución,
preparen muy bien sus armas
apúntenme en el corazón.

Se acercaba la ejecución
se acerca la partida
denme permiso primero
de escribirle a mi familia.

Se le concedió el permiso
que nunca se le negó
y luego se puso a escribir
y así la noche pasó.

Cuando acabó de escribir
con la mano en el corazón,
les dijo allí a sus verdugos:
ya estoy en disposición.

Aquí está mi corazón
para que lo hagan pedazos
porque me sobra valor
para recibir balazos.

Ya con esta me despido
al pie de un verde granado,
aquí termina el corrido
de un general afamado.

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