Pachuca.- Es conocido y reconocido por sus clientes. Felipe Escalante García escucha el comentario, asiente en lo que parece solitaria sonrisa, y responde: “Es mi trabajo; de muchos años. Lo hago con el mejor de los gustos, aunque para algunos, los menos, no parezca”.

A los 71 años no vislumbra un retiro; la palabra no le gusta. Mejor cita: “Estaré aquí hasta tener fuerzas, y no veo hasta cuándo ocurra eso ni me inquieta”.

“¿Y abrir su propio establecimiento?”

No vacila al contestar: “Sabe, para todo hay tiempos y momentos, insisto, no, no creo que me retire. No está en mis pendientes”.

Don Felipe, como lo identifican sus clientes, legión numerosa, es responsable de la atención a un bar ubicado en el 911 sobre la calle Abasolo: La Barata. Su historia arranca en 1982 con Moisés García Matamoros al frente.

Felipe Escalante,LA BARATA

Alguien diría: espacio ni muy grande, pero tampoco en el que uno se ahogue.

Hay la proverbial barra que se alarga atrás, ocho metros. Cuando la instalaron tuvo que ser fraccionada; entera, no cabía. Botellas cuidadosamente alineadas atrás y el ruido, hasta eso no ensordecedor, de múltiples pláticas de asistentes. Hoy es día tranquilo, comenta un conocido. Y surge la pregunta: ¿Cómo será a plenitud? Porque esta noche abundan los parroquianos.

Y ayudan a don Felipe solícitos meseros. Parece la maquinaria de un reloj: todo en su lugar, a tiempo.

En un día cualquiera de septiembre se platica.

Se le anticipa, para no importunar: “Cuestión de minutos”.

Delgado, pelo blanco, por hoy con una playera en rojo discreto, asiente.

Felipe Escalante,LA BARATA

Se excusa segundos para resolver pequeño asunto; de hecho, así es la jornada que se inicia a las 11:30 para adquirir insumos propios del negocio y abrir, poquito antes de las tres, para acometer el servicio, así llegando a las 23 horas. Nada cómodo, ciertamente.

Don Felipe tiene una hija, Sonia, casada con Francisco, a quien define su principal colaborador. Hay tres nietos: Mariana, Andrés y Daniela.

Refiere algo de sus ayeres. No hay preguntas incómodas. Don Felipe concita simpatías, aunque afirman que tiene su carácter; lo tiene.

Solo priva una condición: sin fotos. No le gustan. Se acata la regla.

Comenzó, dice, en el bar Greenfield.

“Hacía la limpieza; era el chalán, pero quería aprender. Me gustaba. Luego, tras dos años pasé al bar de Los Baños.”

Y revela de memoria: “Largo trecho: de 1964 a fines de 1979. Trabajé con Florencio Ángeles Díaz. Seguramente usted conoció a su hermano: el Frutas, Enrique Ángeles. El dueño era don Ramón Hernández”.

También como encargado estuvo en la Nueva Estrella, de 1980 a 1989. Y surgió otra propuesta: “Me fui a los Tres Reyes, en la calle Morelos, de 1990 a 1999. Igual: encargado”.

Felipe Escalante,LA BARATA

El último escalón fue La Barata; desde fines de la década de 1990 a la fecha.

Algunos años atrás había un pequeño cartelón; visible la leyenda: “Una cantina a la altura de su personalidad”.

Acepta que a veces puede parecer irritable, pero ratifica: “Primero son los clientes”.

Da lugar a remembranzas: “Recuerdo otros negocios semejantes, los antiguos, respetables como este: El Regio, La Tapatía, La Estudiantina”.

Desde ese entonces hasta ahora, aquí, en donde es figura familiar, inconfundible, se le inquiere sobre nombres y la asistencia familiar de damitas.

Felipe Escalante,LA BARATA

“¿Nombres? Nunca acabaríamos, pero no podría dar a conocer ni uno solo; no me corresponde. O quizá, como excepciones, algunos muy identificados: Chemo (Anselmo) Estrada, Roberto Herrera. Conocí a don Daniel Campuzano; un excelente fotógrafo:

Cutberto Arreguín; Antonio Santos Mendoza (Inolvidable el Pony).

“De mujeres que vienen, sí, no es nada inusual. Impensable el acceso a menores. Priva, eso sí, póngalo, por favor, el respeto. Aquí no se ofende a nadie. Si alguien pudiera ofuscarse, perder un tanto el control, se le invita a que abandone el local. Al otro día, o cuando sea, llega nuevamente y no se le recuerda el incidente. Únicamente lo veo de frente, a los ojos, y le pregunto: ¿qué le vamos a servir?”

A lo largo de esa historia laboral se ha topado con algunos “mala copas”.

“No se les sirve.”

Él no consume; si acaso alguien le invita, con la mano en alto declina.

Lo de mayor demanda son las micheladas, quemadas (con ron blanco) o cervezas, pero hay otras que a petición del cliente también se pueden ofrecer, aunque no bebidas exóticas, pero sí, norma insalvable: lo que hay no es adulterado; nada. Todo derecho.

Felipe Escalante,LA BARATA

Es raro que falte. Quizá dos, tres, cinco ocasiones. Y por estar enfermo.

“Qué le digo –indica– este no es mi negocio, pero sí es mi vida.”
Pero Felipe Escalante García tiene aficiones.

“El futbol. Me simpatizaba el Necaxa, Electricistas, les decíamos. Y más adelante no fallaba al estadio Revolución; seguí, sigo, con los Tuzos.”

Del balompié desliza de los estelares: “En segunda división, Alerto Alvirde, al Capo (portero), Artemio Martínez, Mateo Bravo, Chueco Candia, Eduardo Corona, Carlos Miloc, jugador y después entrenador; uruguayo, mucho temple”.

Y conoce de beisbol… “vi mucho beisbol de la Liga Mexicana y mi equipo fueron los Diablos Rojos del México, siempre entre los primeros. No se me olvida un excelente jardinero, el Diablo Montoya; un cátcher, Paquín Estrada; y un pitcher, Ramón Arano; y otro más: Alberto Joachín”.

Confiesa que las veces que ha asistido a un cine se duerme, pero conoció, “de esas épocas”, el Reforma, Iracheta y el Alameda. Sus actores mexicanos favoritos fueron: Mario Moreno (Cantinflas), Pedro Infante y Jorge Negrete.

“Y en persona vi a Fernando Soto (Mantequilla), Joaquín García (Borolas), y otros más, en caravanas que llegaban a Pachuca.”

Felipe Escalante,LA BARATA

No es experto en política, pero el primero de julio pasado votó.

“¿Y por quién, don Felipe?”
“Dicen que el voto es secreto, ¿no?”
“Pues sí.”

Resume don Felipe: “Estoy satisfecho con lo que hago y no soy negrero con mis compañeros. Nos respetamos. Algunas veces me las vi duras, y aguanté. No me rendí.

Nunca fui fiestero”.

Acota, relámpago de buen humor: “No sé bailar… solo los ojos”.

Y otro no: “No se alburear; nunca aprendí y no me preocupa”.

“¿Cubilete?”
“Algo, algo, pero nunca amarré dados y sí vi hacerlo.”

Se inquieta. Crece la demanda de servicio. Enarca las cejas: mudo interrogante de “¿es todo?”
Por hoy sí, Felipe Escalante. Por hoy.

Felipe Escalante,LA BARATA

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