Quién no ha escuchado el enunciado que dice que para que este mundo funcione le hacen falta mentiras. No podríamos vivir escuchando verdades llanas, crudas. Nos hace falta escuchar verdades rebajadas con cierta dosis de ficción. Verdades a medias o mentiras piadosas, dirían algunos. El hecho es que en este mundo las mentiras, la ficción, funcionan como una especie de lubricante que permite que las cosas funcionen, que ciertas relaciones caminen, que los enfermos terminales no tengan un final espantoso, o que los políticos puedan seguir en sus cargos sin ser linchados o expulsados. Sobre esas falacias que hacen llevadera la vida, que nos permiten vivir una realidad sostenida sobre cimientos gelatinosos, es de lo que habla este Maldito Vicio, que esta edición reproduce la edición de enero de Esto no es un libro.

Felizmente casada
EJ Valdés

Salimos unas cuantas veces, pero yo no estaba segura de querer iniciar una relación ni con él ni con alguien más, así que un buen día le dije que era casada. Esto, antes que ahuyentarlo, intensificó su interés por mí. Terminé por ceder a sus encantos. Ya llevamos seis meses de amantes; seis meses en los que me he inventado una vida marital tan enredada e inconsistente que a veces me la creo. Incluso tuve que comprar una sortija de matrimonio, pues él insistía en que la usara cuando saliéramos. No negaré que estoy muy contenta, y eso me deja con una disyuntiva sobre lo que debo hacer para llevar lo nuestro un paso más adelante: ¿conservo mi matrimonio o le pongo fecha al divorcio?

La última noche
Enid Carrillo

“Todo va a estar bien”, le dije con la garganta apretada por el llanto. Volví a decirlo cuando pasé mi mano por su frente que sudaba de frío. Magda pareció creerme, cerró los ojos tratando de ignorar las mangueras que la tenían presa y el dolor que las agujas le provocaban en las manos. El peso de la mentira que acababa de decir me hizo caer rendida en el sillón que estaba junto a su cama; entonces lloré en silencio mientras veía la lucha que se desataba dentro de su pecho, la forma en que sus pulmones parecían querer romper la jaula de piel y costillas en la que se encontraban y escapar y ser libres, por fin. El dolor de los que quieres te duele a ti también, por eso necesitaba pronunciarlo, decírselo a ella y decírmelo a mí: que todo iba a estar bien… pero nada estaría bien desde entonces, ella nos faltaría y aquello sería insoportable. Mentí porque la quería, mentí y sabía que mentía,  pero por primera vez en la última de 13 noches que duró la agonía de mi amiga, esa vieja gruñona de alma deslumbrante pudo dormir tranquila y descansar, de una vez y para siempre.

Ladrón
Oscar Raúl Pérez Cabrera

Tras el abandono de su esposa, las cosas cambiaron radicalmente, hacerse cargo de los cuatro hijos, trabajar en dos lugares: las noches como velador y en las tardes como plomero.
El primer año fue complicado, a toda costa buscó continuar con su vida, y la época más difícil fue la del último mes del año, sin embargo pudo sacar adelante la cena de Navidad y la del Año Nuevo, aunque había aligerado la ausencia de Maricela, los hijos sintieron la pena de no poder abrazarla en aquellas fechas.
Las vacaciones de Carlos habían sido muy buenas, pero habían concluido antes del Día de Reyes y, con el trabajo, le había resultado casi imposible ver por los obsequios que los hijos buscarían al amanecer, bajo el árbol de Navidad…
Apurado, salió una hora antes del trabajo en donde era velador, ya una persona se había encargado y solo tenía que pasar y tomar los juguetes. Convertido en Rey Mago, el hombre se apresuró, desde el transporte colectivo miró con angustia como los primeros rayos del Sol iluminaban la carretera, los árboles, las casas…
Carlos llegó al amanecer, rápidamente se apresuró a sacar los regalos de la bolsa, en eso estaba cuando escuchó la voz del hijo mayor…
–¡Papá!– exclamó el pequeño, en tanto Carlos sintió que el mundo se le cayó encima, al borde de las lágrimas, estaba a punto de matar la ilusión de su pequeño hijo, así que solo volteó y antes de que pudiera decir algo fue interrumpido por el niño.
–¿Por qué te estás robando nuestros juguetes?– el cambio fue radical, sintió alivio y determinado contestó –Por qué se portaron mal y les trajeron muchos, así que los pensaba esconder, pero ya me viste, vente vamos a jugar…

Y si…
José Luis Dávila

Cuando, una tarde de enero, Carla Fernández se sentó en el sillón de su sala para pensar en lo que había pasado, entendió que nada podría volver a existir de la misma manera. Estaba completamente deshecha. Puso música. Todo le recordaba a él. ¿Por qué se lo había dicho? ¿Era realmente necesario? Y si lo hubiera ocultado toda la vida, ¿qué? Tendrían unos cuantos meses más de novios, decidirían la fecha de la boda, se casarían. Comprar una casa. Comprar un auto. Comprar un perro. O un gato. Mejor adoptarlos. Un perro y un gato que se lleven bien, como en los videos que suele subir su prima. Vendría el primer hijo. Compras de ropa. Biberones. Andadera. Una silla para el auto. El parto en el hospital, toda una odisea. Al final, luego de discutirlo por meses, un nombre de cada abuelo o abuela, dependiendo. Cuidarlo. Llevarlo con las familias, que lo vean, que lo toquen. Que digan que se parece a alguien. Que tiene los ojos de ella y la nariz de él. Risas. Noches en vela. Los primeros pasos. Decidir entre dejarlo en la guardería, con los abuelos o ya no trabajar y dedicarse al hogar. Tras dos o tres años, tener otro, quizá. Verlos crecer. Verse envejecer. No pueden evitar los problemas pero se puede lidiar con ellos. Ninguna pareja es completamente feliz. De pronto, las canas, las arrugas. El retiro. Construida una vida juntos, sonreírse antes de dormir por la satisfacción de un sueño cumplido. Una sonrisa sincera, la de él. Una sonrisa falsa, la de ella, porque en ese momento llegaría el pensamiento que ha tratado de evitar siempre. El recuerdo del día que lo engañó con su mejor amigo.

Oasis
Alma Santillán / @alma_santillan

Siete de la mañana. Ojos abiertos, cerebro a medio funcionar. No sabía a ciencia cierta dónde estaba pero esa oscuridad forzada por las cortinas le parecía familiar. Sintió un movimiento en la cama, a su lado izquierdo, y apenas perceptible un suspiro de los que pronostican una media vuelta y el sueño recobrado.
Ahí estaba él, su sueño hecho realidad, envuelto en la frazada que compró justo antes de viajar; le habían dicho que atravesar el desierto podría enfriarle los huesos al multiplicarse con la estructura metálica del autobús. Rojo con azul, tres metros de largo por dos de ancho.
El frío se diluía con el viento cálido que se colaba por la ventana entreabierta del cuarto. Afuera los tordos rompían el silencio, el perro ladraba cada tanto para despertar a su dueño, que dormía sereno junto a ella.
A la tranquilidad matutina le antecedió una guerra nocturna, una serie de batallas dentro de la trinchera construida por los dos; sin derrotas ni vencidos, un justo empate. El amor, que le llaman; enamorados, que les decían. Feliz, que ella estaba. Se paró frente al espejo y sonrió.
¿Quién era yo para decirle a ese espejo que todo era un sueño?

DIRECTORIO MALDITO

Director del mal: Jorge A. Romero
Colaboradores viciosos: Mayte Romo, Ilallalí Hernández, Alma Santillán, Enid Carrillo, Erasmo Valdés, José Luis Dávila, Diego José, Óscar Baños, Luis Frías, Rafael Tiburcio, Abraham Gorostieta, Negra Magallanes, Elizabeth Rivera, Daniel Fragoso, Julia Castillo, Isabel Fraga, Antonio Madrid, Jorge Daniel el Ene, Víctor Valera, Sonia Rueda, María Elena Ortega, y otros que, si bien no están, podrían caer en el vicio algún día.
Ilustración: Especial
Diseño: Cuauhtémoc Ríos

TUITIZA LOCA
@NanNFC
Te llega un Whats: ¿Más tranqui hoy?
Titubeas, vas a escribir la verdad y como no tienes ganas… respondes: sí
#MentirasPiadosas

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