El odiado neoliberalismo tuvo cosas muy curiosas. Para él, las mujeres representaron uno de los pilares más sólidos que sostienen la sociedad. Proteger los derechos de las mujeres y empoderarlas fue el tema prioritario de las políticas sociales. Los gobiernos estatales de distintos signos hicieron causa común en ese objetivo.

Los memoranda de entendimiento con la Organización de las Naciones Unidas sentaron desde un principio las bases para consolidar aparatos normativos que respondieran a las necesidades de ese sector mayoritario de la población y del padrón electoral del país. Todos jalaron en ese cometido social.

Ese andamiaje jurídico vinculatorio se reforzó con las creaciones de Centros de Justicia Integral para las Mujeres, lugares que no solo servían de plataformas de defensa legal, sino que funcionaron como auténticas trincheras donde las maltratadas se refugiaron de acosos, ataques e incluso, intentos de asesinatos.

En materia de salud, se proporcionaron a las mujeres que no contaban con seguridad social millones de servicios asistenciales, a través de consultas médicas y medicinas gratuitas. Eso fue debidamente reconocido en todos los ámbitos internacionales.

Hasta hace poco había atención para mujeres, niños y niñas

El odiado neoliberalismo afilió a decenas de miles de mujeres trabajadoras del hogar y a sus familiares en programas de servicios médicos y paquetes generosos de medicamentos gratuitos, protegiendo a un sector de trabajadoras mexicanas por años olvidado y maltratado.

Programas de cunas para recién nacidos que beneficiaron a cientos de miles de madres solteras, ayudándoles a prevenir la llamada muerte infantil o “de cuna” o por accidentes. El odiado neoliberalismo procuró que los niños y niñas fueran atendidos en condiciones de equidad en su primera infancia.

Recibieron también en la mayoría de los estados de la federación, de manera gratuita, el acta de nacimiento respectiva. Y desde ese documento se monitoreaba la aplicación de leyes integrales para el desarrollo de los infantes.

Y había educación garantizada. Hoy solo pandillas de chairos

El odiado neoliberalismo también fomentó el autoempleo. Se otorgaron cientos de miles de microcréditos a mujeres para la generación de negocios familiares. Las mujeres llegaron a ser el 60 por ciento del universo de los programas sociales de aquel tiempo.

En cuanto a los niños, las estrategias por la infancia firmadas con la Organización de las Naciones Unidas para la Infancia y la Familia (Unicef, por sus siglas en inglés) impulsaron la materialización de entrega de cartillas de vacunación, educación nutricional, activación física e instrucción artística a estudiantes de escuelas primarias públicas en zonas de alta marginación.

Se pusieron en operación las clínicas de autismo, el chequeo médico constante y cualquier manifestación temprana de algún padecimiento en las franjas de población vulnerable. Las áreas de salud infantil tuvieron alta estima y prioridad.

Asimismo, se extendieron cientos de miles de certificados gratuitos en biometría hemática, exudados faríngeos, detección y prevención de obesidad, orientación sobre prevención de bullyng, salud sexual, reproductiva y detección oportuna de enfermedades crónico-degenerativas.

Los fideicomisos de educación garantizada procuraron pugnar por la edificación de ciudades inteligentes que a un plazo de quince años arribaran al mundo en estándares modernos de talento, simplificación, innovación y conectividad integral. Ahora solo tenemos pandillas de chairos y golpeadores.

Las instancias internacionales de prestigio reconocieron y premiaron esos esfuerzos, considerando que fortalecían la identidad social, el sentido de pertenencia y la construcción de ciudadanía con bases sólidas.

Madero, pintarrajeado como mujer. Y el “caudillo” se indigna

Aunque parezca mentira, en solo dos años de destrucción lopezobradorista todo esto desapareció. Los esfuerzos que habían hecho los gobiernos estatales del PAN, PRD y PRI, se fueron al caño, con grandes agravios a la sociedad vulnerable, mujeres e infantes. No se sustituyeron por algo bueno, sino por programas fracasados, obras faraónicas insostenibles y derroches en la empresa petrolera estatal.

En solo dos años de destrucción, los programas de ayuda real a las mujeres desvalidas y a los niños desprotegidos han pasado a engrosar los anaqueles de lo insulso. Las víctimas del feminicidio, ignoradas y despreciadas por el “caudillo”, toman las instalaciones de la CNDH en el centro de la Ciudad de México, para protestar por la incomprensión y el vandalismo gubernamental.

Ante el acecho policíaco, las mujeres maltratadas se defienden como pueden y pintarrajean los cuadros hipócritas de los héroes, para aderezarlos con motivos femeninos. El “caudillo” se encrespa, porque el cuadro de Madero, “ha sido ultrajado, pintándolo de mujer”. ¡Hágame usted el refabrón cavor! Como si ser mujer fuera ultrajante.

Hasta las lectoras de noticias del consorcio W Radio llaman torpe al presidente. Inaudito. Lo que era una extensión de la vocería oficial, acaba volteándose contra los patrones oficiales, retomando el carácter cívico de su encomienda informativa. ‎Bien por ellas. De piedritas se llena el buche.

Carencia de medicamentos podría clasificarse como infanticidio

En el trato a los infantes, los crímenes de odio que ha disparado la cuarta decepción pintan de plano un delito internacional de infanticidio. No hay vacunas contra los males elementales de la niñez. No hay medicinas para los niños enfermos de cáncer. No hay hospitales pediátricos públicos que se respeten. No hay programas para la infancia.

Hasta la dizque primera dama lo justifica. Nada puede hacer, porque no es médica. Nada puede hacer, porque los niños cancerosos no se pueden curar con tratamientos ni con las medicinas conocidas en el planeta Tierra.

La fracción parlamentaria de Morena en la Ciudad de México, propone reformas constitucionales y legales para inducir a los niños a que se hagan las operaciones quirúrgicas de travestismo, sin reparar en la voluntad de los padres o en la asesoría legal requerida para representar sus intereses. Un asunto de lesa humanidad. Un delito que traspasa nuestras fronteras.

Así como vamos, así exactamente comenzó la crisis venezolana Todo ha desaparecido.

Los lectores venezolanos nos advierten: así se empezó en Venezuela y confiaron en que nos estábamos acostumbrando.

Ojo: no hay que acostumbrarse a nada.

Hay que protestar a ciencia y conciencia, hay que desconfiar de las buenas intenciones, porque de ellas están llenas los panteones.

¿No cree usted?

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