GERARDO GIMÉNEZ
Pachuca

La palabra fetiche viene de feitiço, término portugués que significa magia o hechizo. El término fue dado a conocer en Europa por el erudito francés Charles de Brosses en 1757, mientras comparaba la religión de África occidental con los aspectos mágicos de la religión del antiguo Egipto. La sangre es comúnmente considerada un poderoso fetiche o ingrediente para su elaboración y en algunas partes de África el pelo de los blancos. Pero también los fetiches son elementos importantes en todas las culturas primitivas de todo el mundo. Él y otros estudiosos del siglo XVIII usaban el concepto para aplicar la teoría de la evolución a la religión. En dicha teoría, De Brosses propuso que el fetichismo es el estado más primitivo de la religión, seguido por los estados de politeísmo y monoteísmo, representando una progresiva abstracción del pensamiento.
En el siglo XIX, filósofos, como Herbert Spencer, rechazaron la teoría De Brosses sobre que el fetichismo era la “religión original”. En el mismo siglo, antropólogos y eruditos de la religión comparativa como EB Tylor y JF McLennan desarrollaron las teorías del animismo y el totemismo para explicar el fetichismo.
Tylor y McLennan sostienen que el concepto del fetichismo permite a los historiadores de la religión desplazar la atención de las relaciones entre las personas y Dios a las relaciones entre ellas y los objetos materiales.

Fetichismo sexual

Es una parafilia que consiste en la fijación a un estímulo para lograr la excitación erótica o la facilitación y el logro del orgasmo a través de un talismán u objeto inanimado, sustancia o parte del cuerpo en particular, diferente a los genitales, y de las principales zonas erógenas que poseen los seres humanos. El fetichismo sexual se considera una práctica inofensiva, salvo el caso de que provoque malestar clínicamente significativo o problemas a la persona que lo padece o a terceros, logrando, en este caso, llegar a considerarse un trastorno patológico propiamente dicho. Al igual que las otras parafilias, debe mantenerse el patrón de fijación sexual durante seis meses consecutivos.
Puede asociarse a la cleptomanía para la obtención, por cualquier medio, del objeto fetiche.
Los juguetes sexuales no son considerados fetiches por ser fabricados para uso exclusivo sexual.
Algunas personas pueden tener rasgos fetichistas, pero no significa que sufran de la parafilia.

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