En un inicio, el futbol surgió como una actividad lúdica de la que podía prescindirse de conocimientos o habilidades: nació por la simple necesidad de pasarla bien. Desde finales de la edad media hasta el siglo XX, su unificación lo llevó a convertirse en una actividad profesional, intercultural y profundamente lucrativa. De ahí que el llamado “mercado de piernas” mueva, año con año, cantidades inimaginables de dinero, mismas que suelen girar en torno a una élite de jugadores altamente valorados por su condición deportiva y mediática

Un solo hombre puede representar la nómina completa de varios equipos. En cierta ocasión se comentó cómo, con la ficha de Neymar, podría comprarse a la mitad de los equipos de la Liga Mx. Ahora bien, suele decirse que los futbolistas generan mayores ingresos por patrocinios que por contratos laborales con sus clubes. El ejemplo más claro: Pelé, el rey del futbol, recibió aproximadamente 100 millones de dólares por su colaboración con marcas durante el Mundial de Brasil 2014 y los Juegos Olímpicos de Río 2016

Todo lo anterior se enuncia para llegar a una tesis central: los deportistas cumplen con un rol fundamental de figuras públicas. Dicho de otro modo, sus acciones fuera del césped pueden traer consecuencias graves a su imagen, misma de la que muchos de ellos, sabemos, vivirán una vez que el balón deje de rodar

El caso de Cristiano Ronaldo y las acusaciones de crímenes sexuales en su contra demuestran la volatilidad de ser el ojo del huracán mediático. En cosa de días, el flamante refuerzo de la Juventus ha provocado una ola de incertidumbre en la esfera comercial que lo rodea: ha sido suspendido de la selección portuguesa y sus principales patrocinadores, Nike y la empresa de videojuegos EA, han expresado preocupación por la imagen que la polémica le dará a sus respectivas marcas

A pesar de que el Bicho ha desmentido categóricamente las acusaciones, las circunstancias proyectan que el caso podría escalar a temas judiciales serios. Si bien es pronto para sacar conclusiones, los daños a la imagen de Ronaldo, comprendiendo lo expuesto líneas arriba, comienzan a manifestarse. No solo se desea que los hechos resulten inexistentes por respeto a la integridad de la víctima, también puede comenzar a añadirse este caso a la larga lista de ejemplos que reflejan la injerencia de las figuras públicas en la vida en sociedad y de cuándo el futbol deja de ser divertido

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