En tiempos de la transición política, el relevo en el poder que ha roto inercias y golpeado cacicazgos tiene sus bemoles y, entre la aprobación o descalificación se oculta la cara de la violencia, la rebelión rumbo al cobro de cuentas.
Las diferencias político-partidistas han ido más allá del escenario en el que se dirimen, es decir, las urnas y luego el gobierno que ofrece pluralidad en el ejercicio pero se alza entre la convocatoria a la cacería de brujas, disfrazada de la aplicación de la ley.
Imaginemos que Enrique Peña Nieto en su mensaje de toma de posesión, el primero de diciembre de 2012, hubiese convocado a investigar y meter a prisión a todos los colaboradores de Felipe Calderón, su antecesor, e incluso a éste por las denuncias de corrupción contra ellos que, en la mayoría de los casos, se enriqueció.
La camada de nuevos ricos-ricos de la administración calderonista habría requerido de celdas extra para encarcelar a personajes que por ahí andan investidos de impunidad.
Pero no, Peña Nieto optó por hacer mutis y se reservó pruebas, historias y denuncias para momentos excepcionales, aunque con ello incurrió en complicidad y encubrimiento; los contadísimos casos de funcionarios públicos sujetos a proceso, son de menor rango.
La excepción fue Elba Esther Gordillo, a quien se aplicó la ley a secas y hasta con exceso, como para demostrar que hay mano dura, cuando en realidad públicamente todo el mundo lo califica como una venganza o el método para silenciar al enemigo político.
Lo cierto es que, incluso en este momento, el presidente ha dudado en aplicar la ley contra prohombres del sistema que ostensiblemente son unos pillos, enriquecidos con fondos públicos y tráfico de influencias al amparo del poder. Y no hay uno solo en prisión.
Un ejercicio de sentido común indicaría que, en este momento, estarían sujetos a proceso penal, cuando no sentenciados por delitos cometidos por servidores públicos en el ejercicio del cargo, están el senador y dirigente petrolero Carlos Romero Deschamps, el exgobernador de Sonora Guillermo Padrés Elías, el exgobernador de Nuevo León Rodrigo Medina de la Cruz, y los gobernadores César Horacio Duarte Jáquez de Chihuahua, Javier Duarte de Ochoa de Veracruz y el de Quintana Roo, Roberto Borge.
¿Por qué no se ha ejercido acción penal contra estos pillastres? Es evidente la filia presidencial en esos casos, como en el del exgobernador de Guerrero Ángel Aguirre Rivero, cuya responsabilidad en uno de los casos (Iguala-Ayotzinapa y la desaparición de los 43 normalistas) está documentada y es el que mayor daño ha hecho al gobierno de Enrique Peña Nieto, quien debe soportar en sus periplos por el extranjero que le llamen asesino, mexicanos y extranjeros que responden a la causa encabezada desde hace más de 12 años por Andrés Manuel López Obrador.
En fin. Lo cierto es que la polarización de fuerzas políticas ha ido más allá de la elemental diferencia ideológica para sujetarse en asideros radicales.
Recuerdo aquel acto de toma de posesión de Pablo Salazar Mendiguchía como gobernador de Chiapas. En el acto celebrado en el Centro de Convenciones de Tuxtla Gutiérrez, el entonces debutante Vicente Fox como presidente de la República, con su presencia evitó el linchamiento físico del saliente gobernador Roberto Albores Guillén, porque todo el auditorio lo abucheó y demandaba justicia, encarcelarlo acusado de corrupción en consonancia con el discurso incendiario de Salazar Mendiguchía.
El jueves de la semana pasada, en el acto celebrado en instalaciones de la feria en Durango, erigido recinto legislativo para el acto en el que el panista (también expriista como Salazar Mendiguchía) José Rosas Aispuro Torres, rindió protesta como gobernador de aquella entidad, en relevo del priista Jorge Herrera Caldera, a quien el auditorio abucheó entre rechiflas y gritos de ladrón y corrupto.
Pero, ese auditorio de mayoría panista, también manifestó su desprecio, sí, desprecio por el presidente Enrique Peña Nieto. A Herrera Caldera terminó arropándolo y con ello calmó ánimos. Presentes Felipe Calderón, Margarita Zavala, Josefina Vázquez Mota y gobernadores panistas, recibieron el aplauso. Son hipotéticos los escenarios que habrían ocurrido de estar presente Peña Nieto.
Las filias y fobias, empero, se han radicalizado entre los apetitos y sabores del poder. ¿A quién responsabilizamos de la polarización entre mexicanos? Digo.

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