Cuánta sabiduría hay en la máxima de que hay que saber cuándo retirarse. Y más en política. Sabemos que una vez que alguien alcanza y se acostumbra a los cargos públicos encumbrados, difícilmente vence la adicción de disfrutar las mieles del poder. Los que saben del tema, afirman que muchos pierden la cabeza y el piso. José Guadarrama Márquez ha sido un político que ha sobrevivido varias generaciones. Se trata de un viejo lobo de mar que ha ocupado múltiples cargos públicos: desde alcalde de su natal Jacala, pasando por la titularidad de la Secretaría de Gobierno, hasta sus dos periodos como diputado federal e igual número de veces como senador de la República. Su experiencia es vasta, y llegó a ser un serio opositor al PRI como candidato a gobernador, luego de abandonar al tricolor precisamente por no ser favorecido para representarlo por el más alto cargo del Ejecutivo estatal. Se convirtió en líder del Frente Democrático Hidalguense, que a la postre se erigió en la corriente más poderosa del PRD estatal. Pero precisamente esa larga trayectoria hoy se volvió contra él: ya se volvió un lastre, un obstáculo para las nuevas generaciones. Cuando el pasado diciembre se autodestapó para buscar por tercera vez la candidatura al Senado de la República careció del apoyo que antes lo cobijaba. Ni los del FDH lo acompañaron. Y ayer incluso se le voltearon. El hasta ayer líder del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en Hidalgo, Manuel Hernández Badillo, pidió licencia como dirigente estatal para buscar la candidatura al Senado por el sol azteca, lo que lo pone frente a su propio jefe político, José Guadarrama. Esto hace unos años sería impensable, pero hoy es realidad: asistimos a la decadencia política de Guadarrama, a quien ya ni sus antes incondicionales apoyan. Lo dicho, hay que saber cuándo retirarse. De filón. Le urge al Congreso una limpia en el personal que se dedica a redactar y a editar documentos oficiales. No es posible que se hayan equivocado al publicar en la Ley de Ingresos un impuesto funerario de 14 mil 574 pesos, cuando la tarifa correcta era de 798 pesos. Y ojalá haya sido un simple error, un dedazo. De lo contario, alguien anda pasándose de listo.

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