El neoliberalismo postula como uno de sus objetivos el combate a la pobreza, un mayor beneficio a la clase trabajadora, sostiene que a partir de una economía liberal habría más y mejores fuentes de empleo, lo que derivaría una derrama económica; sin embargo en la práctica eso no se ha presentado, por el contrario, la pobreza es un problema estructural generado por el mismo Estado liberal, volviéndose un modelo desigual e inequitativo.
Ese modelo genera focos rojos en la sociedad ya que se privilegia a unos cuantos en detrimento de la mayoría de la población, hay cada vez una mayor desigualdad social, una clase con mayores privilegios, con una total privatización, inserción de tratados de libre comercio. En este sentido el neoliberalismo construye un sistema económico mundial que rige al mundo de acuerdo con las leyes del mercado, en contraparte los problemas y necesidades sociales han incrementado, las labores asistenciales ya no son suficientes, la labor de las instituciones es también limitada. Por lo que se crean nuevas instituciones y se especializa la política social en salud, educación vivienda, asistencia.
En materia de política social, hay carácter asistencialista de los programas sociales, llamados de “combate a la pobreza”, que algunos denominan neoasistencialismo, ha tenido en general un carácter focalizado, que acentúa la “estatización” de la pobreza, en tanto se lo considera un problema social que no tiene relación con la esfera económica. Esas medidas de combate a la pobreza están enmarcadas en una crisis económica permanente, una privatización masiva de los servicios que en antaño eran públicos, con las transformaciones en el mundo laboral se pierden derechos sociales, aumenta el desempleo y el trabajo informal, hay mayor vulnerabilidad social, pobreza, marginación y exclusión social.
Empero la principal estrategia del Estado ante la pobreza es la focalización que viene a substituir la política de pleno empleo, por ende, de la seguridad social, situación que ha sido una constante en el marco del liberalismo económico, ocasionando en la población una esperanza mayor en una transferencia económica que el acceso al derecho a la seguridad social. El continuar con los procesos de focalización perpetua la pobreza de millones de personas ya que ante la falta de ingresos económicos, de empleos dignos, la población se vuelve dependiente del Estado al esperar una dádiva y en su caso no dejar de lado la cuestión migratoria que matiza los ingresos de millones de familias mexicanas, de tal forma que con las transferencias económicas estatales se genera un debilitamiento de los lazos comunitarios, eso en virtud de que la trasferencia económica se da de manera individual y no colectiva.
Conforme a lo anterior, los programas de trasferencias condicionadas tienen un limitado impacto en la reducción de la pobreza, en primera instancia porque son correctivos y no preventivos, dicho de otro modo solo atienden a las personas que están en pobreza y no a las que están en riesgo de caer, y por otro lado llega solo a una pequeña parte de la población, responde a necesidades limitadas y eso es más cuando se tiene a tanta población en pobreza como es el caso de México.
Se requiere de un enfoque integrador, que exista una complementariedad con las diferentes instancias gubernamentales, con una mirada de largo alcance para que el programa no sea sujeto de intereses partidarios y temporales, para ello se requiere de fortalecer la organización comunitaria para el estudio de sus necesidades y fortalezas, del impulso de proyectos emprendedores para el aprovechamiento de las oportunidades del mercado, además de recuperar experiencias locales exitosas para su reproducción en procesos de gestión comunitaria en búsqueda de la construcción de capital social. Requiere de un fuerte financiamiento que sostenga su desarrollo, de la inversión estatal, pública y privada para que se invierta en programas sociales dirigido a localidades más marginadas.

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