El Internet trajo consigo una serie de fenómenos que han causado furor en la sociedad, ya sea por sus claras ventajas o por su alto nivel de incoherencia. Así, vivimos la fiebre del comercio electrónico a finales de 1990 y principios de este siglo; luego apareció Youtube que va desde videos instructivos muy útiles, hasta otros que no guardan ningún sentido ni lógica; y aparecieron las redes sociales digitales que han llevado nuestras emociones de arriba abajo.

Hoy en día, todos disfrutamos de un buen meme, ya sea por su ingenio, por su gráfica o por su contenido. Estos son el ejemplo más claro de la repetición que se da en este medio. Pero, no es todo lo que ha tenido ese impacto de reproducir como recetas el mismo tipo de imágenes.

Primero lo vivimos con las ya conocidas #selfies, que para los xenialls no fue tan fácil, pues los celulares no tenían cámara, así que había que hacerlo con una cámara de verdad; luego tuvieron cámara pero solo la posterior, por lo que había que tener habilidad para atinarle al encuadre. Pero, finalmente, la tecnología nos facilitó de una cámara frontal, así las #selfies inundaron Internet y principalmente Facebook.

Con la aparición de Instagram, una plataforma completamente visual, las repeticiones temáticas en las fotografías explotaron. Hay muchas de comentar, como las fotos desde una perspectiva de punto de vista del sujeto, en las que se ven las piernas de la persona que está recostada frente al mar, o las fotografías cenitales de los pies en suelos con diversos patrones geométricos, o las fotos del brazo de quien toma la foto de la mano de su pareja, pero hoy aquí quiero enfatizar en el caso de las #foodies o fotografías de comida.

Si bien, cualquiera de las mencionadas anteriormente ya se veían en diversas redes sociales, fue con la aparición de Instagram que creció su presencia y se popularizaron. Tomar la fotografía del plato de comida no es nada nuevo, si tomamos como base los ejercicios pictóricos que todo artista visual ha hecho en la formación de su talento con los bodegones o naturaleza muerta. Estoy segura que todos hemos tenido en algún momento un bodegón colgado en nuestra pared, ya sea porque lo hemos adquirido por decisión o porque es parte de un calendario por ejemplo.

Los bodegones, al igual que las #foodies, han pretendido mostrar la abundancia o escases de quien la presenta. Hoy en día incluso encontramos artistas visuales que generan imágenes de bodegones para representar la poca calidad de nuestra alimentación, o la diferencia cultural de nuestras despensas, entre otras situaciones.

Es interesante tomar este concepto de la abundancia y escasez, puesto que normalmente se ha considerado que la gente fotografía su comida para presumir dónde se encuentra comiendo; sin embargo, no siempre es así. Puede tener más una relación contextual.

Las redes sociales, como desde su nombre lo podemos intuir, nos implica relacionarnos y convivir con otras personas, algunas veces cercanas y que son parte de nuestro círculo inmediato fuera de Internet, y algunas otras con personas con las que nos relacionamos únicamente de forma virtual. Cualquiera que sea el caso, en este espacio digital nos conformamos un perfil, y por tanto una personalidad que deseamos concretar a través de lo que compartimos. Por lo tanto, no podemos únicamente considerar que las fotografías de comida responden a la demostración de un estatus social, también podrían considerar la configuración de una identidad, por ejemplo regional, o podría ser parte también de una crítica a otra forma de alimentación; es decir, hay tantas posibilidades como personas que publican estas imágenes.

Ahora, ¿qué pasa con la estética de la imagen? Pues algo muy similar, mientras algunos de nosotros podamos considerar que no todas las imágenes de comida son agradables a la vista, esto va a quedar en segundo término cuando hay otro usuario que responde a esa imagen a través de sus emociones, por ejemplo porque no ha probado en años ese guisado.

La gastronomía es cultura y, como parte de esta, también puede ser expresada de manera gráfica como lo hacen las #foodies, probablemente uno de los estilos de repetición de Internet que llegaron para quedarse. Así que la próxima vez que vea una fotografía de estas en sus redes sociales no solo la piense en términos de composición, si no de contexto y aproveche para recordar la última vez que degustó tal platillo o con quién lo disfrutó, y haga de esa imagen una emoción más que una crítica.

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