HILARIO HERRERA TAPIA*

Pachuca.- Los niños son personajes que siempre han estado en los conflictos bélicos a lo largo de la historia de la humanidad. Su representación en la imagen ha servido como testimonio para conocer más sobre ellos, que al igual que las mujeres y niñas, no se conoce mucho sobre su intervención en las guerras.

La fotografía ha servido como una fuente importante en los últimos años por diversos investigadores, ya que “esta es capaz de interpretar los acontecimientos de la vida social”, de acuerdo con la trabajadora de la lente Gisèle Freund, autora del libro La fotografía como documento social.

Como estudiante de la maestría en ciencias sociales, del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSHu) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), realizo una investigación que tiene el propósito de analizar algunas imágenes de cómo fue representado el niño en el ambiente militar en la Ciudad de México en 1912 y el uso social que se le dio en la prensa ilustrada.

Alistados sin permiso

Considero que hay evidencia consistente de menores de edad soldados en el batallón de Alberto Braniff por la publicación de sus imágenes en medios como Novedades, El Diario y El Imparcial. Además, se ha identificado que algunos niños de la Ciudad de Los Palacios fueron alistados, como fue el caso de Roberto Olvera de 10 años, quien sin permiso de sus padres se enroló en el batallón.

De acuerdo con mis investigaciones, sus tutores tuvieron que recurrir al procurador de Justicia para gestionar que su hijo fuera restituido, pero hasta julio de 1912 no lo habían conseguido, según registros hemerográficos.

Había infantes simpatizantes con la ideología del maderismo y muchos, desobedeciendo a sus padres, se enlistaron en el último momento en dicho batallón antes de partir a Torreón, Coahuila, como fue el caso de Joaquín Calderón, de 13 años, que se vio muy entusiasmado en la estación Buenavista por ir con los soldados a combatir a los orozquistas, según refirió El Tiempo.

Al final, el niño se adhirió a la compañía de Braniff y su madre, doña María Vargas, intentó convencerlo de que se quedara a terminar el primer año de escuela básica.

Interés periodístico

La prensa se interesó en ese menor de 13 años como soldado federal. La pregunta es, ¿se trata del mismo Joaquín Calderón? Las posibilidades están abiertas, lo que es evidente es que durante esos meses en la Ciudad de México hubo interés de infantes entre los seis a 15 años en ser representados en un ambiente militar.

La fotografía de niños con sus gorras y uniformes militares en El Diario, Novedades u otros medios, los mostraron como protagonistas en medio de la lucha por restablecer la paz y el orden legal.

Aunque muchos desempeñaron diversas actividades durante la Revolución, no hay imágenes de ellos participando en combates, sino más bien realizando tareas como niños-corneta, niños-tambores en las bandas de música, ayudantes de los oficiales, mensajeros, cargadores, entre otras; eso no quiere decir que eran tratados con mayor sensibilidad y tolerancia, sino que recibían un trato como cualquier soldado.

En suma, la imagen del niño en el ambiente militar en la prensa durante esa época llegó a ocupar un uso social implícito en cuanto a texto, pero visualmente intentó darse a conocer su participación, su patriotismo, su atrevimiento y, en especial, mostrar el retrato del niño a la sociedad como un personaje ejemplar e inaudito.

Su representación en la imagen ha servido como testimonio para conocer más sobre ellos, que al igual que las mujeres y niñas, no se conoce mucho sobre su intervención en las guerras

El Diario, Novedades, El Imparcial y otros medios mostraron retratos de personas de ese sector poblacional con sus gorras y uniformes

Infantes en la Revolución

Durante la Revolución mexicana, de 1910 a 1920, el retrato fue utilizado como un documento en la prensa, lo que permitió conocer nuevos personajes ocultos como fue el caso de las adelitas, los Juanes, los niños y las niñas.

Con la llegada de Francisco I Madero al poder, fueron generadas rebeliones como las de Pascual Orozco y Emiliano Zapata en contra de su gobierno, por no cumplir sus demandas sociales. En ese sentido, Madero desde la capital del país tuvo que recurrir al Ejército para sofocar esos alzamientos.

En ese contexto y bajo la influencia de una ideología militar, los niños tomaron reflectores por la prensa y se observaba que durante los meses de marzo a junio de 1912 sus fotografías aparecían desde el ambiente bélico dándole un uso social en los periódicos de la época.

Una de esas imágenes fue publicada en la revista Novedades y muestra a tres infantes en los patios de la ciudadela, junto a un pelotón de soldados voluntarios con sus fusiles; uno de los menores aparece cerca de un tamborista, quien a simple vista pareciera que sostiene una baqueta, pero en realidad no es así, sino que es un objeto: un balero que sostiene con las dos manos.

Ese niño, al igual que los otros dos que se encuentran detrás de los voluntarios, muestra aspectos desde cómo vestían, calzaban y temas culturales como los juguetes de la época.

Sus miradas atrapadas por la cámara del fotógrafo Samuel Tinoco reflejan el asombro, curiosidad y su vínculo con el ambiente militar; muchos de ellos transmitían emociones con ojos de asombro, inocentes, enfadados y miradas traviesas, de acuerdo con la historiadora Paola Bontempo.

Ese mismo retrato fue utilizado por el periódico El Diario en su página principal y al analizarla pudimos identificar que fue tomada por Tinoco el 3 de mayo de 1912 y que fue editada y recortada por la editorial para que el infante del balero no apareciera.

Menores soldados

Por otro lado, tenemos las imágenes de niños presentes en las prácticas militares y desfiles en la Ciudad de México. Aparecen en las avenidas de Paseo de la Reforma, Juárez y los campos de Chapultepec, entre otros, donde siguen las marchas de los soldados voluntarios.

Algunos fueron enrolados como infantes soldados en el batallón de Alberto Braniff, el cual apoyó al mandato de Madero para sofocar la rebelión orozquista en el norte.

De esos elementos castrenses destaca la reproducción icónica de un niño soldado con su canana terciada, su fusil y unas mantas enrolladas, de apenas 13 años, según la nota publicada en El Diario.

La original fue ubicada en la fototeca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). De esa fotografía sabemos que existen dos, una de diferente momento, donde el protagonista aparece posando de cuerpo completo para el trabajador de la lente Samuel Tinoco.

Gracias a una foto encontrada en las páginas de Novedades, sabemos que el menor fue retratado el 7 de junio de 1912, en el cuartel de Teresitas, muy cerca de la calle Donceles y no en 1913 como lo afirma la literatura que habla sobre la imagen.

Por otro lado, también fue publicada en El Diario, donde el uso que le dieron fue para referirse “al soldado más pequeño”. El material fue recortado del fondo y solamente dejaron al niño con sus pertrechos.

*Es originario de Mineral del Chico, Hidalgo. Es licenciado en historia y actualmente cursa el tercer semestre de la maestría en ciencias sociales en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSHu), de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo; por ser un posgrado de calidad, cuenta con beca del Conacyt.

El tema de investigación que está trabajando para su tesis de maestría se titula: “Niños en ambientes militares en la Ciudad de México de 1912 a 1914, a través de la fotografía de la prensa ilustrada”. Se interesó en estudiar ese tópico porque desea conocer cómo fue representado el infante en el ambiente bélico en la Ciudad de México de 1912 a 1914 en la fotografía y los usos sociales que hicieron de ella en la prensa ilustrada de la época.

Comentarios