El tiempo va cambiando la forma en que percibimos las cosas. Nuestros recuerdos deforman el mundo real. Rememoro el día cuando regresé a mi vieja secundaria: todo parecía más reducido. Ese tercer piso que me daba vértigo ya no tenía las dimensiones que guardaban mis recuerdos. Por otra parte, mis compañeros de entonces, que cursaban grados superiores y que percibía muy mayores, ahora que los he vuelto a encontrar los percibo frágiles, ya no altos ni fuertes, algo de ellos se perdió en el tiempo. ¿Qué es entonces la realidad? Ese conjunto de objetos que nuestros sentidos nos ayudan a traducir. De esa diferencia, entre lo que vemos y lo que realmente es, trata este Maldito Vicio y los textos de Rafael Tiburcio y Jorge Luis Borges.

Rafael Tiburcio García*

A Alberto Chimal

Lorena titubeó donde la escalera dejaba de ser metal estático. No la culpo. Aquello se parecía a esas pinturas de Magritte que papá observaba algunas veces en las paredes del laboratorio, cuando hacía breves pausas en su investigación y trataba de adivinar hasta dónde lo llevarían sus descubrimientos.
Sin ganas de saber más de todo aquello, mamá se había encerrado en el cuarto a rezarle a Dios por el alma de mi padre, mientras él la llamaba desde el otro lado de la puerta.
Seis peldaños antes de la planta alta, la escalera empezaba a moverse sola, siempre hacia arriba, igual que las de la estación del tren subterráneo. Pero no se trataba de un mecanismo. Parecía el punto de encuentro entre dos lugares distintos cuyos límites friccionaban en ese sitio preciso. Era el resultado de los experimentos de mi padre. Al menos así lo entendí con los años, pero es borroso. La imagen que recuerdo es como la de esos fotomontajes viejos, donde los bordes se mezclan y parecen siempre desenfocados.
El titubeo de Lorena le costó caro. Su siguiente paso lo dio en ese lugar distinto.
Los hombres de ciencia tienden a desarrollar fijaciones con la obra de algún artista. Cuando era niño no lo entendía. Sus investigaciones, en cierto modo, intentan demostrar que esas fantasías pueden volverse posibles: como si, más que invenciones, las pinturas y los libros fueran la evocación de un porvenir incierto que los hombres como mi padre intentan recordar.
“No es fácil andar un camino que se rompe para dar paso a otro, pero no debes temer, es cierto, cambia, pero tú no dejas de caminar. Es como cuando un músico pasa de un ritmo a otro sin detenerse. Es lo mismo. Hasta la memoria se encima y no por eso dejas de recordar”. Eso nos decía mi padre de vez en cuando, como preparándonos para lo que vendría: “La tecnología avanza, hijo, este era un salto lógico”.
Cada vez que vuelvo a esta casa de metal me acerco a la escalera, subo con calma y vacilo antes del sexto peldaño. Lo hago por reflejo. No pasará nada, lo sé de antemano: mi padre renunció a sus investigaciones cuando mamá impuso ese luto riguroso que con el tiempo sería permanente; poco después él también nos abandonó, quizá de la misma forma que mi hermana.
Entro a la alcoba de mi madre, me siento a su lado en la cama y juntos observamos los álbumes del buró. A veces, Lorena o mi padre están en la siguiente página. Entonces los recuerdo como si los escuchara, como si sus voces sonaran en la habitación contigua y dijeran algo que no entendemos claramente.

* (Villahermosa, 1981) Vive en Pachuca desde 1982, es profesor de primaria y escritor. Actualmente escribe la novela Isabet con el apoyo del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo. Ha publicado la novela Rabia | Ikari (Cecultah, 2015) y Cuentos de bajo presupuesto (Cecultah, 2014), Premio Estatal de Cuento Ricardo Garibay 2014, del cual se desprende este cuento.

La biblioteca de Babel (fragmento)

Jorge Luis Borges*

“El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono, se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de dos pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades finales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los hombres suelen inferir de ese espejo que la Biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿a qué esa duplicación ilusoria?); yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito… La luz procede de unas frutas esféricas que llevan el nombre de lámparas. Hay dos en cada hexágono: transversales. La luz que emiten es insuficiente, incesante.”

*(Buenos Aires, 1899-Ginebra, Suiza, 1986) Escritor argentino considerado una de las grandes figuras de la literatura en lengua española del siglo XX. Cultivador de variados géneros, que a menudo fusionó deliberadamente, Jorge Luis Borges ocupa un puesto excepcional en la historia de la literatura por sus relatos breves.

INVITACIÓN

 

 

Lector: si también te gusta el vicio, te invitamos a unirte a este mal hábito. Envíanos tus textos con una extensión máxima de 5 mil caracteres (cuento, ensayo, poesía y otros géneros literarios) al siguiente correo:
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El editor te responderá
de vuelta.

Director del mal: Jorge A. Romero
Colaboradores viciosos: Mayte Romo, Luis Frías, Ilallalí Hernández, Alma Santillán, Enid Carrillo, Erasmo Valdés, Óscar Baños, Rafael Tiburcio, Tania Magallanes, Daniel Fragoso, Julia Castillo, Isabel Fraga, Antonio Madrid, Víctor Valera, Sonia Rueda, y otros que, si bien no están, podrían caer en el vicio algún día.

TUITIZA LOCA

@Patricialrun
Escuchando música e imaginando en color y blanco y negro las historias. “El lavadero” va cogiendo forma. #Misterio #Fantasía #Irreal

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