El gran jurista del derecho romano clásico, Ulpiano, de origen fenicio, sentenció hace más de 2 mil años: Ius suum cuique tribuere, otorgar a cada uno su derecho. La justicia es la constante y perpetua voluntad de vivir honestamente, no dañar a otros, dar a cada quien lo que le corresponde. La máxima de Ulpiano es una consigna histórica para cualquier gobierno que se ufane de serlo.
Dar a cada quien lo suyo sigue siendo el objetivo de regímenes unipersonales, parlamentarios y hasta monárquicos con dos dedos de frente. Faltar a ello sigue siendo un baldón irremontable y una desgracia para los pueblos que sufren el despotismo por la conducta de sus gobernantes.
Los toluquitas han interpretado dar a cada quien lo suyo, pero solo a ellos, a los pocos miembros del círculo íntimo que se solazan y ceban en la depredación y en la demolición del país que les ha dado de comer. Descastados y metecos por naturaleza, formados para la inquina, la represión, la traición y la injusticia.
El desequilibrio estructural, el despedazamiento del país, las reiteradas afrentas a los migrantes desplazados por un sistema injusto, el entreguismo obtuso a los intereses económicos, políticos, diplomáticos y de seguridad estadunidenses no tiene parangón posible. Han rayado en la esquizofrenia total.
Un grupito salido de las cañerías de los bajos fondos del sistema, entronizados por gentuza sin amor a México, sin respeto por este país, que aprovechando sus influencias derivadas de concesiones públicas exaltaron virtudes de estadistas en quienes no sabían ni con qué se digería eso, ni cómo se metaboliza y se excreta.

Televisa “creó” a EPN y
EPN destruyó a Televisa

Hoy todos los llamados empresarios que los divinizaron están realmente desesperados. Acompañarlos en su aventura, entronizarlos sin moderación, los llevó a perder los auditorios y a su propia bancarrota. El típico ejemplo de lo anterior es la quiebra monumental de Televisa, donde el junior Azcárraga y su pandilla de cuates están siendo desplazados hasta de la dirección de la empresa.
Es realmente lamentable lo que ha pasado con este país en solo cinco años de padecer esa inmundicia. Han acabado con casi todo, empezando con su partido y siguiendo con la hoja de vida de sus militantes, hoy avergonzados por haber comulgado con sus principios, en franca retirada hacia otros flancos, donde todos desconfían de que reverdezca su ADN.
Los mexicanos jamás habíamos visto en las sillas de mando a un grupito de ñoños de este calibre. Nunca pensamos que hasta pudieran hacer ostentación de tamaña ignorancia, ineptitud y voracidad supina. Nunca pensamos que fueran a cebarse de esa forma con la vergüenza y los haberes…
… de 120 millones empobrecidos y humillados con sus desplantes rastacueros. Jamás se había llegado al tope. Nunca se había faltado al respeto del sentido común de los indefensos mexicanos. La pavorosa inflación, el estancamiento económico, el hambre, el desempleo y el encarecimiento son sus resultados.

¿A quién sirve en realidad
la tolucopachucracia?

Tolucos y pachuquitas solo sirven al reducido grupo de empresas extranjeras, estadunidenses, japonesas, alemanas, españolas y de cualquier nacionalidad que le lleguen al precio de sus comisiones burocráticas, al nivel de sus inmundos moches. Y por su falta de palabra, luego se avorazan sobre lo ya pactado.
Han envilecido a los capitostes nacionales que los inventaron y diseñaron para sentarlos la cueva artillada de Los Pinos, de donde ya no pueden salir por miedo a la repulsa popular. Sirven también a la canalla política de la rapiña que ocupó antes los mismos asientos del poder, sin un solo merecimiento.
Sirven a los mismos que dirigieron desde la caverna de Los Pinos el desmantelamiento del Estado, la entrega a los financieros neoyorquinos, a los que desregularon todo el sistema de permisos, aranceles y taxativas gubernamentales que antes impedían el avasallamiento, a los mismos que ciñeron su infame actuación a las recomendaciones de los enemigos del país. Solo que los mexiquenses los superaron en su estulticia.

Poseen las peores cualidades
de la condición humana

Lo peor es que no lo saben, y si lo supieran, actuarían con mayor saña. Creen que sus patrones extranjeros les van a dar su siguiente empleo, pues han visto que así se configura el modelito de los traidores a la patria. Pero no saben que como han roto los moldes del anexionismo, son desconfiables en grado sumo.
Toman a diario posiciones y actitudes donde se mezclan todos los niveles lamentables, que forman las peores cualidades de la condición humana. Forman parte del catálogo mundial de asombros por sus estropicios, indefensiones cerebrales, atracos y atropellos rocambolescos. La guerra contra el narcotráfico y ahora contra los presumibles huachicoleros, está a la cabeza del top trending internacional del ridículo.

Dos generales de brigada
fallan contra chupaductos

Todo mundo sabe que narcotraficantes y huachicoleros obedecen a la permisividad y al latrocinio de los mismos toluquitas, que ponen al frente de los aparatos de seguridad a lacayos militares que obedecen al mismo propósito de enriquecerse a toda costa, a pesar de quien se oponga en su camino reptiliano.

 

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