Todos los sistemas políticos del mundo, es decir, el juego de reglas escritas y no escritas que determinan el comportamiento de los actores políticos, en algún momento de su historia o en varios momentos de ella, experimentan un grado mayor o menor de cambio que influye en la vida cotidiana y en las formas de tomar las decisiones que afectan a todos los individuos.

El caso mexicano no es la excepción y desde julio del presente año, como resultado del proceso electoral, México se encuentra envuelto en uno de esos momentos de rompimiento, de fractura, que determinarán el futuro inmediato y no tan cercano de todos nosotros. En efecto, en el transcurrir de los días estamos observando cambios aparentemente cosméticos, que para muchos no afecta lo esencial de la política en nuestro país.

Sin embargo, hay que tomar en consideración que esta fractura no es reciente, ni de los últimos meses, ya son por lo menos tres décadas en las cuales las instituciones que estructuran la vida política de todos los mexicanos están siendo tensionadas en diversos grados, influenciada por los distintos conflictos coyunturales que hemos tenido que enfrentar a lo largo de esos años, que han logrado muy dramáticamente acabar con nuestra capacidad de asombro. Por lo tanto, esta fractura mexicana que parecía un tema ideológico entre la izquierda y la derecha, ha quedado expuesta en las últimas semanas, para los más observadores, en una grave fractura que ha dejado a la vista lo peor de nuestras reglas (formales e informales), reglas que habían regulado nuestra convivencia política hasta ahora.

Una fractura expuesta exige cirugía mayor y, tal vez, soportes de metal y algunos tornillos que sustenten la rectificación de este trauma en los próximos años. Así, los cambios de actitud y la rejerarquización de nuestra escala de valores políticos, son en realidad la profunda transformación que experimenta nuestro sistema político.

Cambiar la mirada desde donde pensamos lo político, trae aires renovados a nuestra sociedad y, por supuesto, un nuevo horizonte de esperanza. Mirar desde los menos favorecidos, reordena el proceso de toma de decisiones para lograr el bienestar de todos. Sumado a ello, los valores de la austeridad, de la responsabilidad y de la honradez, nos permiten visualizar una nueva estructura que determina el nuevo comportamiento de los actores políticos.

Esto permitirá dejar atrás la desigualdad, la falta de educación, la falta de calidad en la educación, la inequidad social y de género, la violencia normalizada y la del estado, con el ánimo de construir una sociedad distinta.

Estamos en el umbral de un profundo cambio en el sistema político mexicano, en el cual estamos construyendo nuevas reglas formales y no formales para la toma de decisiones políticas, para el cumplimiento de las expectativas de vida de todos nosotros.

Con este proceso de fractura expuesta hemos dejado todo transparentado y los discursos que tenía siempre un enemigo del estatus quo, se han debilitado e incluso han caído para abrir nuevos discursos, nuevas palabras, que construyan el futuro de México.

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