Se puede pensar en prácticamente cualquier autor con alguna estirpe u origen en las ciencias sociales, pero uno con la creatividad y los dones de Barthes, difícil, muy, muy difícil. Por ejemplo, de la época en que no había un argumento consistente para establecer los límites de la interpretación y ejercer dicho parámetro como unidad de trabajo, hasta la publicación de S/Z -inspirado en Sarrasine, de Honoré Balzac- de la manera más pulcra y objetiva Barthes enunció, los límites de la interpretación, basta colocarlos en las evidencias que de forma objetiva plantea el texto, no hay porqué elaborar lo que no se encuentra en el texto; con ese lema de trabajo presenta su análisis de Sarrasine.

Ese fue uno de los episodios metodológicos más importantes de las letras francesas y uno de los que contribuyeron a definir con más claridad las prioridades que con toda sensatez deberían verse articulados en una investigación, ensayo o texto de carácter interpretativo. Pero aproximarse a la lectura de uno solo de sus títulos es conocer al autor en una empresa diferente, desplegando habilidades específicas para la tarea planteada.

En el caso de su celebérrimo Fragmentos de un discurso amoroso, el autor parte de una cláusula fabulosa, pero terrible: ¿Cómo pensar en el amor? Porque no se le tiene. Porque no es una realidad, porque si algo hay en abundancia es su contrario, la soledad y el hombre moderno, a diferencia de todos los anteriores, tiene tras de sí, el testimonio de todas las ficciones construidas en torno al tópico, pero como ningún ser en la historia, es el único en haber acumulado una abstracción por la que apuesta todo, pero no ha logrado retener ni alcanzar su más modesta expresión.

En su momento, hecho inconcebible para un texto que con toda tranquilidad figura en la biblioteca de títulos básicos de la filosofía, Fragmentos de un discurso amoroso se convirtió en una de las panaceas indiscutibles en los éxitos de librería, quizás tan chocante como El arte de amar, de Erich Fromm o La revolución sexual, de Wilhelm Reich.

Pese a que bajo el título se esconde uno de los mejores estudios del siglo XX, otro tanto sucede con la profundidad del mismo; quizás sea una de las respuestas más sinceras y meditadas acerca de la naturaleza de lo que entendemos como “amor”.

Pensar o considerar que la libertad de enunciar la palabra con pleno uso de conciencia, expresa la ingenuidad con que creemos, se trata de algo ordinario cuando su sola enunciación era enigmática y hasta la causa de preguntas trascendentales, incluso, que quienes llegaban a experimentar el sentimiento, fuesen presas de hechizos, embrujos y quizás la pérdida de la razón, gracias a la magnitud de la experiencia, porque una vez perdido el enamoramiento su verdadera existencia era toda la prueba indispensable.

No obstante la dificultad, Fragmentos de un discurso amoroso no solo es uno de los textos más bellos logrados por Barthes, es una de las evidencias más claras de que sus facultades como pensador abarcaron siempre un abanico al que se limitaba solo aquello que desde su punto de vista podía ser representado por un texto.

Precisamente a tenor de ese espíritu cosmopolita, Radio Barthes es un esfuerzo de esos que suelen despertar aprecio y afecto por partes iguales. En la medida que Barthes desarrollaba sus ensayos, más de una vez pasaba por la mención fugaz de piezas sinfónicas, teatrales, de la música popular, que prácticamente solo un nativo de Francia reconocería sin margen de error.

Muy a pesar de muchos, esas piezas se quedaron en la sombra o fueron parte de las búsquedas personales de especialistas. En esta lista de reproducción se encuentra casi todo lo que escribió el autor de Lo obvio y lo obtuso, Mitologías, Fragmentos de un discurso amoroso, El placer del texto, La cámara lúcida… y cada una de las pistas, de una u otra forma, son lo recuperado de ese recorrido.

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