Raúl Baptista González

Exalcalde de Tula

*Del 6 de julio de 1988 al 4 de junio de 2017
*Igual que entonces el PAN cómplice del PRI

Han pasado 29 años de aquel 6 de julio de 1988 del descomunal fraude que el PRI gobierno encabezado por Miguel de la Madrid Hurtado realizaron en contra del pueblo de México para imponer a Carlos Salinas de Gortari como presidente de la República, traicionando los postulados de la Revolución mexicana que tanto reivindicaban, cuando en realidad quien ganó esa elección fue el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano quien encabezó el Frente Democrático Nacional –FDN– que formaban el PARM, el PFCRN, el PPS y el PMS.
El sistema político mexicano fue cimbrado hasta sus cimientos en una elección en la que la mayoría de los votantes de ese entonces estaban hartos de lo mismo que hoy sucede con Enrique Peña Nieto corrupción, persecución política, crisis económica por la aplicación de políticas neoliberales que significaban la entrega del país, de sus riquezas naturales y el crecimiento de los niveles de pobreza que hasta hoy siguen lacerando a una gran mayoría de mexicanos.
Recordar el inicio de los fraudes electorales del PRI a gran escala es necesario siempre, pues las nuevas generaciones deben saber esta parte de la historia, que de lo que hoy se padece y se carece es producto de estos gobiernos fraudulentos, corruptos y saqueadores que han impedido la democracia plena y el desarrollo incluyente del país entregando nuestras riquezas, el patrimonio y la soberanía nacional.
En esa elección presidencial compitieron también el ingeniero Manuel J Clouthier del PAN y la señora Rosario Ibarra de Piedra del PRT, quienes desde la misma noche de ese 6 de julio de 1988 unidos con el ingeniero Cárdenas denunciaron el fraude desconociendo el resultado, pues el moderno sistema de cómputo que la Secretaría de Gobernación había adquirido daba cifras que llegaban de todo el país, donde el resultado favorecía al Frente Democrático Nacional seguido del PAN y en tercer lugar el PRI, lo que ocasionó la famosa “caída del sistema” que no era otra cosa más que haber apagado el sistema de cómputo.
Cabe recordar que el distrito electoral federal de Tula fue simbólico y contundente en su resultado que llegaba a la Comisión Federal Electoral con una apabullante derrota de Carlos Salinas, representando un avasallante resultado a favor del ingeniero Cárdenas tanto en el Valle de México así como en muchas partes del país, por lo que un balbuceante secretario de Gobernación llamado Manuel Bartlett –hoy senador de la República por Morena– anunció sin dar cifras el “triunfo” del priista por lo que el sistema cayó y se calló.
En ese entonces no existía el IFE ni el INE, mucho menos el TRIFE y quien calificaba los resultados de los comicios presidencial y legislativos era el Colegio Electoral de la Cámara de Diputados, compuesto por 260 diputados impuestos del PRI y los demás de la oposición, donde con la manipulación y el maquillaje que hicieron de los resultados dados a conocer el 13 de julio, resultaba que el PRI tenía 50 por ciento de los votos, el FDN 31 por ciento y el PAN 17 por ciento de una votación reconocida de más de 19 millones de mexicanos; esto era inaudito e inaceptable lo que ocasionó que durante esa primera semana y las posteriores a los largo y ancho del país hubieran movilizaciones populares en contra del fraude y por el reconocimiento del triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas.
Con ese hecho que marcó al país también dio paso al contubernio entre el PRI y el PAN, pues a pesar de que su candidato Clouthier se sumó al rechazo de esa imposición, su partido encabezado por Luis H Álvarez y sus diputados federales se abstuvieron de votar en contra del PRI y esto permitió la validación de esa tramposa elección. En una negociación a “oscuras” de cargos y de promesas de reformas constitucionales como la del artículo 27, la reprivatización de la banca, el reconocimiento de la Iglesia y la reforma al artículo 82 para permitir que los hijos de extranjeros pudieran ser candidatos a la presidencia de la República.
Después vinieron las llamadas concertacesiones empezando con permitir el triunfo del panista Ernesto Ruffo Appel como gobernador de Baja California en 1989; así como en 1991 ante los fraudes electorales en las gubernaturas de los priistas en Guanajuato con Ramón Aguirre y en San Luis Potosí con Fausto Zapata Loredo que fueron catafixiados en favor del panista Carlos Medina Plascencia y de Gonzalo Martínez Corbalá, respectivamente. Lo peor estaba por venir con Diego Fernández de Ceballos, coordinador de los diputados federales panistas, entre 1991 y 1994, quien autorizó junto con los priistas la quema de boletas electorales que estaban resguardadas en la Cámara de Diputados para borrar toda evidencia física de los resultados alterados para beneficiar a quien hoy sigue siendo su gran amigo y socio, Carlos Salinas de Gortari.
Todo esto nos hace ver tres cosas: 1) que el PRI no es capaz de ganar limpiamente y recurre desde ese entonces al fraude electoral, al uso y abuso de los programas sociales, al uso ilegal de los recursos públicos y privados, como acaba de suceder el 4 de junio en los estados de México y Coahuila; 2) que el Pacto por México nace desde esas concertacesiones entre el PRI y el PAN; y 3) que la democracia es lo que menos importa y hoy se unen junto con una parte del PRD y demás partidos paleros para impedir la llegada de López Obrador a la presidencia de la República. ¡Estos son los que verdaderamente dividen al país!

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