GERARDO JIMÉNEZ
Pachuca.- Frecuencia se define como “repetición de un fenómeno en relación con el tiempo”.

Puede decirse que hay cierta tendencia a determinar ciclos, iniciándose uno al terminar el anterior, independientemente de que puedan ser iguales o tengan algunas variaciones entre ellos.

La sexualidad también presenta su frecuencia sexual en lo que se refiere al “número de veces que una persona se activa sexualmente en un período determinado de tiempo”. Como lo había planteado anteriormente, al terminar una respuesta o ciclo sexual, otra se inicia, pudiendo repetirse un patrón de presentación en lo referente al factor tiempo.

Variaciones

Considerando lo que es un individuo, cada quien tiene su frecuencia sexual, diferente a la de las demás personas de su mismo sexo, el opuesto y familiares directos (por aquello del parecido por herencia genética). Aun así puede haber variaciones en cada persona dependiendo de la intensidad del deseo sexual, circunstancias personales –condiciones físicas, enfermedades, estado psicoemocional y otros– y de la suma del deseo sexual propio y de la pareja.

La frecuencia puede ser una manifestación del deseo de la persona si logra activarse todas las veces que sienta la necesidad de ejercer la función sexual. Otras veces es la expresión de la frecuencia coital y refleja la sumatoria del deseo sexual propio y de la pareja (tomando en cuenta las veces que la persona busca o es buscada por su pareja).

¿Cómo saber si mi frecuencia sexual es normal?
Las frecuencias normales clasificadas y descritas son:
*Frecuencia alta: cada uno o cuatro días
*Frecuencia media: cada cinco o nueve días
*Frecuencia baja: cada 10 o 15 días
¿En qué frecuencia se ubica usted? Desde ya puede saber si se mantiene la misma de años atrás o si ha habido variaciones de su frecuencia sexual a través del tiempo.

En líneas generales, las personas aprenden a vivir con esa frecuencia y a ejercer su sexualidad de acuerdo a las demandas orgánicas propias. Puede comenzar a cuestionarse su frecuencia sexual cuando se confronta con la de su pareja o si reconoce diferencias con personas de su grupo de pares.

Cuando la frecuencia sexual se convierte en enfermedad

Al momento de explorarse alguna variación importante de la frecuencia sexual debemos tomar en cuenta trastornos psiquiátricos (obsesión–compulsión, hipersexualidad), adicción al sexo, depresión, ansiedad sexual y no sexual, discordia marital, temor de desempeño sexual, alguna disfunción sexual individual (vaginismo, disfunción eréctil, disfunción orgásmica, eyaculación rápida, anhedonia), trastornos hormonales (hiperprolactinemia, tiroideopatías, alcoholismo, medicación crónica), entre otros.

Los casos de frecuencia excesivamente alta deben manejarse de acuerdo a la afectación de todas los dominios de la vida del paciente, como lo son lo social, familiar, laboral y marital.

Ante la frecuencia muy baja hay que tomar medidas y empezar a explorarla para determinar sus posibles causas.

En el ámbito individual, encontramos como alteraciones:

*Frecuencia de funcionamiento excesivamente alta:
-Ninfomanía, en el caso de las mujeres.

-Satiriasis o Donjuanismo en los hombres.

*Frecuencia excesivamente baja:
Independientemente del sexo de la persona, tenemos: Frecuencia muy baja: de 15 a 30 días
*Deseo sexual inhibido: de 30 días a tres meses
*Anorexia sexual: de 90 días
Al conformarse una pareja y confrontarse sus frecuencias sexuales pueden presentarse disfunciones sexuales.

Esas pueden ser:

*Síndrome de incompatibilidad de frecuencia: Hay una diferencia marcada del tipo de frecuencia sexual entre los miembros de la pareja. Puede ser muy severa en el momento en que [email protected] tiene frecuencia alta y [email protected] frecuencia baja.

*Síndrome de incompatibilidad de tiempo/frecuencia: Ambos miembros de la pareja tienen igual frecuencia sexual pero desfasada en el tiempo. Ejemplo típico en la frecuencia media de una vez por semana ([email protected] siente deseos los lunes y [email protected] los viernes).

Hay que tener presente que…

*La diferenciación sexual integral conduce a comportamientos sexuales diferentes.
*El hombre, por su desarrollo psicobiológico sexual e influencia hormonal, es más sexual que la mujer, por lo que puede disociar fácilmente lo pasional y carnal de lo afectivo.

*La mujer, aun teniendo una frecuencia alta, enlaza lo afectivo a lo sexual. Su deseo y frecuencia sexual pueden tener variaciones de acuerdo al refuerzo positivo que obtenga de sus experiencias en ese dominio de su vida y la dinámica de pareja, aunado a su aprendizaje sexual.

*Esas tendencias sexuales tienden a malas interpretaciones de parte y parte y a la afectación de la relación de pareja, incluida la sexualidad, lo que puede manifestarse a través de la frecuencia sexual en pareja.

*La rutina es el peor trastorno que puede sufrir la sexualidad individual y en pareja.

*Las hormonas sexuales tienen un papel muy importante en el deseo sexual y, por consiguiente, en la frecuencia sexual.

*La testosterona, hormona masculina que se encuentra en muy pequeña cantidad en las mujeres, es necesaria para el mantenimiento del deseo sexual en la mujer y el desencadenamiento de su respuesta sexual.

*Actualmente, los hombres están acudiendo a la consulta por trastornos de su deseo sexual con más frecuencia que antes.

*Menopausia y andropausia pueden ser causales de trastornos de deseo y frecuencia sexuales.

*El manejo de las disfunciones sexuales requiere de atención especializada y multidisciplinaria.

*Hombres y mujeres que se han mantenido activos sexualmente a través del tiempo y ejerciendo su función sexual de acuerdo a su deseo, independientemente de las variaciones de hormonas sexuales, pueden mantener su frecuencia sexual aún a edades avanzadas.

*Los paradigmas antiguos acerca de que el hombre siempre debe estar listo y que la mujer siempre debe ser complaciente con las demandas sexuales de su pareja se están derrumbando y cambiando por los actuales en cuanto a equidad sexual se refiere.

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