Ovalado,
reflejo perfecto de ese vidrio cristalino
hermanado con el metal bruñido,
y ceñido en su contorno
por la presencia del madero
que se ha tornado añejo.
Frente al espejo miro mi retrato;
silueta de mujer, el aspecto externo;
clara superficialidad que fluctúa vagamente…

Irma Campero es una inspiración para quien la lea y para quien la conocemos. Su fuerza es contagiosa, su necedad es digna de imitar. La entrevisté hace mucho en mi programa de radio. Su voz modulada, su tono generoso. Su vida, una lucha constante. Yo agradezco a la vida que mi querido sobrino Alam González Hernández se haya encontrado con ella. Gracias a su ejemplo y dedicación, jóvenes como él logran ser ganadores de la vida. Lo entrenó y lo convirtió en campeón. Durante el tiempo que fue presidenta de la Asociación de Deportes sobre Silla de Ruedas del Estado de Hidalgo, ayudó a mucha gente. Los enseñó a competir, a disfrutar los triunfos y a aprender de las derrotas. Por eso escribió su primer libro de poesía titulado Frente al espejo.
El reflejo nos alcanza desde la primera página de su libro, es conmovedor. Nos vemos en ella y ella nos invita a observamos con el mismo amor y severidad con el que se espía a sí misma. Se libera al aceptarse y nos libera al cuestionarnos quiénes somos y si somos capaces de aceptarnos tal cual. Si al observarnos a nosotras mismas podemos contar los defectos y olvidar las virtudes. Si negociamos con la vida y logramos salir ganando, a veces tiempo, a veces buenos recuerdos, a veces lecciones, a veces lágrimas, a veces pruebas, siempre fuerza.
Editado por Vozabisbal, la obra está dividida en cinco partes. En cada página ella renace y va por la vida, se aleja para acercarse, se acerca para irse lejos, ave en libertad. Detalla que una mujer puede sufrir, no dormir, estar sola, escuchar mentiras, esquivar suplicios, torcer su destino, pero su propia voz y su propio reflejo la convencen que la vida tiene todos esos detalles, que lo mejor es verbalizarlo, escribirlo, compartirlo.
El libro cierra con un solo poema, es la última parte titulada “Reflejo místico”, un canto generoso que agradece la vida a alguien especial, a Él, que puede ser Dios pero también puede ser la persona amada, el padre querido, el amigo solidario. Alguien que siempre está ahí para inspirarte o para consolarte, que te da fuerza, que nunca te deja sola. Gracias Irma Campero por tu fuerza y tu poesía.

Y me acerco a él, cara a cara,
para que ese, mi mirar,
se adentre hasta los confines de mi propia alma
y me veo en la totalidad, sin la careta de la carne;
desnuda me reflejo frente a mi verdadera esencia.

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Profesora investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM. Especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Ha publicado una gran variedad de libros y artículos académicos. Es columnista tanto en medios impresos como digitales. Ha recibido diferentes reconocimientos por su trayectoria feminista y periodística.