Ese fue el error? ¿Solo basarse en las “fuentes oficiales” y mantener en vilo a una sociedad sobre el destino de una niña, inexistente, de 12 años, que ‑cansada, lastimada de su pierna y su brazo‑ se encontraba bajo los escombros del colegio Rébsamen?
Puede ser, pero hay acuerdos y decisiones editoriales que Televisa tomó, de la mano con Secretaría de Marina, y que desconocemos. ¿En qué consistió el acuerdo con la dependencia gubernamental para que la televisora tuviera una posición privilegiada en el lugar del desastre para sus transmisiones y los otros medios permanecieran detrás de la barda?, ¿quién decidió y por qué mantener en cadena nacional de televisión una historia que cada vez era más endeble?, ¿cómo fue la correa de transmisión de información entre los rescatistas, los mandos militares, los directivos de Televisa y sus reporteros?
Tener las respuestas al proceso de cómo se generó esta “noticia”, se transmitió y se trató de sostener durante varias horas, nos llevaría a conocer si hubo o no una intención deliberada para confundir, distraer o generar una expectativa sobre un caso que, de cualquier manera, era muy difícil de soportar conforme pasaran las horas y los días. Hasta el momento en el que escribí este texto, por ejemplo, no sabíamos los nombres ni los testimonios de los rescatistas ‑civiles o militares‑ que supuestamente hablaron con Frida Sofía. Ese eslabón de comunicación es clave.
Televisa ‑y otros medios‑ se asumen como víctimas, engañados, y señalan a la Secretaría de Marina de distorsionar la información, la cual ofreció disculpas. En su versión pública de lo ocurrido, la periodista Denise Maerker explicó:
“En los tres momentos en los que estuvimos juntas (se refiere también a la reportera Danielle Dithurbide, quien dio seguimiento a la “nota”) y que hubo contradicción entre las versiones de dentro del colegio y este otro grupo que trabajaba en el exterior, privilegiamos la información que te estaba dando a ti, justamente la Marina… y nos pareció muy importante, de hecho, nos angustiaba, estar dando información contradictoria, porque estábamos hablando de algo importantísimo, que estaba siendo seguido por nosotros y por muchísimas personas… siempre optamos por la versión de la Marina”.
Esa fue una de las debilidades de la cobertura informativa. Televisa, al igual que otros medios, favorecen con frecuencia las “fuentes oficiales”, a veces de manera premeditada o convenenciera, en otras por omisión no intencional, lo que impide que sus audiencias tengan una visión más amplia de los hechos al dejar fuera las versiones de otros actores.
El caso #FridaSofía no fue la excepción. Así, mientras al interior del colegio se construía una noticia falsa, afuera se vivía otra percepción de la realidad, basada en “datos duros” (entre otros, que las niñas con ese nombre ya estaban localizadas y no había más), que ignoraron la televisora y otros medios. Ese desprecio (también deliberado o no) a las “fuentes no oficiales”, generó una escalada de desconcierto, que luego se convirtió en enojo e insultos en redes sociales hacia Televisa, sus principales conductores y la reportera asignada para cubrir el derrumbe del colegio.
Una de las lecciones para el gremio es que las “fuentes oficiales” no son una garantía de información veraz. Ya se sabe, pero particularmente este sexenio se ha caracterizado por ofrecer “versiones oficiales” que, se ha demostrado, distan de los hechos (paradero de los estudiantes de Ayotzinapa, la construcción de la “casa blanca” del presidente Peña Nieto, los contratos asignados a la empresa brasileña Odebrecht, etcétera). Por decisión editorial, Televisa optó por la “versión de la Marina”, pero como se dijo antes, aún hay eslabones que desconocemos en la construcción de la “noticia” y que van más allá de la cobertura que se hacía cada minuto.
En el código de ética de la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión (CIRT) se establece que: “Los medios deberán verificar, tanto como sea posible en sus circunstancias, los hechos que reporten. Siempre que sea posible deberán recoger la información de primera mano en su defecto, deberán buscar testigos presenciales” (fracción tres del capítulo quinto). Televisa forma parte de la CIRT y asume como propio dicho código. Como se aprecia, no habría cumplido con su obligación periodística de buscar otras fuentes, que en todo momento estuvieron a su alcance, y verificar los hechos que informaba a su audiencia.
¿Ausencia de rigor periodístico? Puede ser, pero el problema es de origen: la estrecha relación gobierno-Televisa y otros medios, desplaza cotidianamente las versiones de los otros, de las organizaciones de la sociedad, de la ciudadana o el ciudadano de a pie, y otorga un sitio privilegiado en la agenda informativa a las “fuentes oficiales”. Mucho gobierno, poca sociedad en los noticiarios. #FridaSofía es un efecto de ello, junto con la lógica del rating, de la manipulación emocional, que recorre las venas de la televisión comercial y de alguna que otra televisora pública.
Defensoría, ¿a tu servicio?

Estoy convencido que en el caso #FridaSofía hubo una vulneración a los derechos de las audiencias. El artículo sexto de la Constitución establece la obligación del Estado de garantizar que el servicio de radio y televisión sea prestado “preservando la pluralidad y la veracidad de la información”, lo que no ocurrió en esta cobertura. No hubo pluralidad, sólo una fuente oficial, y tampoco veracidad en la información. Este derecho de las audiencias se recupera, literalmente, en el artículo 256 (del capítulo cuarto, relativo a los derechos de las audiencias) en la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión.
¿Quién faltó a la verdad de los hechos?, ¿el gobierno o Televisa y el resto de los medios?, ¿quién debiese actuar para reparar este derecho a la información veraz vulnerado?, ¿el mismo gobierno a través de la Secretaría de Gobernación, que regula los contenidos de los medios?, ¿el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) por sus atribuciones para supervisar el servicio de radiodifusión? Damos por hecho que ninguna de las autoridades mencionadas asumirá el análisis del derecho violado y lo procedente, lo que refleja los vacíos regulatorios.
En el caso de la Secretaría de Marina, si fue un militar el que alteró la información, procedería –supongo_ una investigación interna para fincar responsabilidades. Un funcionario público debe conducirse con responsabilidad, apego a la verdad y la legalidad, porque sus actos tienen consecuencias sociales o económicas. El video en el que aparece una mujer molesta, agraviada por el engaño, es un botón de muestra de cómo una noticia puede afectar emocionalmente a parte de la audiencia.
En cuanto a Televisa, lo más lógico es que actúe la Defensoría de las Audiencias de la CIRT. Para eso está, para investigar lo que ocurrió en la generación de la noticia, si se violó el Código de ética o los derechos de las audiencias previstos en la ley, y dar a conocer públicamente el resultado de su indagación. El problema es que esta figura, la de la CIRT, actúa en la opacidad y no son públicas sus resoluciones. Tampoco sabemos si su función se ejerce de manera autónoma. De ahí la importancia de que entren en vigor los lineamientos de los derechos de las audiencias, elaborados por el IFT, y que este órgano garantice que quien ejerza esa función esté libre de conflictos de interés con la industria.
Si usted considera que el caso #FridaSofía violó su derecho como audiencia, presente su queja a la Defensoría de la CIRT: http://www.cirt.com.mx/portal/index.php/acerca/contacto. Será una oportunidad para conocer su trabajo. Por lo pronto, en las redes sociales, ya hubo una deliberación, un escarnio, una crítica, durísima, hacia quienes alentaron la “noticia”, pero aún hay dudas que deben aclararse por respeto a la sociedad, a las audiencias y al periodismo.

 

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