Pasado el temblor que por cierto deja de manifiesto –como se escribió el domingo pasado en esta columna‑ la incompetencia y poca disposición de las autoridades para lograr avances significativos solidarizándose con los damnificados. Quedan muchas preguntas por dilucidar, mucho trabajo que hacer, cuestionamientos en el aire esperando respuestas que, seguramente, las autoridades al igual que aconteció en el sismo de 1985 simplemente no responderán y seguro no harán lo posible por hacerlo.

Sin embargo, existe una pregunta que seguro tiene solución y no la dará un político, tampoco Protección Civil, mucho menos Aurelio Nuño que lejos de entender la diferencia entre leer y “ler” seguro no tiene idea de la respuesta. Haciendo una clara alusión a esta columna que se afana incansablemente de dilucidar el pasado haciendo una grato ejercicio de cómo este se encuentra ligado al presente y sobre todo de preservar la conciencia histórica, explicaré, ¿quién diantres fue Enrique Rébsamen?

En aquellos años en que transcurría incansablemente la dictadura del general Porfirio Díaz, México parecía construir una nación soberana, estable y progresista. Sin embargo, el ámbito de la educación necesitaba de un gran impulso para responder eficazmente, con mayor cobertura y calidad a las necesidades del país. En aquel entonces, la filosofía positivista de Augusto Comte, conocida en varios lugares del mundo, había gozado de gran difusión en toda la República mexicana, y fue recibida con gran aceptación, principalmente por los intelectuales del país. Todo ello, y más, Rébsamen pudo comprender, con profundidad y claridad, al llegar a México, sabía que cientificar y fortalecer al sistema educativo de un pueblo es el motor que suscita el pensamiento libre y reflexivo, y hacia ello se orientaron todos sus esfuerzos.

Poco fructífera fue la estancia en León, Guanajuato, pues no sintiendo un clima afectuoso en la familia, decidió radicar en la Ciudad de México, en donde conoció al doctor Emilio Fuentes Betancourt, de firmes ideales pedagógicos, con quien creó la sobresaliente revista México intelectual, en la que un mayor esfuerzo e iniciativa pertenecen a Rébsamen.

Para 1884 nuestro personaje incursionó en el periodismo con sentido educativo, escribiendo en dos idiomas: en alemán para los periódicos Francfurter Zeitung (diario de Frankfurt) y el Neue Zürcher Zeitung (periódico de Zürich); y en diversas publicaciones mexicanas.
Al correr del tiempo, Rébsamen supo de la vida y labor pedagógica de un eminente pedagogo de origen alemán, llegado hacía 10 o más años, que habitaba en Veracruz: don Enrique Laubsher, director de la afamada Escuela Modelo en Orizaba, en el ámbito educativo. Tal noticia llamó el interés del pedagogo de origen suizo, y decidió visitar Jalapa, Veracruz, en donde lo conoció, estudió su obra y se dedicó a trabajar en la suya.

Ambos trabajaron en la realización de la Academia Normal de Profesores de Orizaba (del 15 de agosto de 1885 al 15 de febrero de 1886), la cual tuvo como fin la capacitación científica del magisterio para la impartición oficial de la educación moderna. Laubsher se encargó de la cátedra referente a la práctica educativa; Rébsamen, 20 años más joven que su colega, expuso la dimensión teórica. Dado el éxito de esta labor pedagógica, Laubsher fue llamado a México para tomar parte en la organización de la escuela normal, que se llevó a cabo el 24 de febrero de 1887, y Rébsamen quedó comisionado para establecer la escuela respectiva en Jalapa, cuya inauguración se dio el 12 de diciembre de 1886.

En la normal jalapeña las clases iniciaron el 15 de enero de 1887, con 25 alumnos seleccionados que representaban a los poblados del estado. El personal fue: director de la escuela y catedrático de pedagogía, Enrique Conrado Rébsamen; Carlos A Carrillo, español y caligrafía; Juan Manuel Betancourt, civismo e historia; Manuel R Gutiérrez, aritmética, geometría y dibujo constructivo; José María Iglesias, gimnasia; Rafael Montiel, canto; Graciano Valenzuela, subdirector de la escuela y director de la Escuela Experimental Anexa.

El 6 de noviembre de 1890, Enrique Laubsher murió. Un año después, de la Escuela Normal de Jalapa egresaban los primeros maestros titulados en una escuela de pedagogía que podría comparársele con cualquier otra del viejo continente. Los actos de innovación educativa hicieron que Rébsamen apareciera ante la sociedad como un Quetzalcóatl moderno. Sin embargo, cabe la siguiente aclaración: indudablemente, existe una diferencia abismal entre Rébsamen y el Quetzalcóatl de la leyenda mexicana, de quien se dice que fue invadido por un sentimiento de decepción por el escaso éxito de sus enseñanzas. En cambio, el nuevo Quetzalcóatl siempre sintió satisfacción de su obra educativa popular, y supo que sus crecientes seguidores extenderían sus ideales y las bases de una pedagogía moderna que respondiera eficazmente a las necesidades sociales de México.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.