Lo que sea de cada quien. La cultura occidental debe mucho a los escritores, poetas y novelistas del midwest gabacho. Sinclair Lewis, William Faulkner, Withman, John Steinbeck, F Scott Fitzgerald, Tennessee Williams, la gran mayoría nacidos sobre tierra originalmente mexicana, forman un trabuco intelectual difícil de superar. Generaciones sólidas, ejemplares.
Posiblemente, junto con los constitucionalistas de Filadelfia, hijos de migrantes y trasterrados, los “padres peregrinos” del Mayflower, sean las únicas aportaciones generosas del imperio estadunidense a la humanidad. La gran mayoría, periodistas, criados en la cultura del surco, pegados a las grandes tradiciones bucólicas de una tierra pródiga y feraz.
Sinclair Lewis logró que la literatura se anticipara a la historia. En su novela Eso no puede pasar aquí, escrita en 1935, en plena Gran Depresión, surge la figura imaginaria del senador Berzelius Buzz Windrip, un outsider del Partido Demócrata, quien durante la Convención se impone a los demás, con demagogia incendiaria.
Siguiendo la tradición del migrante Aldous Huxley, en Un mundo feliz, y del escocés George Orwell, en 1984, el Nobel Sinclair Lewis también estuvo muy cerca de las dictaduras nazifascistas que se incubaban en la Europa de Hitler y Mussolini, y encontró el pasto seco, el germen de su inspiración.
En un coctel explosivo, donde se combinan inopinadamente la valentía, la compasión, el fanatismo, la ambición y la crueldad, herencia ideológica del imperio, la novela de Sinclair Lewis es como un ramalazo a la cara que ofende y rebela, un análisis que nos enfrenta al pasado y al presente estadunidense y mexicano, desafortunadamente.
Berzelius Buzz Windrip,
antecedente histórico de Trump

“Hacer a la América grande de nuevo”, reparando supuestas humillaciones, con la ayuda del fundamentalismo religioso, las afrentas de migrantes, mujeres y trabajadores, restituyendo la moral protestante y usando los nuevos medios de comunicación masiva, la radio ocupando el lugar del Twitter, fueron los ganchos de Buzz Windrip, antecedente icónico de Trump.
Ya en el poder, el fantasmagórico Windrip estableció un régimen fascista, creó milicias irregulares, persiguió sindicatos y periodistas que según él envenenaban a la población. Como para eso le falta una guerra, revisa sus listas negras e inicia una contra México, al que acusa de todo tipo de humillaciones.
La consigna de Windrip es “el poder no necesita excusas”. El becerro de oro, “la superioridad de cualquier persona blanca que tuviera más de un millón de dólares”. Sus desaguisados le hacen perder el poder, pero para entonces ya ha provocado una guerra civil en medio de un país disgregado y convulso.

El sueño de todo dictador:
manejar naciones de borregos

En un capítulo de la novela de Lewis, los opositores a Windrip, un Trump de la década de 1930, reflexionan: “la tiranía de esa dictadura no es culpa de los que le hacen el trabajo sucio, sino de todos los perezosos respetables que le dejaron tomar el control, sin protestar con suficiente intensidad” se quejan. ¡Sopas!
Los efectos de la corrupción, la apatía, la permisividad, la indolencia ante los asuntos de la República, someten al orden del fascismo edulcorado. El efecto pernicioso del soborno y del chantaje han logrado el sueño de todo dictador: manejar naciones de borregos, como poco después lo apuntaría C Wright Mills.

La delgada línea que separa
a la razón de la barbarie

Las profecías de Sinclair Lewis retratan las continuidades políticas e históricas que explican el ascenso de Trump, apoyado en las expectativas jamás cumplidas de la basura blanca de votantes que lo entronizo. Los líderes religiosos de los wasp, siempre “a la espera de un presidente que caiga sobre la tierra sedienta, colmado de bendiciones”, es la advocación al maná protestante y fundamentalista.
Lewis dibuja la delgada línea que en estos momentos separa a la razón de la barbarie. Dictadores apoyados por displicentes y entreguistas de tomo y lomo, que están socavando los derechos fundamentales, las dignidades y el orgullo por el que largamente hemos luchado. Gente que, afortunadamente, no ha sido derrotada solo por tibias defensas, sino por la estructura misma de su sinrazón.

Pensamos que nunca nos
iba a pasar… pero llegó EPN y…

El fracaso estrepitoso de Trump se debe fundamentalmente a su ignorancia ramplona sobre el funcionamiento proverbial de los Estados Unidos como Imperio dominante. Sin embargo, el haber escogido a los mexicanos como los chivos expiatorios de la crueldad, ha encontrado en los mentecatos tolucos y pachuquitas el caldo de cultivo ideal.
Aquí también pensamos que, lo que nos está sucediendo. Jamás nos iba a pasar. Desgraciadamente, la tierra fértil de la ambición desmedida y la corrupción sin freno, se posesionó de las castas políticas y empresariales que vieron en Peñita el personaje idóneo para enriquecerse en un par de días, el chiquilicuatre a modo para realizar cualquier sueño guajiro.
Trump en Estados Unidos y Peñita aquí en México han ejemplificado sobradamente lo que es inventar zoquetes. Allá, las clases trabajadoras humilladas y empobrecidas, sin alternativa seria. Aquí, los apetitos desaforados de quienes obstaculizan cualquier cambio de modelo, previsto en la Constitución, pero que atenta con su confort.
Allá, el empeño locuaz de Trump por desquitarse de los migrantes, sin saber que son la savia, la sal y pimienta ancestral de ese pueblo. La tortura, las vejaciones, las deportaciones y las amenazas psicológicas, que han pegado en la línea de flotación del dólar y de la economía estadunidense, dependiente al 100 de la masa de trabajadores migrantes.

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