Donald Trump, el empresario que sorprendió a todo el mundo, y quizá a él mismo, al convertirse en presidente de Estados Unidos (EU) ha sido intensamente analizado por críticos que lo elogian, los menos, y detractores que, aparentemente bondadosos, los más, afirman que su administración no parece tener un sentido definido y se conduce al compás de decisiones viscerales de un hombre que juega con el poder.
Esto parecería ser una menos que apretada síntesis del libro que estremeció a la Casa Blanca: Fuego y furia de Michael Wolff, laureado periodista, testigo de un reciente pasado, cuando se insinuaba que el magnate pudiera contender por la nominación del Partido Republicano como contendiente de Hillary Clinton, hasta entonces carta fuerte de los demócratas para suceder a Barack Obama.
El autor manifiesta que los acontecimientos que describe “se basan en conversaciones a lo largo de 18 meses con Trump, con la mayor parte de los miembros de su gabinete y otros cuidadosos observadores”.
Y precisa: “Al final, de lo que fui testigo y de lo que se trata en esta obra es de un grupo de personas que han luchado, cada una a su manera, por asimilar lo que el hombre de éxito en los negocios, hoy presidente, nació en un barrio neoyorkino llamado Jamaica.”
Con anterioridad había manifestado su propósito de participar por la presidencia, pero desistió.
Fue hasta junio de 2015 que lo hizo oficial y tras una campaña electoral, en la que pareció no tener posibilidades, se levantó con la victoria.
El 20 de enero de 2017, a los 70 años y siete meses de edad, al rendir protesta, se convirtió en el presidente 45, en una mañana fría que no congregó a multitudes como esperaba.
Alude Wolff a la fama de conquistador de Trump.
“Durante la campaña se convirtió en el donjuán más famoso del mundo.
Esto explicaría los señalamientos de figuras femeninas, con señalamientos de acoso sexual… y algo más.”
El tercer matrimonio de Trump fue en 2005, con la eslovena Melania Knavs, exmodelo reconocida en pasarelas internacionales.
Un año después nació su único hijo, Barron.
Con su enlace, ella obtuvo la nacionalidad estadunidense.
La pareja pasaba poco tiempo junta. El marido llegó a decir que ella era “esposa trofeo”.
Cita el escritor, que Melania fue de las pocas que pensaba que era posible que ganara, distanciándose de Ivanka, una de las hijas del Trump.
Sin embargo, “la posibilidad de que su esposo en verdad se convirtiera en presidente era para Melania algo aterrador. Creía que eso destruiría su vida cuidadosamente protegida –una vida aislada, en forma no poco considerable, del clan familiar Trump– que estaba enfocada casi en su totalidad en su pequeño hijo”.
Figura no menos importante es el yerno, Jared Kushner, esposo de Ivanka.
A los 36 años, millonario tras manejar la fortuna que consolidó su padre en bienes raíces, ha sido dilecto consejero de su suegro.
Incluso, a los 25 años compró el periódico New York Observer, convirtiéndose en editor implacable.
En apariencia tímido, de pocas palabras, es el asesor en relaciones internacionales con Canadá, México y China.
Enfrentó a piezas importantes como Corey Lewandowski, primer director de campaña, y al poderoso Steve Bannon; los dos dimitieron.
En marzo, Kushner, sin un cargo que dentro de la apretada burocracia lo respaldara, se entrevistó con el presidente Enrique Peña Nieto.
La construcción del muro y la renovación del Tratado de Libre Comercio parecieron ser puntos sustantivos de una larga charla de casi tres horas.
Hoy, Donald Trump, acuerdo a lo señalado por Michael Wolff, es el de controvertidas decisiones que, en especial han afectado a quienes fueron parte de su cercano equipo de trabajo, lo que explica sus renuncias o despidos.
Y, finalmente, aunque esto ya no lo consigna el libro, el republicano anunció que enviaría a la Guardia Nacional para impedir el paso de migrantes en la frontera.
Hubo una enérgica respuesta del presidente Enrique Peña Nieto, condenando, de hecho, la actitud provocativa de Trump y enfatizando que, ante todo, lo que prevalece es el respeto a la dignidad nacional.
La historia no parece que termine aquí y, muy posible, en futuro cercano, el mandatario siga en el ojo del huracán, parte misma de lo que Daniel Cosío Villegas, politólogo mexicano, nacido en 1898, llegó a definir como El estilo personal de gobernar.

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