“La bebida de los dioses” como se le conoce al “octli” en náhuatl y coloquialmente pulque en español, alguna vez marcó en la época prehispánica un hito en el arte culinario a tal grado que solo los altos jerarcas mexicas podían consumirlo, así como los ancianos.

Ninguna persona podía beberlo, a menos que se arriesgara y le fueran propinados una sarta de sanciones por la osadía. En nuestro estado su fama es bien conocida, representada en un sinfín de imágenes así como en una alta gama de documentos e incluso joyas arquitectónicas representadas en las llamadas haciendas pulqueras. Lo increíble no son las historias entrelazadas en nuestra entidad, mucho menos a nivel nacional, sino la unión que tuvo tan singular bebida y un líder nada desconocido a nivel mundial que buscaba la inmortalidad a como diera lugar.

Adolf Hitler era vegetariano y siempre mostró interés por las especialidades gastronómicas que le aportaran beneficios a la salud. Platillos tan exóticos como la paloma rellena con nueces, lengua, hígado, pistache o llamativas formas de beber una copa de vino con cinco cucharadas de azúcar fueron algunos de sus hábitos más peculiares, entre los que destacó, además, el pulque.

De acuerdo con las investigadoras norteamericanas Victoria Clark y Melissa Scott, los gustos de Hitler en la comida no siempre eran tan estrictos como podría pensarse. El exmandatario alemán se permitía comer “una buena bola de hígado”, como él decía, porque conocía las propiedades nutricionales de dicho alimento. Curiosidades que tanto Scott como Clark redactaron en el libro Dictator’s dinners: the band taste guide to entertaining tyrants, texto que fue analizado por la versión digital del diario The Telegraph.

Una vez que asumió el poder de Alemania, Hitler se interesó por conocer no solo las propiedades de la carne y otros productos animales, tales como el huevo, el aceite de pescado o la tinta de los pulpos, sino también de algunas bebidas. Fue así como se enteró de los beneficios del pulque mexicano, también conocido como “la bebida de los dioses”.

El pulque es una bebida con una tradición arraigada en México. Antes de la llegada de los españoles, los mexicas solían beberlo cuando descubrieron que se obtenía a partir de las pencas del maguey, una vez cada siete u ocho años. Los relatos en torno al origen del pulque son diversos, muchos de ellos poseen características propias y referencias al contexto prehispánico del momento en cuestión. No obstante, el más común es el que refiere a la diosa Mayahuel, quien le mostró el proceso de elaboración a una joven llamada Xóchitl y el mito fue inmortalizado en diversos códices. Entre los que destacan el Códice Tudela y el Códice Borgia.

A partir de entonces, la fama del pulque como una bebida mágica fue en ascenso y siglos más tarde, el Führer escuchó del mítico brebaje. Cuando se enteró que era conocido como “la bebida de los dioses”, de inmediato solicitó información a su círculo más cercano, pues creía, podía aportar un sinfín de beneficios a su salud y a la raza aria. Una vez que centró su atención en el pulque, Hitler ordenó la creación de un documental donde se apreciara la producción de la bebida consumida por los mexicanos, pero no era el único elemento en el que estaba interesado. Su insaciable ambición de poder lo condujo a organizar expediciones por todo el mundo para encontrar ese tipo de brebajes mágicos, tal y como lo hacían los alquimistas siglos atrás.

Después de una exhaustiva investigación, la comisión enviada a México volvió a Alemania y entregó un cortometraje con una duración de 12 minutos, en el que capturaron la extracción del pulque en algún lugar del estado de Hidalgo. La producción fue nombrada Pulquebereitung in Mexico, que podría traducirse como “la producción del pulque en México”, se estima que fue filmada alrededor de 1938.

Existen dos versiones acerca del filme encontrado en 2007 al interior de un centro cultural en Berlín: una de ellas asegura que fue realizado, probablemente, por el director de cabecera de Hitler, Hubert Schonger (1897-1978), pero otras apuntan que la cinta no contaba con ninguna referencia acerca de sus creadores.
La cinta fue subastada en 2007 vía Internet y fue adquirida por el coleccionista Javier Gómez Morín, mexicano que cuenta con la colección relativa al pulque más grande del mundo. Morín asegura que son las únicas imágenes del proceso de creación del pulque, al menos, de aquellos años. “Se sabía que era una bebida asombrosa desde siglos pasados, y para ellos el simple hecho de creer que podía ser una medicina natural les llamó mucho la atención.”

La cinta fue vista y analizada por especialistas del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), quienes de inmediato la clasificaron como una de las pocas cintas que alude a la producción de la bebida mexicana. El coleccionista y también empresario Gómez Morín es el único propietario de objetos y una amplia variedad de obras relacionados con la historia del pulque en México. A lo largo de tres décadas ha logrado reunir una cantidad superior a los 20 mil objetos, entre los que ha incluido documentos, lienzos, grabados y objetos de la más variada naturaleza. De acuerdo con sus palabras, alrededor del pulque ha sido desarrollada la historia, no solo de un país, sino de toda la región mesoamericana.

Ninguna versión conoce el final del romance entre Hitler y la mítica bebida mexicana, la historia no logró capturar ese episodio con el detalle necesario. No obstante, el interés del Führer en la historia culinaria e histórica de México es un hecho para la posteridad. Tal y como sucedió con la espía alemana, el documental permanece como una evidencia de la obsesión de un hombre por intentar pertenecer a la inmortalidad que, después de todo, logró conquistar en la historia de una manera injustificada.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.