David López Romero
Área académica de gerontología

La transición demográfica que vive México se traduce en un aumento importante de la población adulta mayor. Lo anterior, conlleva cambios profundos y significativos en la conformación de los roles sociales y los requerimientos de en atención a la salud de ese sector poblacional. En el sector salud se produce un verdadero cambio de paradigma. Se pasa desde un modelo que dio prioridad a la salud materno-infantil centrada en superar principalmente las enfermedades infecciosas en el inicio del siglo XX a un modelo que pone énfasis en la atención primaria, siendo uno de sus principales objetivos la atención de los adultos mayores al fin del mismo siglo.

Se está frente a un conglomerado poblacional que requiere atención y cuidados que superen las limitaciones del paradigma biomédico. Es así como el propósito de los cuidados en salud, en particular para los profesionales de gerontología –quienes tienen especial orientación hacia la prevención– será evitar que esas limitaciones se conviertan en impedimentos para el desarrollo de actividades que el adulto mayor necesite o desee realizar y deberán esforzarse en disminuir el nivel de dependencia de este grupo etario y las oportunidades en que esas personas precisen ayuda asistencial.

La vejez no es una enfermedad como tal, pero es innegable que las características propias del proceso de envejecimiento conllevan a una mayor morbilidad tanto en una circunstancia normal o patológica, pues casi todos los problemas de salud se hacen más frecuentes en la segunda mitad de la vida; además en esta etapa adquieren particular importancia los factores psicológicos y sociales, muy resaltados en los últimos tiempos en la concepción del proceso salud-enfermedad- atención, pues existe una menor capacidad neuropsíquica para la adaptación al medio.

La funcionalidad o independencia funcional es la capacidad de cumplir acciones requeridas en el diario vivir, para mantener el cuerpo y subsistir independientemente, cuando el cuerpo y la mente son capaces de llevar a cabo las actividades de la vida cotidiana se dice que la funcionalidad está indemne.

Desde una perspectiva funcional, un adulto mayor sano es aquel capaz de enfrentar el proceso de cambio a un nivel adecuado de adaptabilidad funcional y satisfacción personal. De esa forma, el concepto de funcionalidad es clave dentro de la definición de salud para el anciano, por ello es de suma importancia evaluar de manera sistemática la funcionalidad ya que es el indicador más representativo para este grupo etario el estado de independencia funcional.

Cualquiera que sea la circunstancia existente es sumamente importante llevar a cabo una amplia evaluación médico social antes de tomar cualquier decisión. Actualmente, es imposible negarse a reconocer la imperiosa necesidad de desarrollar la atención a la población envejecida en sus múltiples y complejas facetas, ya que la salud del adulto se construye a lo largo de la vida, es el resultado de los hábitos personales, de los factores ambientales y el deterioro inevitable que sufre el organismo. Por tal razón, nuestro país debe garantizar los recursos humanos y materiales que garanticen la satisfacción plena de toda la población y, sobre todo, la preocupación actual por la tercera edad.

Los cambios que se están produciendo en los adultos mayores (epidemiológicos, ambientales, culturales, socioeconómicos y psicológicos) precisan de nuevos instrumentos de valoración que sean capaces de describir, diagnosticar, predecir, controlar y asignar recursos en este grupo poblacional de manera válida, pronta y confiable.

La evaluación funcional es una tarea compleja, ya que la función es la expresión de múltiples interacciones y más aún en el paciente geriátrico. La cuantificación de la función se lleva a cabo mediante el uso de escalas funcionales. En dicho estadio es fundamental que esas valoren actividades básicas en los diferentes tipos de contexto con alta sensibilidad a los cambios y alta capacidad de discriminación, adaptadas culturalmente y validadas en diferentes ámbitos de aplicación, comunidad e institución, así como consensuarlas para poder homogeneizar y comparar los resultados.

Finalmente, ante la situación actual de confinamiento social derivado de la pandemia del Covid-19 es imperante saber que la gerontología puede ofrecer herramientas de contención y asesoría en los estímulos positivos de la población mayor, la cual por sí misma es uno de los grandes sectores vulnerables no solo por la posibilidad de infección sino también por las posibilidades de poder contar con la capacidad funcional de actuar de manera efectiva ante las circunstancias de la enfermedad.

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