Decía Séneca que “uno no ama a su patria por ser grande, sino por ser suya”. El patriotismo, que no debe ser confundido con el nacionalismo, suele asociarse con el amor romántico por la tierra en que se nace. En el futbol, se manifiesta cuando el himno nacional es entonado en un estadio, un paisano anota en el extranjero o la selección derrota a un rival de alto calibre. Así somos los mexicanos: de pasiones desenfrenadas.

Sin embargo, en tiempos de retorno al proteccionismo de la raza y la identidad de cada nación, el tema de los futbolistas naturalizados vuelve a rondar entre vestidores y mesas de debate: mientras los directivos del Tricolor le hacen ojitos pizpiretos a Gerardo Martino, vuelve a colación el tema de la inclusión de los no nacidos en México en las convocatorias del combinado azteca.

Si bien se trata de una decisión que únicamente concierne a un entrenador que ni siquiera ha sido contratado, es una polémica cíclica: cada tanto nos vemos orillados a hablar de este sesgo. En este caso, la motivación primaria es la renovación generacional que se avecina en el campamento azteca.

Se pueden mencionar nombres concretos para referirse a quienes, por una u otra razón, han concluido su ciclo como defensores de la verde y han de dar un paso al costado. No obstante, este cambio parece causar vértigo a muchos que voltean a ver a los sucesores con amplia suspicacia. De ahí que surja la consideración de incluir a quienes, por derecho constitucional, ostentan la ciudadanía mexicana y gozan de todas las garantías y obligaciones que usted y yo.

La experiencia con los famosos naturalizados ha sido de claroscuros. Si bien se pueden destacar a hombres de la talla de Antonio “Sinha” Naelson o Vicente Matías Vuoso, algunos otros han dejado mucho que desear, basta con recordar la desafortunada actuación de Guillermo Franco en el Mundial de Sudáfrica, misma que marcó el inicio del declive en su carrera; al resto, incluidos Damián Álvarez, Christian Giménez, Lucas Ayala y Leandro Augusto, apenas y les dio tiempo de mostrarse con el combinado nacional.

Los hombres que podrían sembrar la interrogante en el cuerpo técnico venidero son Mauro Boselli, Avilés Hurtado y Matías Alustiza, tres futbolistas de características ofensivas, con un amplio conocimiento de la liga local y con la cualidad de haber elegido a México como su patria adoptiva. Si bien el deporte no se rige por aristocracias, la postura en este espacio siempre ha sido clara: deben jugar los mejores.

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